Cultura

Historias recicladas

Con la alianza estratégica de las plataformas de streaming, cada vez son más los títulos exitosos de la pantalla grande que se adaptan al formato televisivo. Una tendencia que oscila entre la apuesta a lo seguro y la búsqueda de matices narrativos.

Reconocibles. Escenarios y personajes de Westworld, Fargo y Nafta Súper. (Prensa)

No hay duda de que vivimos en la era de la nostalgia. La costumbre del cine y la televisión de hurgar en el pasado para repetir viejas fórmulas, sumado a la naturaleza impredecible de las audiencias, explican el constante reciclaje de títulos clásicos. Los grandes estudios de Hollywood juegan sobre seguro. Y si hace unas décadas buscaban títulos televisivos reconocibles para trasladarlos a la pantalla grande, dicha tendencia parece haberse revertido y ahora son las películas las que regresan transformadas en series. Funcionan así como una especie de salvavidas que no solo aportan competitividad, sino también un impacto rápido en el público.
Para el periodista Ezequiel Boetti (Página/12, Otros cines) la modalidad no es nueva: lo que cambió es el lugar destacado que hoy ocupa. «Si hace unos años el negocio pasaba por la venta de entradas y la explotación comercial en formatos hogareños, la serie aparecía como una sobrevida posterior de un producto que, reconvertido en un nuevo relato, podía llegar a ese mismo público que había sido interpelado por la obra original. Hoy por hoy, las series tienen un potencial muchísimo mayor y se valen de ese gancho comercial que puede ser el nombre de una película para abrir toda una unidad de negocios posterior», afirma.
Las idas y vueltas de argumentos y personajes van de Cobra Kai a Karate Kid; de Bates Motel a un clásico de Alfred Hitchcock como Psicosis; de Hannibal a El silencio de los inocentes; de Fargo a Tirador la película homónima de los hermanos Coen. Mientras HBO estrenó hace unos años con notable éxito Westworld, basada en la cinta homónima de 1973, Netflix hizo lo propio con Tirador, fechada en 2007. Limitless, secuela televisiva de Sin límites, le funcionó a CBS; The Purge, inspirada en la saga creada por James DeMonaco, resultó un éxito en Amazon Prime Video. Y Cuatro bodas y un funeral se convirtió en una de las grandes sorpresas de Hulu. Claro que hay muchos intentos que fracasaron, como el de Minority Report.

Universo ampliado
Pero qué le suma una serie a un relato que trascendió a través de la pantalla grande. Para el crítico español Juan Luis Caviaro la respuesta está en cómo el autor se apropia de la obra original para dar origen a una nueva historia. «A priori, adaptar Fargo a la televisión no era la mejor de las ideas porque la película de los hermanos Coen es una obra maestra», ejemplifica. «No necesita continuación ni remake. Pero solo hizo falta un episodio para entender que Noah Hawley, su creador, tenía un plan: extraer la esencia del film y contar otras historias que podrían tener lugar en el mismo universo», agrega.
El director Pablo Trapero anunció que Carancho se convertirá en una serie hablada en inglés. El relato sobre las estafas de los seguros de accidentes de tránsito se trasladará de Buenos Aires a Los Angeles. Pero esta adaptación de una película argentina no será la primera: Kryptonita, dirigida por Nicanor Loreti, tuvo su versión serial bajo el nombre de Nafta Súper. Camilo del Cabo, guionista de ambos trabajos, explica que «tanto la película como Nafta Súper están basadas en Kryptonita, la novela de Leonardo Oyola. Cuando hicimos la adaptación para la película, gran parte del libro no podía entrar y hubo que dejarlo afuera», dice.
«La serie fue responsable de desplegar más del universo de cada personaje, de encontrarle matices», sostiene el actor Diego Cremonesi, a cargo del papel de Ráfaga. «En la serie podés extenderte y profundizar en detalles. Para mí una película es como un cuento, mientras una serie es una novela que te permite un desarrollo mayor», completa Del Cabo. Y a las ventajas que encuentran los realizadores en este tipo de producciones se le podría sumar el punto de vista del público, que alimenta la esperanza de compartir con sus personajes favoritos no solo un par de horas, sino también varias temporadas.