Cultura | NATHY PELUSO

Hits sin fronteras

A un ritmo de vértigo, la cantante alcanzó estatura global con su cóctel explosivo de música urbana, ritmos latinos, giros arrabaleros y modismos españoles.

Mestiza. Con ritmo de rap, salsa o tango, Peluso ganó terreno en las redes hasta convertirse en una voz central de la cultura hispanoparlante.

Foto: Télam

Es una tarde de marzo de 2018. Nathy Peluso tiene 23 años y está sentada en un bar de Palermo. Su carrera está a punto de despegar mundialmente. La canción «Corashe» alcanza más de un millón de reproducciones en YouTube y se transforma en el himno centennial de una mujer empoderada que le grita al hombre «te hace falta corashe, te hace falta corashe». Apenas dos años después, con el impulso de las redes sociales, los hits serán globales: «Delito» conseguirá 85 millones de reproducciones y «Nasty girl» junto al productor Bizarrap superará las 300 millones de visualizaciones en YouTube. Pero en 2018 todavía no imagina ese futuro. La cantante vino para actuar en el Lollapalooza y la fecha se suspendió por las condiciones climáticas. Ese día la familia le hizo un asado. «Soy muy argentina», dice con orgullo.
Nació en Luján, se crio en el barrio de Saavedra y a los diez años se fue con su familia a vivir a España. Su música es un territorio de invención sin banderas ni fronteras, donde conviven palabras, géneros, idiomas, acentuaciones, modismos latinos, giros arrabaleros, fraseos españoles y souleros, como si en su coctelera mental tuviera conversaciones en paralelo con Celia Cruz, Sara Montiel, Gloria Estefan, Mercedes Sosa, Ella Fitzgerald, Rita Pavone, Armando Manzanero, Chayanne, Thalía, Nina Simone y Missy Elliot.
Es una personalidad artística camaleónica que genera fascinación, extrañamiento y discusiones en las redes (acusada de plagio o de apropiación cultural), puede encarnar a una joven urbana y migrante en un video con la estética de David Lynch en «Esmeralda»; personificar a una artista latina de caricatura hablando con acento caribeño en «La sandunguera»; interpretar a una gansta rap con trenzas y la cara maquillada en «Natikillah»; o clavar un tributo al baladista Camilo Sesto, con una versión libre del clásico «Vivir así es morir de amor», de los 70.

Figura en ascenso
«Soy una artista. No soy cantante nada más. Me gusta crear toda una performance y creo que para el espectador es mucho más entretenido. Lo que exploto más en el personaje es la puesta en escena, la imagen, los trajes, los acentos, los peinados, la manera de moverse, la manera de actuar, ese “sandungueo”. Pero en lo que escribo soy yo. Hablo de lo que me importa», decía en una de sus primeras visitas al país.
Cuando apareció en el panorama musical, su estilo llamó inmediatamente la atención. Peluso creó un pachtwork artesanal donde conviven las bases del hip hop, el pulso encendido de la salsa, la elegancia refinada del jazz latino, las líneas melódicas del easy listening y la asimetría lírica del trap, con toda su carga densa y atmosférica. De 2018 en adelante, su figura pública fue en ascenso. Calambre fue su disco consagratorio y la llevó a cantar acompañada por Fito Páez al piano en la ceremonia televisada de los Grammys Latinos. Después participó como invitada en los premios Goya de 2021, para hacer su propia versión de «La Violetera», un clásico de la música española. Y finalmente ganó un Latin Grammy en la categoría Mejor Álbum Alternativo por Calambre, que ya superaba los 145 millones de reproducciones.
Rápidamente empezó a ser convocada por otros artistas populares. Con C-Tangana grabó el video de «Ateo», donde se abrazan en una bachata que derrite la pantalla. Allí aparece con un desnudo frontal. Le siguieron colaboraciones con Christina Aguilera, Karol G y Trueno. En pleno ascenso artístico, fue invitada a formar parte de las sesiones musicales del productor argentino Bizarrap, una experiencia que tuvo un alcance mundial. Allí canta, en un flow incendiario sobre una base de rap de la vieja escuela: «Qué buena vista tenés cuando me pones a cuatro patas/ Si se entera de esto mi papá, te mata».
Esas barras de rap y otras, donde habla con libertad de su sexualidad y su cuerpo, no hicieron más que ponerla en el centro de la escena. Desde entonces no se deja de hablar de ella en medios internacionales como The New York Times y The Guardian, y en las redes sociales por sus posteos irónicos y atrevidos. «Me gusta ser caricaturesca, habitar mis personajes a full, llevar todo al extremo, el histrionismo al máximo. Que haya sátira, ironía, aventura, performance. Puede que a veces choque, que alguna gente no lo entienda, pero no me interesa ser complaciente: me interesa estimular», dijo en una entrevista publicada por Pagina/12.
Sus canciones conectan con la gente a través de revelar su mundo cotidiano y onírico. Pero sobre todo rinden pleitesía a la música. «Hacer algo que aporte y no sea algo efímero», explicó en otra nota de 2018. En cuatro años, esa visión de una música a largo plazo, más allá del éxito, la transformó en una voz central de la cultura hispanoparlante.
Es noviembre de 2021, Nathy Peluso está frente a la periodista de la revista Vogue. En la entrevista que terminará en la tapa de esa edición dice: «Me siento española. Me doy cuenta de que es así cuando estoy fuera y quiero volver. Tengo acento argentino, pero el resto, los códigos sociales, el humor, la cultura en general, los programas de televisión, los personajes públicos, las referencias… Todo es español». La frase se viralizará recién en agosto de este año en el universo de las redes sociales y ella estará otra vez en el ojo de la tormenta. A los pocos días, la artista publicará una imagen y un posteo en su Instagram: «Leyendo cómo me critican mientras me como una pastafrola que me hizo mi vieja. El mundo es un cuadro».
En su último disco, las referencias a la Argentina están presentes: «Buenos Aires» la grabó en los estudios La Diosa Salvaje, fundados por Luis Alberto Spinetta; y «Agarrate» es un tango con efecto del autotune en la voz, tamizado por el sonido de un bandoneón y la base de hip hop. Allí flota la mirada melancólica de una migrante argentina que conoce su país a través de la familia, los discos de Yupanqui, Mercedes Sosa, Troilo y Serú Girán que escuchaba su padre, y las milanesas con papas fritas que le cocinaba su madre para que sienta a su tierra un poco más cercana.
Radicada en Barcelona, Nathy Peluso regresará a Buenos Aires el 17 y 18 de noviembre para actuar en el Movistar Arena. Esas noches, en su lugar de origen volverá a cantar las rimas poderosas del rap «Sana sana», donde habla en contra del FMI (justo cuando se estaba renegociando la deuda externa de la Argentina), y donde rapea orgullosa sobre su origen: «argenta como la Negra Sosa». El mundo, ahora, la está escuchando.


Gabriel Plaza