Cultura

Hollywood en castellano

Cada vez resulta más frecuente la programación de films para adultos en los que se elimina el idioma original, especialmente en los complejos del Gran Buenos Aires y el interior del país. Las distribuidoras y los exhibidores en el foco de la polémica.

Límite. En Temperley, Morón y Quilmes no se pudo ver El caso de Richard Jewell en inglés. (Subcoop)

En la entrega de los Golden Globes de enero, Bong Joon-ho dijo al recibir el premio por su último film Parasite: «Una vez que superen la barrera de los subtítulos, van a conocer un mundo de películas maravillosas». Sutilmente, el director coreano dio indicios del destrato que brindan la industria de Hollywood y sus socios, los exhibidores de los complejos. Y eso se refleja en la manera en que las películas llegan a los espectadores.
En Argentina, la proliferación de copias dobladas al castellano se ha transformado en una barrera difícil de superar. En muchos complejos, en especial del Gran Buenos Aires y el interior del país, hay películas extranjeras que ni siquiera cuentan con una función en su idioma original. Ya no se trata solo de doblar films infantiles, acto de una lógica irrefutable para quienes aún no saben leer.
El caso de Richard Jewell, la última de Clint Eastwood, es uno de los ejemplos más sorprendentes de los últimos tiempos. Tuvo cuatro funciones diarias programadas sin subtítulos en Hoyts Temperley y Hoyts Morón, tres en Cinemark Malvinas Argentinas y en Hoyts Factory Quilmes, incluyendo una función trasnoche también doblada. ¿Hubo en alguno de ellos una función en su idioma original? No.
Aunque en las salas de CABA se exhibieron copias subtituladas, en distintos complejos de Merlo, Avellaneda, Lanús, San Justo y Quilmes se programaron más de 30 funciones dobladas y ninguna en su idioma original. Acción se comunicó con la distribuidora Digicine, responsable del estreno, para conocer los motivos.  «La ofrecimos en versión doblada al español simplemente porque es la única versión que liberaron los vendedores internacionales de la película. Somos los intermediarios entre la productora, los vendedores y los cines», explicaron en Digicine. La situación, confusa, sigue sin ser aclarada.

No somos chicos
Está claro que ni los distribuidores ni los exhibidores quieren asumir la responsabilidad de este cambio de hábito. El punto de partida de la práctica fue inesperado y silencioso, hace un poco más de 20 años. En 1997, la película Avión presidencial, fue distribuida en América Latina por Buena Vista Internacional, propiedad de Disney, y se estrenó con varias copias dobladas. Resultó tan curioso que la compañía ofreciera copias dobladas de una película clasificada para mayores de 18 años que nadie advirtió el peligro. Otro tanto ocurrió el mismo año con Hombres de Negro. Con esos antecedentes, para la llegada de un tanque ATP como Piratas del Caribe – La maldición del Perla Negra no resultó tan difícil para Disney colocar copias dobladas a granel. Ya habían creado un público acostumbrado a los doblajes.
Fernando Juan Lima es abogado y crítico de cine y fue vicepresidente del Incaa entre octubre de 2017 y noviembre de 2018, durante la gestión de Ralf Haiek. «No existe una normativa que obligue a los exhibidores a que las películas lleguen a las salas en su idioma original, lo que no significa que el Incaa no pueda utilizar un poder de policía para hacer cumplir una generalidad que existe y que podría reglamentar: la importancia y el interés cultural que despierta una obra de arte en su idioma original», explica.
«La excusa que ofrecen los exhibidores es el analfabetismo y el respaldo cultural a nuestro idioma. Se trata de una falacia, por varios motivos. Primero porque uno aprende a leer más rápido viendo películas subtituladas, es decir que resultó una herramienta de enseñanza útil. Y también se cae la máscara de los que dicen que en el futuro podría darle trabajo a los argentinos: el doblaje es de mexicanos o portorriqueños y lo hacen una vez para que la misma película se vea en toda región hispana». Para colmo de males, Disney, la gran propulsora de este cambio, acaba de comprar Fox, de lo que se desprende que el daño a la diversidad lingüística que implica la pérdida de la pista sonora original puede todavía agrandarse.