Cultura

Humor militante

En los últimos años, dentro de la escena local emergieron obras de teatro y otras creaciones que abordan el universo del peronismo con dosis de comicidad y compromiso.

 

Exponentes. Desde el teatro o la fotografía, Iannuzzi, Berger y Yegua y Groncha generan cierta complicidad con su público. (Prensa)

Revistas como Humor o Barcelona, comediantes como Tato Bores o Enrique Pinti, solo por nombrar algunos, hicieron o hacen humor político sin explicitar abiertamente su pertenencia ideológica. ¿Significa eso que no la tienen o tenían? En los últimos años aparecieron en los escenarios, pantallas y antenas locales diferentes propuestas, cuyos protagonistas coinciden en un punto medular: todos adhieren abiertamente al justicialismo, con el kirchnerismo como telón de fondo. ¿Quiere decir que hacen «humor peronista»?
Todas las semanas, desde 2009, Carolina Iannuzzi se toma un tren y luego un colectivo hasta la Unidad 46, de José León Suárez, donde lleva a cabo sus ensayos el elenco Luces Libres. Hace unos años, el comediante Gonzalo Alfonsín se enteró de su trabajo y se comunicó con ella para llevar su espectáculo al penal. El unipersonal de Alfonsín actuó como disparador para la actriz y dramaturga, que puso manos a la obra y, poco tiempo después, estrenaba Amante pueblo.
«Tenía claro que quería mostrar la figura de la amante como la de una mujer enamorada llena de dolor por no jugar en primera, no una mujer fatal que destruye familias», dice Iannuzzi. «Asume su otredad a tal punto que se organiza con otras amantes para hacer de su realidad una experiencia un poco menos hostil. Y de ahí sale una agrupación: “Amantes Pueblo, unidas y organizadas. Venceremos a las esposas”».
Gustavo Berger trabajó un largo tiempo junto al músico Ignacio Copani, quien le abrió un espacio en sus recitales para que insertara actos cómicos. A partir de 2008, el actor comenzó a orientar sus monólogos hacia un terreno decididamente político, que eventualmente se convirtió en Un rubio peronista.
Los textos de Berger se apoyan en sus experiencias personales y familiares (viene de familia antiperonista), combinadas con otros elementos que provienen de la cotidianidad y de lo que ve o escucha por la calle. A partir de lo anterior, la obra está en permanente mutación. Berger piensa que «se puede hacer humor sobre todos los temas. El cómico tiene que ir a fondo y ser consecuente con sus ideas, con lo que piensa. Después, cada uno sabe hasta dónde da. Los límites son autoimpuestos».
Las tablas no son el único formato para este tipo de creaciones. Max Delupi, quien junto a Beto Bermúdez escribió la obra Thelma y Nancy, conduce el programa La coca es pal fernet y también trabaja junto con Carlos Barragán en Todos en cuero, ambos en Radio Nacional. Yegua y Groncha, por su parte, fue concebida para Internet (con web propia y presencia en Twitter y Facebook, donde suma alrededor de quince mil seguidores entre dos perfiles). Un grupo básico de cuatro integrantes realiza producciones fotográficas diarias, con Yegua y Groncha como modelo principal.
Las imágenes giran en torno a símbolos, prejuicios y hasta noticias relevantes, con una estética que por momentos recuerda al fotógrafo Marcos López. El impacto de sus fotos derivó en la reciente edición del libro La buena leche peronista, en invitaciones al Proyecto Arte Erótico en Mendoza y a dar una conferencia en la Universidad de Rosario, además de una serie de bloqueos en Facebook.
Según la protagonista de las escenas, los rechazos provienen de «gente que no entiende el humor, que no entiende la ironía. Es muy solemne, tal vez. No le gusta que se toquen ciertos íconos. Por otro lado, sigue molestando que la mujer exponga su cuerpo. He recibido críticas aun de sectores feministas, referidas a la cosificación y cuestionando por qué se expone el cuerpo de la mujer de esa manera».
Fuera de cámara, Yegua y Groncha es diseñadora y trabaja en teatro, pero «mucha gente cree que por la bajada de línea nos bancan desde algún sector o que trabajo para La Cámpora». Hace un tiempo le hicieron una nota para el diario Perfil y la reacción fueron «dos mil comentarios usando el “yegua” y “groncha” como queriéndome putear, sin entender que uno lo utiliza como una ironía».
Son esa clase de reacciones las que explican en parte que una característica compartida por los espectáculos teatrales mencionados sea su carácter itinerante: circulan principalmente por espacios militantes o afines. Un rubio peronista realizó unas 140 funciones recorriendo todo el país (en septiembre hizo quince funciones de corrido) durante 2014, incluyendo presentaciones en La Trastienda a sala llena. Pese a la repercusión de su obra, el público no cautivo todavía dista de ser el mayoritario. Berger reconoce que «en un principio, hablás para un público afín».
Iannuzzi dice que dos de los momentos que más atesora fueron junto con su amiga Vicky Grigera en la obra Frente Duartista, donde juntaban su monólogo y el de Grigera, Montonerísima: ocurrieron en el 36º aniversario de Abuelas de Plaza de Mayo y en un plenario de La Cámpora, frente a 2.000 personas. «Nunca había actuado para tanta gente, fue como un recital», asegura. La actriz comenta que «casi siempre Amante Pueblo sube a escena en espacios “compañeros”, porque no te aceptan en cualquier lado que vayas a hacer humor político».
Para la pregunta inicial sobre la existencia de un «humor peronista», quizás la respuesta sea más simple, menos estigmatizadora, y se refiera a una mayor diversidad de voces. «Mi ideología es peronista y, desde ese lugar, quise comunicar arte. Pero sería como decir que un cómico que habla de que es pelado hace humor de pelados. Me parece que es humor político, porque habla de política. Y le pongo la impronta ideológica y no lo oculto, porque cualquier cómico le pone su impronta ideológica a sus monólogos, aunque no hable de política».

D. B.