Cultura

Islas en la memoria

Después de dos años de intensa labor, la escritora y directora teatral reunió a excombatientes de Malvinas, argentinos e ingleses, para construir una pieza tan movilizante como sorprendente, en la que afloran las secuelas que dejó la guerra.

Obra. Una escena de Campo minado, que explora el costado humano de Malvinas. (Gentileza Prensa UNSAM)
 

Cómo lograr que seis soldados, que se enfrentaron en un campo de batalla, puedan reunirse y hablar de las secuelas sufridas? ¿Quién puede imaginar a veteranos de la guerra de Malvinas, argentinos e ingleses, intercambiando las sensaciones previas y posteriores a la guerra de 1982? Campo minado es una obra asombrosa, estrenada en junio de 2016, en Londres y, en noviembre, en el Centro de las Artes de la UNSAM (Universidad de San Martín). Fue pensada, escrita y dirigida por Lola Arias, una autora reconocida por sus piezas comprometidas y basadas en hechos reales.  
En marzo, Campo minado estuvo de gira por Europa: se la pudo ver en París, Fráncfort, Angers y Montpellier. Y próximamente volverá a subir a escena en la sala de la UNSAM del barrio porteño de Boedo. La directora y dramaturga cuenta que el puntapié inicial sucedió hace dos años, cuando en After the war, una muestra internacional realizada a 100 años de la Primera Guerra Mundial, fue convocada y presentó un video instalación donde cinco veteranos construyen un relato de la guerra.
«Reconozco que Campo minado fue un proyecto ambicioso y, en un principio, delirante, pero lo fuimos consiguiendo. Siento que mi mayor virtud fue que nunca bajé los brazos, a pesar de que de este lado del Atlántico me cerraron las puertas por presupuesto, cuestiones ideológicas y políticas y, también, temor a lo que pudiera llegar a hacer. Por suerte, conté con el apoyo de la UNSAM y seguí adelante», detalla Arias, que por su recorrido artístico está acostumbrada a llevar adelante experimentos «con destino incierto». En su currículum se anotan piezas profundas como El año en que nací, Melancolía y manifestaciones y Mi vida después.
Cuenta Arias que entrevistó a más de 60 excombatientes para finalmente elegir a 6 con personalidades bien diferentes: Rubén Otero sobrevivió al hundimiento del General Belgrano y hoy tiene una banda de tributo a los Beatles; Gabriel Sagastume fue un soldado que nunca quiso disparar en Malvinas y es abogado penalista; Marcelo Vallejo fue apuntador de mortero y es actual campeón de triatlón. Por el lado inglés están Lou Armour, tapa de los diarios cuando los argentinos lo tomaron prisionero el 2 de abril de 1982, y hoy es profesor de niños con problemas de aprendizaje; David Jackson, que pasó la guerra transcribiendo códigos por radio y ahora se ocupa de escuchar a otros veteranos en su consultorio terapéutico; y Sukrim Rai, un gurkha –nacido en Nepal– que solo utilizó su cuchillo en la contienda, y actualmente trabaja como guardia de seguridad. «Los elegí porque me impresionaron sus cicatrices emocionales y su relación con el pasado, pero también porque tenían un costado lúdico, musical y ciertos aspectos imprescindibles para que argentinos e ingleses pudieran complementarse», explica Arias, que subraya un aspecto clave: «Ellos fueron los que más deseos sentían por estar en escena y contar el lado humano de haber vivido una guerra».


Estreno y emoción
Estrenada en el Royal Court Theatre de Londres, Campo minado –con subtitulado electrónico– provocó la admiración del público y la prensa británicos. «En Gran Bretaña la guerra de Malvinas está enterrada, nadie se acuerda y no hay nada que la evoque», afirma la autora. Claro que el desembarco local se imaginaba bien diferente, porque Malvinas tiene otro significado para los argentinos. «Todos estábamos nerviosos, porque no sabíamos cómo reaccionaría el público. De hecho, para los ingleses era un salto al vacío, tenían miedo de que fueran abucheados o insultados. Por suerte, nada de eso ocurrió y la gente ovacionó de pie, emocionada».
«La guerra tiene efectos que nadie puede prever. Nadie está preparado para matar o ver morir, por lo que no fue fácil poner de acuerdo a ingleses y argentinos. Hubo discusiones, enojos, pero finalmente llegamos a buen puerto gracias a que pudimos pactar qué decir», reflexiona. «Se evitó hablar de la soberanía de las islas y cada palabra fue un tema de negociación. Todos estaban preocupados por cómo se contaría la historia. Finalmente, había que entender que es la guerra de cada uno».