Cultura | CARLOS BELLOSO

Juego gestual

Después de atravesar la cuarentena con varios pasatiempos y trabajos experimentales, el actor vuelve a subir a un escenario y protagoniza una serie.

Intérprete. La obra en la que actúa, Dígalo con mímica, hace foco en los vínculos.

HORACIO PAONE

Aun con su cara de pocos amigos, Carlos Belloso es una persona amable y graciosa. Y siempre busca el lado positivo de las cosas, incluso para cosechar frutos de una pandemia que fue sumamente ingrata para el colectivo actoral. «Debo reconocer que la cuarentena desató mi parte creativa», dice el intérprete que, a fines de los 90, se hizo popular encarnando al Vasquito en la tira Gasoleros. «Durante el encierro volví a tomar el lápiz y el papel, reaparecieron las ganas de dibujar. ¿Qué hacía? Esqueletos y calaveras, que esconden intrigas y entuertos muy profundos», desliza, enigmático.
Además de esa afición poco conocida, aprovechó los momentos libres para darle rienda suelta a otra de sus habilidades: la ventriloquia. «Con Felipe, mi muñeco, estuvimos dialogando mucho para deleite de nuestros fans en las redes sociales. Fue una catarsis que me vino bárbaro», cuenta. Por estos días, el actor es uno de los protagonistas de Dígalo con mímica. La obra escrita y dirigida por Nelson Valente se vale del conocido juego gestual para hacer foco en los vínculos. Exhibida en el Multiteatro, se convirtió en uno de los éxitos de la temporada una vez que los teatros ampliaron los aforos.
«La obra propone un juego que tiene que ver con los reglamentos. Y a partir de que se rompen algunas normas emergen temas álgidos, picantes. Se subraya la infidelidad, las diferencias entre la homosexualidad y la heterosexualidad, y cómo se afrontan los problemas y la vida», enumera. En la pieza encarna a Sebastián, el anfitrión componedor y marido de Betty (Andrea Politti).
Dígalo con mímica significó el ansiado retorno a las tablas después de 18 meses: en febrero y marzo de 2020 había realizado una gira por el norte de Italia en la que protagonizó El sueño que duermo, de Italo Calvino. «Fue una experiencia inolvidable en lo personal y profesional, actuando en diferentes teatritos por los pueblos. ¿La pandemia? Recuerdo que todavía no se tenía la verdadera dimensión de lo que estaba sucediendo allá, que fue muy grave. Cuando volví a la Argentina me quedé haciendo cuarentena y no me moví más. Pasaban los meses y me preguntaba: “¿Volveremos a los escenarios?”. Me sentía como un león enjaulado, tenía urgencia de teatro, no veía la hora de salir a la cancha», describe apasionado.

Nuevas experiencias
Fue también durante aquellos meses inciertos que protagonizó Murciélagos, de Hernán Guerschuny, la primera película argentina filmada íntegramente durante el aislamiento. «Fue una experiencia maravillosa, porque el rodaje lo hice en mi casa respaldado por tecnología de punta que me enviaron desde la producción. Y formé parte de una de las historias, El desacato, junto con Moro Anghileri. Los episodios describen las distintas problemáticas que tuvimos que padecer en la cuarentena».
En un registro similar también participó de Victoria, la psicóloga vengadora, la lockdown-fiction dirigida por Leo Damario que se puede ver en Amazon. «Las escenas de la serie se filmaron a la distancia, con los actores trabajando en espacios separados. El director luego realizaba el armado de todas las partes. ¿El mayor desafío? Las puestas de cámara, considerando el contexto de distancia social en la que fue realizada. Había que poder ensamblar las distintas tomas sin perder la continuidad emocional», explica.
A principios del año próximo, HBO estrenará María Marta, el crimen del country, la serie dramática sobre el asesinato de María Marta García Belsunce. Bajo las órdenes de Daniel Goggi, el elenco está encabezado por Laura Novoa, Jorge Marrale y el propio Belloso, que interpretará al periodista Horacio García Belsunce, hermano de la víctima. «En el documental que se vio en Netflix las hipótesis eran narradas. En la ficción, en cambio, son concatenadas y se ven desde lo emocional», dice. «Aún hoy, con varios imputados en la causa, no hay un culpable, no hay una verdad, sino solo aproximaciones a verdades posibles».


Javier Firpo