Cultura

Libertad en juego

Una colección de libros clásicos de la autora será relanzada en los próximos meses, junto con una recopilación de textos menos conocidos. Referentes de la literatura, la ilustración y la música analizan la vigencia de un ícono de la cultura popular.

Pionera. La producción de Walsh está atravesada por su perspectiva de género. (Archivo Acción)

Se trata de una gran noticia para la cultura popular argentina y, especialmente, para los admiradores de María Elena Walsh. Entre 2020 y 2021, Penguin Random House relanzará gran parte de su obra en la colección Alfawalsh. Y eso incluye los clásicos Dailan Kifki, Reino del revés, Tutú Marambá, Zooloco, y otros como Los cuentopos de Gulubú y Versos tradicionales para cebollitas, todos ellos libros de gran éxito en su momento. Mientras que Sara Facio, presidenta de la Fundación María Elena Walsh, publicará este año una recopilación de escritos de la poeta que van desde la década del 40 hasta su muerte, ocurrida en 2011. Como es sabido, Walsh contó con el reconocimiento popular y a la vez de los ámbitos académicos –obtuvo doctorados honoris causa y premios nacionales e internacionales– y, hasta el final de su vida, continuó creando letras de canciones y obras teatrales.
Gabriela Borrelli es escritora, crítica literaria y curadora del homenaje que en febrero pasado se realizó en el CCK, con motivo del 90º aniversario de su nacimiento. El propósito del evento fue reunir a poetas y escritores para leer poemas de Walsh frente al público. Para Borrelli, «la poesía de María Elena transita por varios caminos. En primer lugar, borra algunos límites entre la canción y el poema. En el homenaje hubo letras de canciones que se leyeron como poemas. Desde su primer libro de poesía, Otoño imperdonable, que publicó siendo muy joven, ella va evolucionando temáticamente, con una lírica muy visible y un ritmo único. Dejó una gran estela en las poetas jóvenes, porque se criaron con las canciones de ella, que son juguetonas y a la vez profundas. Fue una mujer, además, comprometida con el regreso de la democracia, con los derechos de las mujeres y los niños. Sin duda, una gran figura de la cultura argentina».
Para la joven poeta Flavia Calise, de igual modo, en los versos de Walsh se advierte una mirada política. Este fue un descubrimiento tardío para Calise, porque lo que le gustaba en su infancia de las canciones que le hicieron oír en el colegio, era lo disparatado y lo absurdo de las letras, que le generaban mucha empatía. Hoy piensa, sin perder esa sensación inicial, que Walsh era una artista muy política en muchos sentidos, incluso más allá de su poesía. Calise recuerda que Walsh, en su primera época, difundió el folclore argentino en Europa y otros países, cuando todavía no era conocido. Subraya que también escribió para la mujer, planteando cuestiones de género en una época donde no era común y que, hasta último momento, como cuando cuestionó a la dictadura militar, fue siempre una mujer rebelde, que luchó por sus ideales y la cultura argentina

Estímulo creativo
«Como varias generaciones, yo tuve una relación muy cercana a María Elena», dice la escritora y periodista Paula Jiménez España. «Y no solo cuando era chica, sino que me dejó un estímulo creativo que sigue todavía hoy. Me parece que sus realidades disparatadas, como los poemas de Zooloco, son muy tiernas y divertidas, con un uso admirable del lenguaje. Cuando yo era niña, en ese tiempo oscuro de la dictadura era un refugio para mí, me abría una ventana. Además, María Elena tiene un estilo inconfundible, muy personal, de una influencia absoluta en la canción infantil posterior. Ella era parte de la gran cultura argentina, y no solo por sus amistades y su relación de pareja con Sara Facio, sino por su formación. Para nosotras es importante su feminismo. Ella no se asumió como lesbiana públicamente, pero no lo ocultó. En realidad, toda su producción es de corte feminista, aunque no fue una activista».
Según la ilustradora Isol, la exitosa autora de Petit, el monstruo, Walsh marcó su infancia desde muy chica por la diversión que proponían sus canciones, por los juegos de lenguaje, el absurdo y el humorismo cómplice. Pero también le gustaban mucho algunas letras que percibía como tristes, como «Los castillos» o «La pájara pinta». En general, analiza Isol, la obra de Walsh recorre un amplio espectro de emociones, a través de una escritura muy libre, donde mezcla la poesía inglesa y el folclore argentino, entre otros elementos que muestran una amplitud puesta al servicio de los niños, sin prejuicios. «La poesía de María Elena que conozco es la de sus canciones, pero eso me pasa con muchos poetas que me encantan y que necesito escucharlos puestos en canciones», explica. «María Elena era muy culta y muy generosa con ese bagaje personal. No olvidemos que tradujo a Lewis Carroll. María Elena vive en nosotros, en los argentinos, como pueblo, como gente de un país, que era el de ella. Fue muy fuerte y nunca cedió a las estrategias comerciales. Siempre hizo lo que le pareció que era artísticamente bueno».   

(Foto: Archivo Acción)

Georgina Hassan es una cantante, instrumentista y compositora que creció escuchando la música de Walsh. Y más tarde siguió haciéndolo, pero como docente de niños en diferentes espacios. De chica le fascinaban las sonoridades de las canciones, las historias que contaba, el timbre de su voz. Actualmente suele volver a las grabaciones de Walsh porque piensa que dejó una gran huella en la concepción de la canción infantil: la vara quedó muy alta en la poesía y en la música, fundamentalmente por su nivel cultural y la gran diversidad de géneros musicales que empleaba. Hassan cree que «el arte de Walsh es muy rico y muy valiente, porque tomó muchas voces diferentes y pudo pintarlas en sus temas y en sus relatos. Sus escritos sobre feminismo y crítica social, los cuales releo, también fueron muy valientes para la época, donde ser mujer era realmente difícil». La vocalista considera que, pese a la popularidad de Walsh, su obra para adultos todavía no es lo suficientemente conocida ni estudiada. E incluso su poesía infantil debería volverse a leer. «Todavía falta para que Walsh ocupe en la cultura argentina el lugar que se merece», enfatiza.
«María Elena Walsh fue una poeta que demostró prematuramente, en 1947, con Otoño imperdonable, las mejores y más promisorias dotes líricas, desde un lenguaje límpido y una métrica de una gran perfección, oportunamente celebrada por Neruda, Martínez Estrada, Borges y Juan Ramón Jiménez, su padrino literario, por decir así», señala Luis Bacigalupo, poeta y editor. «Creo que hoy su poesía merece una lectura crítica distante, apartada del cono de sombra que proyecta su inmensa figura. Otoño imperdonable se sitúa en el canon neorromántico de la generación del 40, marcado por la impronta del Siglo de Oro, seguido por Balada del ángel, de 1952. Sin duda son títulos que brillan, dentro de la producción lírica de su generación, de una manera destacada. Pienso, además, que su obra es parte también de un valor simbólico y emblemático de lo mejor de nuestra cultura popular y democrática. Ella fue ante todo una poeta exquisita, en su verdad, en su valentía, en su lucha incansable por la libertad, la justicia, los derechos de las mujeres y las minorías, sin distinción».