Cultura | AUSENCIA Y ESCRITURA

Literatura del dolor

La muerte, la enfermedad, la separación y otros episodios traumáticos sirven de materia prima a autores que se atreven a indagar en su propia experiencia.

Exponentes. Navajas publicó Estás muy callada hoy y Gil, Parte de la felicidad.

PRENSA

En qué no se parecen la separación y la muerte/ Nos acostumbramos a ellas por igual/ pero el tiempo se encarga de los muertos y la memoria trabaja», escribió el poeta chileno Enrique Lihn. Y sus versos parecen dialogar con una temática que viene produciendo un combustible interesante en la literatura contemporánea: la muerte, el dolor, la ausencia. Por supuesto, no son cuestiones novedosas. Sin embargo, una serie de libros recientes han encontrado una manera particular de abordar ese precipicio donde se vislumbran las experiencias más difíciles de una existencia.
En Cuál es tu tormento, notable y reciente novela de la estadounidense Sigrid Nunez, se narra el proceso de un cáncer terminal que provoca la muerte de una amiga. Y ese ejemplo también se multiplica en el país. Parte de la felicidad, el debut autobiográfico de Dolores Gil, se ocupa de la muerte de una hermana y sus consecuencias. Ana Navajas aborda en Estás muy callada hoy la vida de una familia luego del fallecimiento de la madre. Maru Leonhard describe en su novela Transradio el profundo dolor que sigue a una serie de muertes y ausencias. Y Federico Falco plantea en Los llanos la posibilidad de la recuperación luego de una ruptura amorosa.
¿Es una tendencia? Para la crítica literaria y escritora Verónica Boix, «siempre hubo textos que hablan del dolor y de la muerte, que en el fondo es el gran tema. Ahora estamos más atentos a este tipo de historias porque habitamos el vacío de los grandes relatos, no creemos en los discursos de la religión, ni la política, ni la ciencia, y buscamos a ciegas. Siento que apareció la fuerza de la intuición por sobre la razón para atravesar estos procesos y la literatura resuena en nosotros porque se aleja de los lugares comunes de la muerte, de todos los relatos que se armaron a su alrededor, para tratar de mirarla de frente». 

Temas complejos
«No sé si mi libro está escrito desde el dolor o más allá del dolor», plantea la periodista y escritora Dolores Gil. «La cantidad de tiempo pasado entre el hecho que se narra y la escritura de Parte de la felicidad alivió un poco la intensidad, pero el proceso de recordar, de sumergirme en la historia volvió a horadar ciertas llagas. Al final, fue como una especie de síntesis de muchos dolores, de muchas experiencias que cuajaron en el momento de la escritura. Y también sucedió en un momento de profunda crisis en mi vida y de una especie de renacimiento en muchos sentidos, porque estaba en pleno proceso de atravesar una enfermedad grave, cosa que me permitió soltar la voz y explorar algunos episodios traumáticos más abiertamente».
La apertura del enfoque permite que prevalezca lo literario por encima de cualquier atisbo de autoayuda. «Siempre me atrajo la muerte», afirma Ana Navajas. «Desde que me acuerdo tengo la certeza de que me voy a morir, de que todos nos vamos a morir. Tal vez sea algo obvio, pero para mí es un tema muy interesante para pensar, para conversar. Y también me hacen reír los chistes acerca de eso, con lo cual fue muy natural que el libro se estructure alrededor de la muerte, no fue algo pensado. Después de todo es lo que hace interesante la vida, porque si fuera eterna, ¿cuál sería la gracia?».
Meterse con los temas más complejos del devenir humano debe traer algún aprendizaje, aunque siempre es más extraño de lo que parece a simple vista. «No creo que la literatura funcione como autoayuda», explica Gil. «No creo que haya curación a través de la escritura. El dolor es el mismo, siempre; puede cambiar de forma, acrecentarse u olvidarse por momentos. Lo que sí hay es una cierta satisfacción personal por haber hecho algo con eso, pero no se parece ni a la redención ni a la curación. Una sensación de justicia íntima y personal con mi hermana: creo que se merecía que la recordara de alguna manera».


Walter Lezcano