Cultura

Luz de alerta

El cierre de la principal distribuidora local evidencia una tendencia cada vez más pronunciada: las multinacionales se quedan con la mayoría de las pantallas, y las películas que escapan a la lógica de Hollywood llegan a unas pocas salas.

Cuota elevada. Más del 80% de los estrenos que llegan al país están en manos de Warner, Fox, United International Pictures, Sony y Disney. (Guadalupe Lombardo)

El cierre de la distribuidora local Distribution Company encendió una luz de alerta, al poner de relieve un fenómeno que se viene dando de manera silenciosa: la reducción de espacio para el denominado cine arte. ¿Cambio de época? ¿Concentración del mercado? ¿Nuevos hábitos de consumo? «A partir de la llegada de los cines multipantallas, la situación se agravó», explica Bernardo Zupnik, quien estuvo al frente de Distribution Company durante 20 años. «Los porcentajes destinados a las distribuidoras locales, 45% la primera semana de exhibición y 40% la segunda, tienen una rentabilidad menor que la recibida por las grandes compañías, que además participan del negocio de las bebidas y los snacks», agrega.
Al trato desigual en las ganancias, se suma el problema de los horarios. «En las salas de arte, el BAMA, el Lorca o el Patio Bullrich, seguramente las películas tienen buenos horarios, pero en los complejos no. Si a Silencio, de Martin Scorsese, la dan al mediodía y a las 23 horas, ¿en invierno qué persona está dispuesta a salir del cine tan tarde?», plantea. Su última película estrenada fue El insulto, de Ziad Doueiri, que estuvo entre las nominadas al Oscar. Según cifras oficiales, cortó 9.709 entradas. «En otro tiempo habría salido con varias copias y, si la crítica era buena, habrían llegado a verla 100.000 espectadores tranquilamente», compara Zupnik.
Mariano Oliveros, analista de la taquilla argentina en la consultora Ultracine, también confirma la tendencia a la baja. «Esos tiempos en los que una película coreana se estrenaba en el Cosmos y se mantenía dos meses en cartel por la cantidad de público, se terminaron. Hoy en día es un fenómeno prácticamente inexistente», afirma. «Películas como La grande bellezza, de Paolo Sorrentino; Vincere, de Marco Bellocchio; o El arca rusa, de Alexander Sokurov, superaban las 100.000 entradas. Hoy en día, producciones similares tienen entre 5.000 y 10.000 espectadores. Y es un buen número. Hay una baja considerable», completa, en sintonía con Zupnik.

Peces grandes
Por su parte, el crítico de cine de Télam y secretario general de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina, Claudio Minghetti, explica que «las economías mundiales vienen pegando un giro hacia la derecha, que también influye en los gustos culturales. La abundancia de cine vacío de contenido de origen estadounidense coopera en la destrucción del gusto del público. Por su parte, la enorme cantidad de festivales hacen creer que ese otro cine pasa únicamente por allí y no necesita de salas convencionales para que se pueda ver».
El cine nacional también se ve afectado por esta realidad. Valeria Pivato y Cecilia Atán estrenaron el año pasado La novia del desierto, que fue vendida a más de 20 países y, entre otros festivales, pasó por la sección oficial de Cannes. «Lamentablemente, a nivel local no vimos reflejadas las consecuencias de ese recorrido en la taquilla», afirman. «Hay que tener en cuenta que el presupuesto de difusión con el que llega una película de esta envergadura al estreno es mínimo, en comparación con los blockbusters estadounidenses. Y el poder del boca a boca no tiene tiempo de generarse, ya que en el primer fin de semana se decide el destino de un film», aseguran.

Visibilidad. Las propuestas más taquilleras corren con ventaja a la hora de la promoción. (Guadalupe Lombardo)

Las denominadas majors (Warner, Fox, United International Pictures, Sony y Disney), filiales de los estudios de Hollywood, tienen prioridad en las multipantallas. «Llega todo determinado desde Estados Unidos: a qué cines va la película, en qué fecha y cuánto tiempo», expresa Zupnik. «El 80% o 90% de las pantallas son ocupadas por las producciones de Hollywood», completa. El resto se divide entre las distribuidoras locales: Diamond, Energía, Digicine, BFParís y otras 15 de menor dimensión. Distribution Company, que supo ser la principal, fue la primera en retirarse del mercado.
La concentración se refleja en los números que presenta Ultracine. Con solo ver la taquilla de una semana al azar, se observa la preponderancia de las majors en detrimento de sus competidoras argentinas. En el caso que la consultora tomó como ejemplo, la taquilla la lidera Warner (Rampage: Devastación y Ready Player One) con 291 pantallas. Las que le siguen son United International Pictures (Un lugar en silencio, Verdad o reto, Las travesuras de Peter Rabbit) con 263 y Disney (la nacional Perdida y Coco) con 220. Entre las tres suman 774 pantallas, sobre un total de 976.
Las distribuidoras locales, por su parte, se reparten los 202 puntos de proyección sobrantes: Digicine (con la animada Gnomos al ataque) se queda con 92, BFParís (la coreana Mimic: no sigas las voces) con 68 y Energía (la francesa Madame) con 42. Es decir, las majors abarcan el 80% del mercado (22.552 entradas vendidas), mientras que las locales cubren el 20% restante (solo 2.789). El esquema se repite todas las semanas. Y la tendencia marca que, mientras el porcentaje de las primeras crece, el de las segundas, por ende, se reduce cada vez más.

Asuntos pendientes
Hubo acciones para tratar de regular el mercado por parte del INCAA. Una medida fue la cuota de pantalla para el cine argentino, que terminó siendo copada por los films más grandes (en presupuesto, elenco y promoción). Otra resolución fue que las majors estén obligadas a distribuir películas argentinas, pero las multinacionales terminaron eligiendo qué producciones locales distribuir y cuáles no. «La decisión nos perjudicó a los independientes totalmente, porque las mejores opciones se las quedaron ellos», observa Zupnik.
En cuanto al cine europeo, una de las medidas del INCAA fue subsidiar a las distribuidoras nacionales con el fin de compensar la cantidad de pantallas ocupadas por los films hollywoodenses. Pero este subsidio se quitará en breve, según anunciaron desde el Instituto. A modo de conclusión, Minghetti sugiere: «El INCAA debería dar líneas de crédito blando para la apertura de salas dedicadas pura y exclusivamente al cine independiente, como existen en otras grandes ciudades del mundo. Espacios pequeños también desgravados de otros impuestos, de 30 o 40 butacas cada sala, que permitan ver ese cine que ya no veremos en las salas estrictamente comerciales».