Cultura | LAS VOCES DEL SILENCIO

Malvinas y derechos humanos

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Barbara Schijman

Durante el conflicto muchos excombatientes sufrieron torturas por parte de sus superiores. Hoy su reclamo de justicia se ve reflejado en un documental que recupera sus testimonios, dirigido por Gabriela Naso.

Guerra. Muchos años después un grupo de excombatientes se animó a hablar del estaqueo y de las torturas que habían padecido.

Foto: «Las voces del silencio»/Gabriela Nasso/Pulpofilms

A 43 años del inicio de la guerra de Malvinas aún hoy los relatos sobre el conflicto bélico contraponen miradas, sentires e interpretaciones que se tejieron a su alrededor. La narrativa sobre la «gesta heroica» se replicó en manuales y lecturas que se comparten cada 2 de abril –Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas, establecido por Ley 25.370 el 22 de noviembre de 2000–, una narrativa que en gran parte hace caso omiso a la experiencia en carne viva que experimentaron los propios excombatientes. 

Las voces del silencio, dirigido por Gabriela Naso y producido por Pulpofilms, rescata algunas de las facetas menos conocidas de Malvinas: los tormentos, abusos y amenazas que padecieron los soldados conscriptos a manos de oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas argentinas en el terreno; las dilaciones del proceso judicial que debe determinar si los hechos denunciados constituyen delitos de lesa humanidad y que, por lo tanto, son imprescriptibles; y el plan para silenciar a las víctimas y garantizar la impunidad de los responsables.

«En 2016, a raíz de un artículo sobre el proceso de identificación de los soldados argentinos sepultados como NN en el cementerio de Darwin, supe de la existencia de la causa judicial 1777/07, que investiga las torturas a soldados conscriptos argentinos durante la guerra. Era la primera vez que escuchaba hablar de algo así», detalla Gabriela Naso, magíster en Periodismo Documental por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) y especialista en temas de Derechos Humanos y Malvinas. Hasta ese momento, Malvinas se había presentado en su formación en términos de «gesta militar», vinculada con el acto del 2 de abril y «separada del terrorismo de Estado». 

La guerra de Malvinas puede encararse desde distintas aristas, algunas de las cuales aún merecen un desarrollo más profundo. «Me encontré con un espacio de vacancia en las narrativas audiovisuales sobre la guerra. Hay dos líneas: “Malvinas, la gesta” y las consecuencias del conflicto en los soldados conscriptos. Pero ninguna aborda de lleno las torturas», relata Naso. Indagar en esta dirección, agrega, «era una forma de aportar a la construcción de la memoria colectiva y a la reconstrucción de ese relato que nos fue quitado».


Invitación a reflexionar
Con la crudeza y el valor de la primera persona, Las voces del silencio recupera los testimonios de víctimas y testigos, así como las acciones colectivas encabezadas por la querella del Centro de ExCombatientes Islas Malvinas (Cecim) La Plata. Las prácticas de tortura denunciadas evidencian «ataques generalizados en las distintas unidades militares dirigidos a los conscriptos, que eran civiles bajo bandera cumpliendo con un mandato constitucional. Las prácticas son las mismas que aquellas de los centros clandestinos, en este caso adaptadas a la materialidad de las Islas», subraya Naso. Esos tormentos incluían «la inmersión en agua helada, la picana con teléfono de campaña y los golpes de todo tipo».

Directora. Gabriela Naso es magíster en Periodismo Documental por la Universidad Nacional de Tres de Febrero y especialista en Malvinas.

Foto: Fernando Lorenzale/Gentileza Gabriela Nasso

Muchos años después un grupo de excombatientes se animó a hablar del estaqueo y de las torturas que habían padecido.

«Malvinas no fue una gesta; sí hubo actos heroicos y personas que dieron su vida por las Islas, pero debemos llenar de contenido lo ocurrido; Malvinas no puede ser solo un acto escolar el 2 de abril. La invitación del documental es a reflexionar», manifiesta su directora. La propuesta es pensar Malvinas desde una perspectiva de derechos humanos, que implica «el proceso de identificación de los soldados NN, las torturas y la búsqueda de justicia, pero también pensar en el Atlántico Sur, en los recursos naturales que son del pueblo argentino y pensar en la base militar de la OTAN que atenta contra la Argentina y la región, que es una zona de paz», completa.

En contraposición a cierta tendencia a «desmalvinizar» que se observa en algunos sectores, Naso considera que «estamos en un contexto en el que es muy necesario malvinizar, resignificar el concepto de “Malvinas, la gesta” y pensar Malvinas desde una perspectiva de derechos humanos».


Tortura psicológica
Silvio Katz es excombatiente. «Los recuerdos de Malvinas, lamentablemente, no son los que yo esperaría. Hay mucho dolor, mucho horror, mucho sufrimiento. Estos 43 años sin justicia hacen que no se apaguen», confiesa.

El documental explica también el plan de la dictadura cívico-militar para acallar a las víctimas y garantizar la impunidad de los responsables. «El régimen militar trató de silenciarnos ya desde la llegada al continente. Nos querían hacer firmar una hoja donde decía que nosotros no hacíamos responsables al Ejército ni a nadie, que todo lo que nos pasara de ahí en adelante era un problema nuestro y no de la guerra», recuerda Katz.

Y acude a una «anécdota», como la llama, para compartir algunos de los efectos de lo vivido: «A los pocos meses de volver, me crucé con la persona que me torturó; yo estaba arriba de un colectivo. Mi mente me decía: “Bajate y hacé justicia”. Mi cuerpo obró de otra manera: me oriné encima, tuve que bajarme y volver caminando a mi casa. Desde lo psicológico es desde donde más afectado me sentí, me siento y me sentiré hasta que haya justicia».

Hugo Robert es excombatiente y vicepresidente del Cecim La Plata. Para él, «con el paso de los años los recuerdos del horror se agigantan aún más». En línea con Katz, señala que «desde el minuto inicial después de la rendición, la dictadura desplegó un plan para silenciar las voces de las víctimas y garantizar la impunidad de los perpetradores. La imposición de silencio fue inmediata». Para algunos de sus compañeros, dice, esa imposición de silencio «fue más palpable por la permanente intromisión de los servicios de inteligencia y de la policía en las reuniones del Cecim La Plata. Los servicios de inteligencia operaron también en los familiares de los caídos; los operaron de manera descarada para que incluso no tuvieran contacto y no se convirtieran en nuevas Madres de Plaza de Mayo».


Responsabilidad del Estado
A 43 años del conflicto bélico, más de 200 excombatientes declararon como víctimas o como testigos en distintas causas. Las denuncias comenzaron en 2007. 

En diciembre de 2023, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos declaró admisible la petición realizada por el Cecim La Plata para que se determine la responsabilidad del Estado argentino por no investigar ni juzgar las torturas en la guerra de Malvinas. 

Días atrás, la Cámara Federal de Casación Penal hizo lugar a un reclamo de los excombatientes y habilitó a la Corte Suprema de Justicia para que se pronuncie sobre las torturas perpetradas por militares. 

«No soy escéptico y voy a seguir bregando junto a mis compañeros del Cecim porque haya justicia para los torturados en Malvinas, pero tenemos delante un camino lleno de obstáculos que la misma Justicia se encarga de colocar en complicidad con los lobbies de las Fuerzas Armadas y todo lo que es el poder real de la Argentina», lamenta Robert. Pese a ello, «la lucha hay que seguirla; cometieron delitos de lesa humanidad y deben pagar».

Katz retrotrae la mirada y asegura: «No soy el mismo chico de 19, 20 años que quería venganza, que quería que el que me las hizo, me las pague. Lo que quiero es que haya justicia; espero verla. No quiero que se muera un veterano más de Malvinas sin recibir justicia».

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