Cultura

Maneras de decir

Pese al abierto rechazo de la Real Academia Española, los cambios a favor de un idioma que refleje una mayor diversidad se abren paso no solo en el habla sino también en la literatura, el teatro y la plástica. Las voces de un debate que sigue abierto.


Identidades. Algunas piezas de la muestra Políticas del deseo: para todes, tode que se pudieron apreciar en el Centro Cultural Kirchner.

El rechazo de la Real Academia Española es categórico. Escritores consagrados como Mario Vargas Llosa o Arturo Pérez-Reverte condenan sin atenuantes su uso. Pero el lenguaje inclusivo ya no parece restringirse a los circuitos del feminismo y las minorías sexuales que lo pusieron en circulación, para extenderse a la práctica cultural y, a falta de autoridades tan ilustres, encontrar formas de legitimación más activas y resistentes en la literatura, el teatro, la curaduría de arte y hasta la política cultural.  
Escritora y también editora, Ana Ojeda escribió en lenguaje inclusivo Vikinga bonsái, su última novela. Pero no fue un plan deliberado: «Estaba escribiendo sobre unas amigas que arman una familia por voluntad propia, en el sentido de personas que por alguna razón se conectan para tirar juntas hacia el mismo lado. Eran todas mujeres de este tiempo y el lenguaje inclusivo surgió ahí, espontáneo», cuenta. En cambio, la obra de teatro infantil Les payases acude al inclusivo «porque es el lenguaje que deberíamos utilizar, como una forma de posicionarnos políticamente», explica la directora, Bárbara Goldschtein.
El Libro de estilo de la lengua española (2019), publicación de la Real Academia Española que recoge «conceptos, dudas de todo tipo, ejemplos, normas y recomendaciones», descarta el inclusivo –la utilización de «x», «@» o «e»– ya que el plural en masculino «funciona en nuestra lengua, como en otras, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos» y no tiene «intención discriminatoria». Ojeda impugna esa declaración: «¿Por qué las mujeres seguiríamos aceptando mansamente subsumirnos bajo un supuesto universal masculino cuando entendemos que tenemos –como todes– una experiencia diferencial, específica, del sistema que rige nuestra manera de existir?», argumenta.
Ojeda fue también organizadora, junto con Cecilia Fanti, de un debate sobre el tema que reunió a Santiago Kalinowski y Beatriz Sarlo en la última Feria de Editores. «Para mí ofrece la posibilidad de una representación equitativa en la lengua de una aspiración histórica de los feminismos: la igualdad. Y además es una herramienta adecuada para dar voz a las subjetividades que no quieren encasillarse binariamente dentro de la polarización mujer/varón», agrega.


Reacción. Otras obras de la exposición que fue denunciada por abogados católicos.

La muestra Políticas del deseo: para todes, tode, expuesta en el Centro Cultural Kirchner hasta marzo, se propuso a su vez como una acción desde el transfeminismo, «un movimiento que propone abrir el lugar de la mujer a mucha gente que está atravesando la misma opresión en relación con la heteronorma: mujeres trans, chicos y chicas trans, no binaries, asexuales, bisexuales, pansexuales, lesbianas, tortas, maricas, toda una serie de identidades que empiezan a surgir», según plantea la curadora, Kekena Corvalán.
La apertura también puede leerse en la antología que reunió a los poetas premiados en la última Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, publicado bajo el título Les poetas, como marca de un cambio por el cual «se transforma el lenguaje, los pensamientos, los hechos, la mirada que desoculta», tal como indica la presentación de Roberta Iannamico.
En el debate de la Feria de Editores, recogido en el libro La lengua en disputa, Santiago Kalinowski planteó que el inclusivo es «un fenómeno retórico» –no de lengua, ni un cambio gramatical–, «la configuración discursiva de la lucha política por la igualdad en la sociedad». Por su parte, Beatriz Sarlo cuestionó «la imposición» de su uso y subrayó que «el uso del inclusivo no puede ser una orden de la ideología». El debate sigue abierto.
El tópico en cuestión es uno de los ejes del relanzado Museo del Libro y de la Lengua que funciona junto a la Biblioteca Nacional. «Se le va a dar mucha bolilla, aunque la palabra inclusivo me molesta, porque parece que se incluye desde una autoridad, que se autoelige a quién se le da el pasaporte y a quién se le baja la barrera», dijo María Moreno, directora del Museo, al presentar la propuesta. La inclusión tendría un nuevo alcance: «Las lenguas de los pueblos originarios, las sucesivas inmigraciones, los jóvenes que según se dice hablan con términos precarios».

En deconstrucción
Género y memoria son a su vez los ejes de Para todes, tode, cuya primera edición se realizó en 2019 en el Centro Cultural Haroldo Conti. «Centrar el 8M solo en la figura de la mujer era cometer un acto de injusticia y de desigualdad muy fuerte, porque iba a dejar afuera a muchas identidades que no iban a sentirse representadas, pero que formaban parte de la misma lucha», recuerda Kekena Corvalán. La edición en el CCK reunió obras de carácter tradicional, intervenciones performáticas, instalaciones y proyectos de 250 artistas, fotógrafas, poetas, músicas y bailarinas de todo el país.

Creación del grupo Bardo Contracultural, Les payases tuvo buena respuesta del público, pero también hubo resistencias. «Al presentarnos en lugares donde la gente no iba a ver expresamente la obra, nos encontramos con algunas caras largas de padres o de madres», cuenta Goldschtein. «También nos pasó que en entrevistas nos presentaran como “Los les payases” o nos preguntaran si la obra era en francés. Pero sabíamos que nos íbamos a enfrentar a ese tipo de chicanas, porque estamos en un momento de transformación cultural y hay gente que se opone».
Les payases se define como «una obra en deconstrucción» que «viene a recrear temáticas instaladas en nuestra sociedad y a proponer que las repensemos, como el rol de las mujeres o las exigencias familiares a los pibes». A través de una sucesión de escenas, con humor y canciones, los actores «desmontan parámetros y conductas sociales en el horizonte de pensar cómo construir infancias libres».
Ezequiel Zaidenwerg tradujo en inclusivo la ponencia de Judith Butler en una videoconferencia publicada por la Universidad Autónoma de Puebla, México, el 29 de mayo. «Como traductor, mi posición es consultar con cada persona que me contrata cómo prefiere que traduzca los pronombres y las palabras que declinan por género, sobre todo cuando me consta que se identifican por fuera de la norma. Butler prefiere que se le identifique como de género neutro», explica.
En contraste, el rechazo de figuras como Vargas Llosa y Pérez Reverte «es obvio y coherente con sus líneas de pensamiento y posicionamientos políticos, que están en contra del inclusivo como de cualquier tipo de emancipación para las minorías», dice Ana Ojeda. «¿Qué problema hay con que yo diga todes? ¿Qué problema hay con que yo diga almóndiga?», se pregunta Kekena Corvalán. «Por supuesto, hay una RAE que trabaja sobre la norma, pero justamente lo que vinimos a romper es esa norma gramatical en pos de un lenguaje compartido que refleja no la norma sino el uso».


Infantil. Los integrantes de Les payases.

«Todo lo que atenta contra los privilegios y los privilegiados –acá uso la o a propósito– produce reacciones. El lenguaje inclusivo no deja de ser un juego poético, una utopía, un lugar de contradicción del lenguaje que nos potencia a todes», agrega Corvalán. Adoptarlo es romper con el lenguaje naturalizado: «A mí me cuesta utilizarlo en mi vida cotidiana, pero de todas maneras lo intento», confiesa Bárbara Goldschtein. «De esta manera, todas las personas están nombradas», completa.
El inclusivo sería entonces un lenguaje cargado de futuro. «Para quienes tenemos derechos por ganar, el cambio se anuncia promisorio», dice Ojeda. «Todo esto, teniendo claro que no basta con hablar en inclusivo para que cambie la sociedad, que es el objetivo último de la conversación que estamos teniendo».