Cultura

Maravilla porteña

El dúo de Miguel Cantilo y Jorge Durietz lanzó su célebre primer disco, Yo vivo en esta ciudad, hace medio siglo. Canciones con sello propio, que iban de la sensualidad a la protesta y que hoy son recordadas como clásicos de la música popular.

Socios. Los temas de Cantilo y Durietz demostraban inspiración y coraje.

The Beatles, Simon y Garfunkel, Peter, Paul & Mary, María Elena Walsh, Jorge Schussheim, Poni Micharvergas y Nacha Guevara, además de Piazzolla-Ferrer y Atahualpa Yupanqu y, claro, Bob Dylan y Moris, Facunco Cabral, Litto Nebbia. La enumeración es de Miguel Cantilo y apunta al marco de influjos de Yo vivo en esta ciudad, el maravilloso disco debut de Pedro y Pablo que está cumpliendo exactamente 50 años.
Por los arreglos, por la estructura de ciertas canciones, no llega a ser específicamente un álbum de rock. Aunque claramente hay beat y rock and roll y su mayor éxito, «La marcha de la bronca», tiene una confesada inspiración en el «Rainy Day Women» de Dylan, el trabajo dialoga con la chanson y con esa tendencia medio híbrida que se llamó en su momento «La nueva canción argentina», que tenía como ámbito el café concert.
Producido por un emblema de la «música comercial» como Francis Smith, con arreglos de Jorge Calandrelli y el padrinazgo de Horacio Molina, Yo vivo en esta ciudad significó la presentación en sociedad de un artista proteico y talentosísimo como Cantilo. Primero asomó como un emergente de una familia acomodada del barrio de Belgrano; según pasaron los años, profundizó sus convicciones políticas y contraculturales, al punto de vivir largas temporadas en comunidades hippies en El Bolsón y otros sitios. Junto con Jorge Durietz estuvieron llamados a ser los abanderados de la canción de protesta criolla, una categoría que en un momento representó una simplificación y una carga.

Agudeza lírica
Cantilo y Durietz tenían un grupo llamado Los Cronopios, la génesis de Pedro y Pablo. En 1969 publicaron un simple que contenía «Yo vivo en esta ciudad» y «Los caminos que no sigue nadie»; en 1970, otro con «¿Dónde va la gente cuando llueve?» y «Guarda con la rutina» y finalmente un single doble con «Che, ciruja», «Con ropa de varón», «Vivimos, paremos» y «Asociación Modelos Argentinas». Ese repertorio fue la base del LP. Con el color característico del bandoneón en algunos temas puntuales, como en el que titula el disco y en «Che, ciruja», y una rítmica que abundaba en el fox trot y en los arreglos orquestales característicos de las discográficas multinacionales de entonces, destacaba la solidez de la arquitectura de las canciones y, sobre todo, de la lírica del dúo.
Ya sea desde el apunte sutil de «¿Dónde va la gente cuando llueve?», la mordacidad de vodevil de «Asociación Modelos Argentina» o «Los perros homicidas», la sensualidad de «Con ropa de varón», la observación de una ciudad en plena metamorfosis como Buenos Aires en «Yo vivo en esta ciudad» (en sintonía con el nuevo tango de Ferrer, Chico Novarro y Héctor Negro) hasta el rotundo mensaje de «La marcha de la bronca».


«Yo escuchaba a Dylan en inglés y entendía una parte de su mensaje, pero me hechizaba», cuenta Cantilo. «Un día me percaté que “Rainy Day Woman” usaba como pie la frase “They stone you” (Te apedrean). Esa fue la estructura en la que me basé para iniciar cada verso con la palabra “bronca”», completa. La protesta del disco ocurrió en tiempos de Onganía, pero tuvo resignificaciones en distintos Gobiernos. En la dictadura de Videla el «bronca sin fusiles y sin bombas» marcaba la tercera posición del joven rockero, pacifista, entre el terrorismo de Estado y las organizaciones guerrilleras.
Parado en el medio de dos discos editados ese año, como No todo va mejor con…, de Jorge Schusseim, y Treinta minutos de vida, de Moris, Yo vivo en esta ciudad tiene canciones que envejecieron mejor que otras pero que, en su conjunto, marcan un nivel altísimo de inspiración y coraje político. Cantilo y Durietz patentaron una marca que medio siglo después continúa siendo sinónimo de bronca. Y la bronca y la indignación por la injusticia y la perversión del poder real siguen tan vigentes como en 1970.