Cultura

Mi enfermedad

Cada vez son más frecuentes los libros que relatan, en primera persona, la difícil experiencia que implica enfrentar al cáncer, la anorexia o la esclerosis múltiple. El caso de «El cuaderno de Nippur».

 

Estoy tratando de comer una manzana sin vomitar. Hago grandes pausas, para abril termino», posteaba con ironía la arquitecta y dibujante María Vázquez en su Twitter, meses antes de morir de un cáncer de ovario. Mientras libraba su batalla, luego de una histerectomía, se dedicó a elaborar –consciente de que, probablemente, no superaría su enfermedad– un álbum con textos, fotos y dibujos para su hijo de tres años, que editorial Planeta publicó en octubre con el título de El cuaderno de Nippur.
«Mamá te ama con el corazón», comienza diciendo en sus páginas Vázquez, quien falleció el 21 de abril pasado. En su colorido compendio le cuenta a Nippur sobre su vida y sus gustos personales: La guerra de las galaxias, Abba, los mejillones a la provenzal; le encarga 10 cosas para hacer con su papá, como aprender a nadar y amasar pan, y le da consejos para afrontar la vida. La primera edición del libro, que pasó a engrosar la lista de textos testimoniales tan en boga en los últimos años, se agotó rápidamente.
El volumen fue publicado gracias al marido de Vázquez y a dos amigas que leyeron el cuaderno mientras ella estaba internada, y que pidieron que no se lo etiquetara como autoayuda. «Es un diario íntimo, escrito y dibujado con marcadores, casi como una agenda personal, con papeles y cosas pegadas. No entra fácilmente en las clasificaciones que tenemos. Se podría decir que es una biografía, también un legado. Finalmente, se catalogó como “Memorias”», comenta Rodolfo González, editor de Planeta. «A nosotros nos pareció dulce, inteligente, conmovedor», agrega.
En 2014, Marina Borensztein, hija de Tato Bores, publicó Enfermé para sanar. Diario íntimo de una victoria, en el que narró el día a día de su experiencia con un cáncer de mama, que le diagnosticaron cuando estaba recién casada con el actor Oscar Martínez. El libro surgió como una indicación de su terapeuta y le permitió, además de enfrentar a sus propios miedos, compartir con sus lectores los interrogantes, hallazgos y recursos que funcionaron para ella. «El material nos lo alcanzó otra autora de la casa. Como “Autoyauda” es parte importante del catálogo y nos interesan los temas de salud, y además  se trataba de una figura pública que se animaba a contar una historia de vida muy potente, lo editamos», señala Natalia Ginzburg, directora editorial de Atlántida. Hasta el momento se han vendido 30.000 ejemplares y Borensztein, quien como indica el título salió airosa de su enfermedad, se convirtió en una conferencista que brinda su testimonio a otras mujeres.
«Enfermé para sanar tuvo mucho impacto. Una figura pública provoca una identificación muy fuerte. Ocurrió también con Malena despierta, de María Valenzuela», indica Ginzburg sobre el libro en el que la actriz relató sus vivencias, cuando su hija adolescente cayó en coma. «En el caso de Marina, ella se desnudó so riesgo de que quedara en ridículo o que pudiera parecer caprichosa su forma de atravesar el proceso de una enfermedad como el cáncer. La gente agradece lo genuino del material», expone la editora.
También se consigue en las librerías Mis recetas anticáncer (Urano), de Odile Fernández, una médica española que, en 2010, superó un cáncer de ovario con metástasis. En el libro –que vendió más de 100.000 ejemplares en su país–, la doctora describe en detalle qué es el cáncer, y cómo puede prevenirse o combatirse desde la alimentación, así como su propia experiencia y su apertura a terapias alternativas.
¿Ayudan los libros testimoniales? «Quien padece un cáncer incipiente y lee un libro escrito por alguien que ya pasó por esa circunstancia, es ayudado por el solo hecho de comprobar que el autor pasó por ello y sobrevivió. Hoy, el cáncer no es necesariamente mortal; los progresos técnicos abren muchas posibilidades de recuperación. Quienes escriben libros de autoayuda en parte se ayudan a sí mismos con una autoelaboración de la problemática», responde la psicoanalista y psiquiatra Lía Ricón, autora de Mitos argentinos (Lugar Editorial). «Ahora, para recomendar o descartar un libro de autoayuda es importante conocer tanto el texto como la persona que lo va a leer y la enfermedad que padece. También el tiempo de sobrevida. Es inútil intentar ayudarle a un enfermo terminal a creer en recuperaciones que no van a ocurrir, porque su cuerpo le está contando lo que pasa. Es mejor aceptar el fin. Me permito recordar que, en algún sentido, todos tenemos una enfermedad terminal, ya que todos vamos a morir».
Aunque la crudeza del cáncer ha sido más reseñada –cómo olvidar los autorretratos de la fotógrafa Gabriela Liffschitz (1963-2004) en Recursos humanos, de 2000–, otros males también aportan a la literatura testimonial. Puede ocurrir que un blog dé origen a un libro, como Abzurdah, el best-seller de 2006 en el que Cielo Latini volcó sus problemas con la anorexia, la bulimia y el amor adolescente, y que fue llevado al cine en 2015. O la convivencia con una enfermedad neurodegenerativa, como la que aborda María Paz Giambastiani en 142.942. Esclerosis múltiple en primera persona.
Solo en la Argentina, El mundo amarillo (Penguin Random House), del escritor español Albert Espinosa, quien sobrevivió a un cáncer –que incluyó la amputación de una pierna y la extirpación de un pulmón–, lleva vendidos 42.000 ejemplares. La misma historia inspiró la serie Pulseras rojas, que transmitió Telefe el año pasado. Basado en una historia real, el tema también fue llevado a la ficción en Bajo la misma estrella, de John Green, que alcanzó éxito a escala mundial, en el papel y en los cines. Todo indica que, de ahora en más, la lista seguirá creciendo.

Francia Fernández