Cultura

Misterio incunable

El códice medieval, que hasta ahora nadie ha podido descifrar, llega a los coleccionistas gracias al trabajo artesanal de una editorial española que publicará menos de mil copias exactas. El original se preserva en una universidad estadounidense.

Críptico. La prueba de carbono 14 indicó que el pergamino podía datarse entre 1404 y 1438.

No exenta de cierto orgullo, la editorial española Siloé anunció recientemente que por fin tenía lista la edición facsimilar –en realidad copias exactas– del misterioso Manuscrito Voynich, un códice de la Edad Media cuya escritura nunca pudo ser descifrada y ha desconcertado a los especialistas, desde que su existencia salió a la luz gracias al comerciante de libros antiguos Wilfrid Voynich. Cada réplica de los 898 ejemplares que se pondrán a la venta es un trabajo artesanal de una veintena de expertos de distintos rubros –curtidores de pergaminos, fotógrafos, serígrafos, dibujantes, encuadernadores– que elevan el valor de cada ejemplar único a cerca de 8.000 euros. Precio que muchos están dispuestos a pagar.
Rodolfo Lüchter Bunge, bibliófilo y dueño de la librería porteña El Incunable, remarca que «hay pequeñas empresas europeas dedicadas a crear facsímiles de libros medievales que hacen un trabajo extraordinario, pero suelen ser muy caros. Son una maravilla, verdaderas obras de arte. Hay manuscritos que solo están en una universidad o en un museo; no hay otro. Y esa es la única manera para que un coleccionista pueda tenerlo en su biblioteca».

Tarea de expertos
¿Pero qué es el Manuscrito Voynich? La historia de su descubrimiento se remonta a 1912, cuando el bibliófilo lituano Wilfrid Voynich lo adquirió en el colegio jesuita de Villa Mondragone, Italia, junto con otros libros. Se trataba de un ejemplar muy antiguo, de 240 páginas, descosido, de 22,5 por 16 centímetros y que hoy se encuentra en la Universidad de Yale, Estados Unidos. Estaba escrito en un idioma con caracteres desconocidos e ilustrado profusamente con dibujos coloreados de galaxias; animales extraños; mujeres desnudas en piscinas; plantas y flores inexistentes. Voynich intentó en vano descifrarlo, pero después remitió copias a varios expertos, que tampoco tuvieron éxito.
A lo largo de las décadas, fue estudiado por científicos, lingüistas, medievalistas, criptógrafos y toda clase de especialistas en cifrados, pero ninguno consiguió un resultado aceptable, incluida la CIA. Fueron varios los que dijeron hallar la solución, pero ninguno hasta ahora presentó una prueba irrefutable. Por esta razón algunos piensan que fue codificado para ocultar un saber destinado solo a iniciados, mientras que otros arguyen que el manuscrito podría ser sencillamente un fraude. Sin embargo varios lingüistas establecieron que cumple con la ley de Zipf, que dice que en todas las lenguas la palabra que se usa con más frecuencia aparece el doble de veces que la segunda más frecuente, el triple que la tercera y así. Además, en 2009 se demostró mediante la prueba de carbono 14 que el pergamino podía datarse entre 1404 y 1438.
Para Valeria Buffon, investigadora del Centro de estudios de Filosofía Medieval de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, y de la Universidad del Litoral, no es extraño que el Manuscrito Voynich esté cifrado, ya que «la codificación era la manera más común de escribir en la Edad Media. En particular, en la Edad Media tardía –que es la datación que parece ser aceptada de este manuscrito– hay una gran codificación de la escritura en forma de abreviaturas. Estas abreviaturas son convencionales y acordadas por las diferentes comunidades científicas (primero en los scriptoria de los monasterios y después en los stationarii –especie primitiva de editores– de las universidades)».
En cuanto al valor académico, Buffon señala que «todos los códices son valiosos, nos muestran a su manera el mundo del que provienen, un mundo tan ajeno a nuestra mentalidad que siempre es un gran desafío decodificarlos». Para Lüchter Bunge, lo que hace valioso a un libro de esta clase es «la antigüedad, el trabajo de iluminación, el papel usado, el estado, y lograr descifrar de qué se trata».