Cultura | EL ROCK DE LOS 80

Momento bisagra

Reeditan libros que indagan en el aporte fundamental de bandas como Virus, Soda Stereo, Los Abuelos de la Nada y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Historias. Berti, Del Mazo, Perantuono, Riera y Sánchez retratan una década vital.

¿Cuánto duraron los 80 en Argentina? El magma creativo de esa década parece tirar señales hacia los años anteriores y hacia los que vinieron después: fue un momento bisagra para el rock argentino. Bandas como Virus, Soda Stereo, Los Abuelos de la Nada y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, entre otras, construyeron una torre de canciones vitalistas que se convirtieron en el soundtrack de la época y le dieron otro color, otra textura, otro vuelo. Para comprender ese período tan rico como estimulante se acaban de reeditar tres obras capitales: Virus, una generación (Vademécum) de Daniel Riera y Fernando Sánchez; Rockología (Gourmet Musical) de Eduardo Berti; y Fuimos reyes (Planeta) de Pablo Perantuono y Mariano del Mazo.
«Hay que pensar en Virus en general y en la familia Moura en particular como emergentes de una generación que intenta cambiar el mundo con las herramientas que encuentra a su paso», opina Riera. El periodista y escritor señala que en los comienzos del grupo, mientras la dictadura llegaba a su fin, «el rock nacional tendía a considerar que el baile y la alegría eran cosa de gente frívola. La música era para escuchar sentadito o si no era considerada peyorativamente “comercial”. Nada casualmente, el salto a la masividad de Virus se produce con la llegada de la democracia y el disco que lo consigue, Agujero interior, sale a la venta el 10 de diciembre de 1983, el día en que asume la presidencia Alfonsín. En la década siguiente hubo otro rock, si se quiere más combativo, más vinculado con la bronca que implicó el fin de la primavera democrática».
Para el escritor, periodista y traductor Eduardo Berti, los 80 fueron un «momento cumbre en el panorama del género a escala local». «Los fundadores como Charly, Spinetta, Nebbia y Gieco seguían haciendo cosas de muy buen nivel. Y a ellos se añadió por un lado el regreso de gente como Miguel Abuelo o Miguel Cantilo, la llegada de artistas que ya tenían cierta edad pero no habían iniciado una carrera musical como Luca Prodan o Federico Moura, y la aparición de una nueva generación muy creativa, con nombres como Fito Páez o Gustavo Cerati, por mencionar solo dos», señala. «La renovación fue muy profunda y su análisis ocupa muchas páginas de Rockología. Yo quise que el libro arrojara una mirada plural y como caleidoscópica sobre el rock argentino de esos años. Fue una renovación en múltiples niveles y sentidos», explica.

Artefacto cultural
El caso paradigmático de Patricio Rey atraviesa varias décadas, las interviene de forma notable y finaliza con el siglo XX. Según Perantuono, «el corazón de la obra de los Redondos es inapelablemente perteneciente a la música de los 80 y 90. Lo que no tiene fecha definitiva, lo que puede ubicarse en cualquier época y en cualquier tiempo es su patrimonio conceptual, todo lo que rodeó a la banda éticamente y estéticamente, esos fascinantes preceptos que la convirtieron en un artefacto cultural atemporal, casi inmortal. En definitiva, es una banda irrepetible, sobre todo en el sentido que va a ser muy difícil que se vuelvan a dar todas esas condiciones para que un grupo tenga el impacto cultural que todavía hoy tiene. Esa estirpe tiene su origen en un momento muy específico de la así llamada cultura rock. Y ellos parecían renovarse todo el tiempo, con nuevas generaciones que tomaban la antorcha y la mantenían viva. El misterio fue un componente quintaesencial en los Redondos y en el libro ayudamos a desentrañar parte de esos secretos, que fueron macerando su mitología».
Los nombres de los protagonistas hablan por sí solos y su legado se mantiene en pie: sin los 80 sería imposible comprender el rock argentino de estos días. Las páginas de Virus, una generación, Rockología y Fuimos reyes representan, en ese sentido, un buen viaje para regresar a esa etapa fundacional.


Walter Lezcano