Cultura

Múltiples personajes

Participar en tres o cuatro piezas al mismo tiempo es una costumbre arraigada en el circuito alternativo porteño que también se extiende al comercial. ¿Efecto de la crisis o exceso de pasión vocacional? Los intérpretes comparten sus experiencias.

Desdoblamiento público. Portaluppi, Onetto, Núñez y Vega cuentan cómo es trasladarse de un teatro a otro para darles vida a diferentes textos.

Uy, sí, las veces que tuve que andar de aquí para allá. Hasta tres obras en un mismo día llegué a hacer, tomando subte y colectivo. Y llegué corriendo al teatro para hacer Hamlet, porque los tiempos no me daban», recuerda Osmar Núñez. Hace memoria y dice que tenía la obra Mujeres soñaron caballos, un infantil que no recuerda y, en la trasnoche, encarnaba al personaje de Shakespeare. «Para tres obras ya no me da el cuero, pero vengo de hacer dos por noche en el San Martín», comenta Núñez, que arrancó el 2020 con todo, estrenando Agamenón, en el Apolo y Algo de Ricardo, en La Carpintería. «Este sacrificio uno lo hace por amor al arte, no por plata», afirma.
Cada vez más actores del circuito off, desconocidos o de renombre, han experimentado esta suerte de desdoblamiento o «multiplicación», como la llaman ellos. ¿Efecto de la crisis o exceso de pasión por el oficio? «Es que no queda otra. Si te querés dedicar a la actuación, te tenés que embarcar en tres o cuatro obras por semana», afirma Julieta Cayetina. «Yo siempre hice al menos dos, y a veces tres», cuenta la actriz, que encabeza Delia en el Metropolitan.
Entre 2018 y 2019, Cayetina escribió y protagonizó Eye y yo, dirigió y produjo Historias de locura ordinaria y formó parte de La fiesta del viejo y Bailarte 8/Radio Sensei. «Es clave el entrenamiento, la concentración, que se adquieren con el tiempo. Al principio estaba abrumada, se me mezclaban las letras, lo padecí bastante. Ahora estoy más canchera», dice. «Lo más difícil es cuando tenés dos o tres obras el mismo día, porque exige cambiar de estado anímico, de sala, de elenco y moverse en Buenos Aires, lo que conforma un combo estresante», agrega. «Aceptás las reglas del juego porque tenés que juntar un mínimo de guita para pagar los impuestos, entonces hay que rebuscárselas como sea. Pero lo que más me cautiva es el texto: si es atractivo, no hay cómo decirle que no».

Aquí, allá y en todos lados
Potestad, Tintas frescas, La persona deprimida y Valeria radiactiva. ¿Cómo hacía María Onetto para no volverse loca con cuatro textos semanales tan complejos y diferentes? «Había que concentrarse; buscar estrategias para no confundir los personajes; ser disciplinada, prolija y estudiosa; descansar, alimentarse y tomar mucha agua, ya que estás siendo muy exigida. También ayuda que sean piezas consistentes, con directores decididos y firmes en sus indicaciones, cosa que la actriz no tenga que estar pendiente del rumbo de la obra», explica.
¿Cómo llegó al cuarteto record? «Dije que sí en distintos momentos y se terminaron juntando todas. Cuando podía dejar alguna de lado, porque me lo hicieron saber, tuve el convencimiento de que no me quería perder ninguna porque eran desafiantes. Pero no fue un tema de plata». Onetto reconoce que no es «lo más aconsejable trabajar de esta manera, pero hay excepciones. Una vez que entré en esa gimnasia, no tuve ningún problema, al contrario: tuve la suerte de disfrutar cada pieza, cada personaje y sus bellos textos», cuenta la avezada intérprete, que ya retomó las funciones de La persona deprimida.
Carlos Portaluppi se reconoce como un workaholic. En distintas etapas de su carrera tuvo que multiplicarse para cumplir con las exigencias del teatro, el cine y la televisión. «Lo único que me cuesta es el traslado, lo difícil que es ir de un lugar al otro en esta ciudad, pero no el trabajo en sí. Para mí elegir estar aquí, allá y en todos lados es una necesidad del alma», expresa. Viene de hacer la serie El marginal y las obras Invencible y Perfectos desconocidos, además de las películas Lo habrás imaginado y La dosis.
«No pagué ningún costo extra, no tuve surmenage ni enloquecí, en serio, amo tener mucho trabajo», deja en claro. «Siempre tuve la convicción de trabajar por placer, y reconozco que tuve suerte de que todo lo que hice me gustara. Y ojo, eh, necesidades económicas tuve, urgencias también». Portaluppi enaltece la disciplina más allá de su formato o tamaño. «Para mí el teatro es teatro, con todo lo que eso significa. Vivo del comercial y del alternativo. Actuar es poner el cuerpo y es desdoblarse adonde sea que haya que ir, no importa cuántas obras sean, sino que te sientas realizado», sentencia el protagonista de Paraanormales, en el Multiteatro.

Cambio de piel. Héctor Díaz en una escena de La verdad y Laura Oliva en Eye y yo.

Unos veinte años lleva Lorena Vega por el circuito alternativo y, a ciencia cierta, no cree que haya un sistema para encarar los trabajos de manera ordenada. «La tarea actoral requiere de ejercitación permanente y estar en varias obras a la vez forma parte de este entrenamiento», reflexiona la actriz, que también escribe y dirige. El año pasado le puso el cuerpo a En cartel, Rosaura, Los franceses e Imprenteros, uno de los hits de la temporada. «No es lo óptimo desplegarse en un abanico tan variado, pero tenemos un trabajo precarizado y, si bien hay muchos que elegimos hacerlo todo, hay otres que no tienen opción. Pero en definitiva somos como esos trabajadores freelance o monotributistas, que tienen varios kiosquitos», grafica.
Vega explica que una de las razones es que «desconocemos el futuro del trabajo cuando arranca. Una obra puede levantarse a las tres o cuatro semanas ¿y de qué nos disfrazamos? El tema es que cuando te va bien, estás contenta, hacés unos mangos, pero no das más yendo de un lado al otro». Su mirada coincide con la de Laura Oliva, que le fue tomando el gustito al teatro por sobre la televisión. «Tener en la cabeza tres o cuatro textos es el abc del actor del siglo XXI en la Argentina. Y de alguna manera se maximiza la diversión, porque el teatro es lúdico. ¿Por qué una eligió este oficio? Para jugar con muchos personajes. No lo veo como un problema tener que multiplicarme», reflexiona la intérprete, que viene de unos meses ajetreados con Huesito caracú, Valeria radiactiva y Eye y yo.
Oliva puntualiza que la clave «pasa por hacer la obra una vez por semana, a lo sumo dos, lo que significa que hay que esperar una semana entera para volver a hacerla. Y eso permitea una concentración mucho mayor y empatizar rápidamente con el personaje, porque hay una distancia entre una función y la otra». El año más movidito para ella fue 2017, cuando tenía literalmente toda la semana tomada: Los tutores de jueves a domingos; los lunes, Ni con perros ni con chicos; los martes, Lo único que hice fue jugar; y los miércoles, Eye y yo.

Carrera de obstáculos
Autora, directora y actriz, María Marull no entiende el oficio de otra manera. «Es palo y a la bolsa, pero por supuesto que si son cosas que te gustan, es mejor», especifica la realizadora de La Pilarcita e Hidalgo, aún en cartel. «Cuando sos directora y autora en el circuito alternativo, también sos productora, lo que lleva mucho trabajo, sobre todo cuando tenés otras obras en simultáneo», sostiene.
El 2020 comenzó para Marull de la mejor manera: su obra La Pilarcita desembarcó en el teatro Metropolitan, al tiempo que comenzó con los ensayos de La oportunidad, que escribió junto a su hermana Paula; sigue con El sueño de Rosita, una pieza breve en la Casa del Teatro; y se prepara para el próximo estreno de Reinas abolladas, en el Cervantes. «Sé que suena caótico, pero me hago el tiempo para disfrutar emocionalmente, no es un zapping de proyectos. El gran secreto es organizarse y soñar para que cada día dure 50 horas, o 30 al menos», dice con una sonrisa.
«Corridas, agobios, súplicas para salir antes. Nuestro trabajo siempre ha sido y será medio gitano. Obvio que me ha pasado varias veces de estar grabando una tira y estar haciendo teatro independiente y comercial, en simultáneo», asegura Héctor Díaz. «Las corridas tienen que ver con el circuito independiente, que vive inmerso en las dificultades y, se sabe, las dificultades siempre fueron un caldo de cultivo para seguir haciendo más y más, por tozudez, no por una cuestión económica. Nunca se ganó plata en el teatro independiente», asegura.
El reconocido actor, que brilla en La verdad, dice que siempre tuvo cierta elasticidad para desdoblarse. «¿Cómo? La respuesta es simple: lo hago. Se trata de dejarse llevar por la fuerza mayor o menor que tienen los trabajos en sí». El paso de los años le permitió aprender a administrar la energía. En estos días, el teatro comercial le «da la opción de un solo tiro, por la cantidad de funciones, e inhibe la posibilidad de estar en varias obras. Sin embargo, me las ingenié para decirle que sí a Javier Daulte en una obra y de poner en cartel la mía, Amor de película, en el Callejón. Es un despiole, pero se puede hacer».