Cultura | De cerca | MIGUEL SIMÓN

Narraciones en juego

Reconocido por su trabajo en televisión, el relator analiza las claves de su oficio, la actualidad del periodismo deportivo y los intereses que rodean al fútbol.

Los argentinos fanáticos del fútbol son muchos, viven apasionados y no siempre están de acuerdo. Todos opinan sobre el mejor candidato para la dirección técnica de un equipo o del seleccionado, la conveniencia de tal o cual sistema de juego, la relevancia de cada torneo o las políticas de la AFA. Hay algo, sin embargo, en lo que la mayoría está de acuerdo: si hay que seguir un partido por televisión, mejor que lo relaten Mariano Closs o Miguel Simón. Los estilos de estos dos profesionales que pertenecen a la misma generación son distintos, pero la calidad de su trabajo es indiscutible.
El «Flaco» Simón es una de las caras más reconocibles de ESPN, la poderosa cadena estadounidense que lo contrató hace ya 25 años. Y sus valores son evidentes: mesura y equilibrio en las opiniones, concentración absoluta en las alternativas del juego, un humor amigable y una capacidad notoria para establecer un diálogo fluido y enriquecedor con los comentaristas que lo acompañan (Diego Latorre, Sebastián Domínguez y sobre todo Quique Wolff, su socio más frecuente).
Nacido en Caballito, hincha confeso de Ferro, Simón trabajó también en Radio América, Telefe, América TV y TyC Sports. Una de sus fortalezas como periodista deportivo es la amplitud de miras: hoy está dedicado de lleno al fútbol, pero en el pasado también relató, y muy bien, rugby y básquetbol. Querido y respetado en el ambiente, no suele hablar mucho de sus colegas, ni se suma a las polémicas prefabricadas que son moneda corriente en un medio recargado de ciclos protagonizados por panelistas al borde de un ataque de nervios.
–Se suele valorar la pasión desatada en el relato. Y es cierto que sin ese componente no habría sido posible la pieza célebre del gol de Maradona contra Inglaterra en la voz de Víctor Hugo Morales.
–Yo soy un apasionado de mi profesión y del juego. Trato de ponerle pasión al cierre de los goles, trato de imprimirle emoción, pero es la emoción que puedo transmitir yo como persona. No voy a exagerar mis emociones. Tengo una pauta para trabajar: no me gusta exagerar nada, lo que soy en el aire tiene que ver con lo que siento en ese momento. No pienso que estoy relatando para alguien en especial, hago lo que tengo que hacer y con ese sistema voy para adelante, al menos por ahora.
–¿Cambió mucho tu trabajo desde que empezaste hasta hoy?
–Cambiaron las audiencias, las costumbres, en realidad. La técnica, lo que es el relato en sí, más o menos. En Argentina la aparición de Marcelo Araujo fue clave: cambió los patrones del relato, sobre todo en términos de ritmo. Y a partir de ahí aparecieron muchos derivados. Tenía un protagonismo muy importante en la transmisión, y eso es muy difícil de hacer. Ponerse a la altura de los jugadores en cuanto a protagonismo no es sencillo. Ahí se produjo un quiebre en el relato televisivo. Hoy el cambio importante es la interacción con la gente: te equivocás y tenés diez mensajes de WhatsApp de tus amigos, por ejemplo.
–¿El humor es necesario en el relato?
–Se convirtió en algo necesario ahora. Yo por mi parte busqué en su momento no parecerme a lo que ya había en el mercado. Obviamente, uno relata de una manera porque tiene cosas de los que escuchaba antes de dedicarse a la profesión. No hay forma de escapar a eso. Pero lo del humor es algo más buscado que necesario. Se estila hoy, quizás cambie en el futuro.
–¿Es bueno el nivel del relato en el país?
–Para mí, sí. Yo escucho mucho a los relatores de otros países en busca de mejorar la pronunciación de los apellidos de los futbolistas, por ejemplo. Así que tengo un panorama claro de cómo se relata en el mundo, y creo que el nivel argentino es muy bueno. Tenemos un estilo bastante peculiar en cuanto al ritmo, a lo que ofrecemos en términos de información todo el tiempo. Igual, es una cuestión de gustos.
–Ahora quizás hace falta que aparezcan más relatoras.
–Bueno, ya está Mechi Margalot en ESPN. Ella tiene todas las condiciones para completar el formulario de una buena relatora, y seguro que va a crecer mucho. Se animó a algo muy importante, ya dejó una huella. Y tiene mucho más para desarrollar, para exponer, para transitar. A la novedad le sumó una gran capacidad.
–¿Qué tipo de comentarista preferís?
–Más que preferir, me adapto. Trato de sacarle lo mejor al que tengo al lado. Eso te lo enseña la experiencia. Lo que más me gusta de la tarea que hago es identificar dónde puedo potenciar a mi compañero, pero no tengo preferencias. Obviamente, es necesario alguien que conozca mucho el juego. En ese sentido, Quique Wolff combina perfectamente su pasado como futbolista con una buena formación periodística. Quique creció en la profesión, no es un futbolista convocado ocasionalmente para emitir una opinión, es un gran comunicador. Pero también disfruto con aquellos que empiezan a recorrer la tarea, como los exfutbolistas que se inician en esto con la idea de proyectarse.

–¿Qué opinás de los programas de fútbol, que hoy son mayoría en los canales deportivos? ¿No hay demasiados gritos y chicanas?
–Uno puede ser parte de un panel con su propio estilo, nadie te obliga a nada: no hace falta inventar un personaje. El fenómeno seguramente tiene que ver con los pocos recursos de producción. Pero si encima eso funciona en términos de rating, es una fórmula difícil de romper. Me parece bien que exista ese formato, pero no que sea casi el único. Hay que probar otras cosas. Pero también hay que entender que un canal deportivo tiene que cubrir muchas horas de programación. Entonces a veces tenés la sensación de estar en un loop: en esos programas se vuelve a los mismos temas una y otra vez. Yo prefiero programas de análisis del juego. Que, vale la aclaración, también pueden estar mal hechos.
–Se habla mucho del negocio del fútbol. ¿Qué características tiene hoy?
–No conozco todos los detalles para responder la pregunta cabalmente. En Argentina es más fácil explicar las sospechas porque hubo un presidente de la AFA que se quedó más de 30 años en su cargo. Es muy fácil abonar una teoría conspirativa en ese caso, suponer que ese hombre manejaba todo y entender incluso que ahora sus sucesores quieran ser como él. Pero negocios turbios hubo en todos lados: Italia, Malasia, los países balcánicos, Grecia, Turquía, Singapur. Los partidos arreglados, el tema de las apuestas. Pero en Italia por lo menos los casos se destaparon y se supo quiénes eran los responsables. Acá en Argentina no pasó eso, no se penalizó a nadie.
–En términos puramente futbolísticos, ¿la distancia entre el nivel de juego europeo y el argentino es muy grande?
–Se juega diferente, sí. A mí me gusta más como se juega en Europa, esa manera de jugar es más productiva. Los mundiales de clubes los ganan los europeos, y los de selecciones también los tienen como protagonistas en instancias decisivas. Creo que se juega distinto porque las sociedades son distintas: la educación es distinta, la alimentación, los objetivos y la formación de un deportista también. Los jugadores crecen en otro contexto. Es lo mismo que comparar a la Liga Nacional de Básquet con la NBA. A mí me encanta el básquet argentino, pero la NBA tiene otras condiciones, otro desarrollo, otra historia.
–¿Lo más importante que te pasó desde el punto de vista profesional fue ir a Mundial?
–No, para mí lo más importante fue y sigue siendo ir a los Juegos Olímpicos. Por muchas razones: es un desafío profesional inmenso, te pone en la situación de cubrir deportes que quizás no conocés con tanta profundidad y entonces tratás de hacerlo con la mayor conciencia posible y aprendés. Te permite ser parte de un evento de una magnitud increíble. Para los periodistas no hay un lugar relacionado con el deporte donde haya más cosas para contar.
–¿Qué partidos inolvidables relataste?
–Recuerdo, por la tensión que había en el ambiente, Argentina-Inglaterra en Saint Ettienne, en el Mundial 98. Además se definió por penales, lo que calentó todavía más el clima. También viví muy intensamente cada final de la Champions League en la que me tocó estar. De todos modos, aunque parezca mentira, por alguna falla en el circuito cerebral no recuerdo tanto los partidos que relato. Me preparo a full para cada uno, pero cuando termina, doy vuelta la página y me acuerdo más del partido que vi ayer por televisión y no relaté. Es medio increíble, pero siempre fue así. La verdad es que suelo recordar más los viajes por algunos conciertos que vi que por un partido que relaté. Puedo decir que en tal año fui a ver a The Police, pero no acordarme de quién ganó un torneo.
–¿Cuál es el mejor equipo que viste?
–El Barcelona de Pep Guardiola. Lo vi mucho y le saca bastante ventaja al resto. En la previa del Mundial 2018 tuve la oportunidad de relatar para un programa especial la final de Brasil-Italia del 70, con Vito de Palma como comentarista. Yo tenía una imagen determinada de ese equipo brasileño, que estaba muy relacionada con los highlights que circulan hace años, los goles, las mejores jugadas. Pero después de ver el partido completo me quedó otra imagen. Vuelvo a la importancia del contexto: para la época, ese equipo era excepcional, pero después de ver al Barcelona de Guardiola te sorprende muchísimo menos. Igual, odio las comparaciones, que en estos casos siempre son injustas.
–Al margen de Guardiola, ¿qué otros entrenadores te gustan?
–Técnicos buenos hay muchos, más allá de que me gusten más o menos. No hay un técnico ideal. El técnico argentino de hoy, para estar preparado para lo que se viene, debe tener muy claro lo que quiere de su equipo y cómo buscar las mejores piezas para ese propósito. Un entrenador con una idea bien clara de su sistema de juego tiene que ver cómo encuentra las mejores piezas, eso es lo crucial.

–Para jugar hoy en la elite hay que tener sí o sí buen pie, algo que antes no era condición sine que non si eras defensor, por caso.
–Totalmente, pero además no alcanza con eso. Los que hoy tienen buen pie también están muy bien preparados físicamente. Se presiona muchísimo, se juega a otra velocidad que hace 50 años. Si vos tenés un delantero que tiene buen pie pero físicamente no está al cien por cien, ya estás dando una ventaja importante. No es como en el fútbol amateur cuando viene el pibe que la rompe pero no corre e igual hace diferencia. En el fútbol de elite actual, los once están preparados para correr y para jugar con alta técnica.
–Trabajás para una cadena importante como ESPN, y el mundo del fútbol está cruzado por una gama enorme de intereses. ¿Recibiste algún tipo de presión?
–Hasta hace poco, ESPN no intervenía en las cuestiones de derechos de transmisión, que es donde puede aparecer alguna presión acá en Argentina. En el fútbol europeo, al menos hasta donde yo sé, ese tipo de problemas no existen. No va a venir Florentino Pérez a ver qué decimos Quique o yo. Estuve siempre un poco afuera de esa lógica, ahora quizás cambie, no sé. Nosotros tenemos mucha libertad para trabajar, no es que me quiera lavar las manos, pero sinceramente no experimenté presiones de ninguna clase.
–¿Tenés dirigentes o jugadores amigos?
–No tengo amigos en el ambiente. Sí gente con la que tengo buena relación, pero sobre todo en el básquet y el tenis. Más que amigos son personas con las que tengo alguna afinidad. Relaté cientos de partidos de Messi y nunca estuve cara a cara con él, por ejemplo.
–¿Tenés sueños, objetivos que todavía te quedan pendientes?
–Mi gran sueño fue y sigue siendo vivir de esto, entonces es un sueño que tengo que renovar diariamente. Estoy concentrado en eso.


Alejandro Lingenti - Fotos: 3Estudio/Juan Quiles