Cultura

Novela familiar

El poemario que contiene El corte argentino puede leerse, según el escritor, como una conversación de la que emergen los recuerdos de su infancia, la figura de sus padres y sus encuentros con destacados intelectuales y artistas de los años 50 y 60.


Invitados. El autor evoca sus tempranos contactos con Neruda, María Elena Walsh y otros. (Gisela Romio)

Este libro es como una gran y constante conversación, como aquellos rituales de las reuniones donde yo sentía, ya desde niño, que cada uno contaba su sueño y todos creían en el sueño del otro», dice Juano Villafañe al referirse a su último libro, El corte argentino, que recuerda a aquel publicado en 2012, Los Villafañe. Poesía familiar, donde reunió las voces de sus padres, el mítico y trashumante artista Javier Villafañe y su compañera de aventuras Elsa Fabregat. «Atrapar ese estado de la palabra hablada que circula en la memoria. Ese fue el trabajo: volver a conversar poéticamente sobre aquella infinita novela familiar», señala el director artístico del CCC.          
«Mi casa de infancia también fue un gran teatro, donde había diversos escenarios, grandes bibliotecas, títeres y escenografías que colgaban de los tirantes, estudio de pintura, escritorios, instrumentos musicales», describe. Esas raigales experiencias se concretan en las imágenes de quien hace de la memoria el tema central de este poemario, que nos muestra la tapa del libro: el niño (Juano) y detrás uno de esos títeres que vio como primeros pasos en las artes.
El peregrinar de la familia no solo deparó a los hermanos Juano y Emilio andar por muy diversos lugares, sino también la transmisión de saberes, como consigna el poema «Ultimos aprendizajes»: «Con mi padre aprendí que antes de morir hay que encontrar a la madre/ Con mi madre, que uno se muere sin padre y sin madre». El autor rememora: «Tuve una educación de tipo renacentista. Mis padres me enseñaban todo el trabajo artístico. Estudié música, dibujo y pintura, hice títeres y desde muy niño comencé a escribir. También aprendí a trabajar con la tierra, cultivar un enorme jardín y andar a caballo».
Esa formación se nota en los poemas iniciales, en especial «El corte argentino», donde en extensos versos en los que el paisaje demorado, evocado, contemplado, emplaza un territorio, un tiempo y un espacio en el que se hallan nítidos todos aquellos lugares, objetos, palabras, que dejaron su indeleble marca. Esa huella siguió, en la permanente indagación en torno de imágenes y metáforas, para destacar una irrebatible continuidad. «El arte era la vida y la vida era el arte» dice Juano. Y agrega: «Desde ese imaginario poético y registro familiar, fui organizando una serie de poemas asociados a ese mundo. Atendiendo al gran ritual de la conversación que tenían los artistas y los intelectuales en los años 50 y 60, fui considerando para mi trabajo esa situación: el uso escrito de la palabra y la oralidad en estado asociado permanente».

Experiencias compartidas
El corte argentino reivindica las potencialidades de la conversación, el encuentro, el intercambio. «Se me ocurrió escribir como si estuviera hablando dentro del poema, como si en el mismo texto hablaran dos personas, a quien uno dirige el poema y el diálogo que el propio poeta tiene con el invitado». Los «invitados» aparecen como precipitados en la cita de voces, en lo dicho y sugerido y aun en lo callado. Con todo esto, el libro nos depara, en un magnífico registro de evocaciones, lo que denomina «Extendido Familiar/ Algunos recuerdos». Y qué recuerdos: haber caminado de chico con Pablo Neruda junto al mar, haberse relacionado con Violeta Parra, Leda Valladares, Enrique Molina, Mario Jorge De Lellis, Elvio Romero, Miguel Ángel Asturias, María Elena Walsh, Ariel Bufano, Enrique Wernike y algunos otros.
Lejos de mentarlos como figuras estáticas, lo especial y destacable es que Juano suscita una escena donde ellos aparecen muy concretos, muy vivos. Y podría decirse que este es un gran acierto del libro, que se emparda con las otras partes del poemario como un conjunto indisoluble de todo lo que bien puede contabilizarse en favor de la experiencia para lograr la escritura.