Cultura

Obra en construcción

Los talleres de dramaturgia se multiplicaron en los últimos años, en paralelo a las instituciones que ofrecen una formación específica en la materia. La iniciación en la escritura de piezas teatrales analizada por autores que, al mismo tiempo, son docentes.

Maestro. Kartun fue pionero en la formación de los futuros autores teatrales.

 

A  tono con la multiplicidad de micropoéticas emergentes en el campo teatral de la posdictadura, la formación en dramaturgia ha tenido en nuestro país un desarrollo significativo. Ya sea en ámbitos académicos o bajo una modalidad particular, han proliferado nuevos espacios formativos para la escritura dramática. Dentro de la órbita de la Ciudad de Buenos Aires, la carrera de dramaturgia de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (emad) ofrece el título de Dramaturgo Municipal. Y muchos de sus egresados han abierto sus propios talleres. La Universidad Nacional de las Artes es otra valiosa alternativa académica, pero no ofrece una carrera propiamente dicha, sino una maestría y una especialización en dramaturgia.
El reconocido autor y director Mauricio Kartun (docente y coordinador del curso de dramaturgia de la emad) considera necesario estimular en el alumno la creatividad, «entendiendo allí el sinnúmero de singularidades que diferencia a la creación de la mera técnica teatral. Escribir teatro es fácil. Lo difícil es crear algo diferente, vivo y personal, encontrar una voz. Si sos paciente y ordenado, la técnica podés sacarla hasta de los libros, pero con la cabeza en modo conceptual no hay manera de hacer nada interesante. Lo vemos a diario en los concursos de dramaturgia: se presentan 300 piezas y el 90% no tiene vida interior alguna, es pura mecánica», sostiene el autor de El niño argentino, Salomé de Chacra y Terrenal.

Clave. Para Paula es importante considerar el taller como un lugar de trabajo.

 

La dramaturga, actriz y directora Romina Paula es egresada de la emad y tiene su propio taller. Para ella es importante que el alumno pueda pensar su inserción en el taller como en un lugar de trabajo. «Creo que, en términos ideales, lo que genera la asistencia es, por un lado, cierta continuidad en la escritura. Por otro lado, es importante la instancia de devolución de materiales de otros, porque ayuda a reconocer procedimientos, hacerlos conscientes. Antes que todo diría que lo más necesario de estimular es la persistencia en un material, es decir, el trabajo y la edición», concluye la autora y directora de Algo de ruido hace, El tiempo todo entero y la más reciente Fauna. En los talleres particulares, la modalidad suele consistir en la lectura de los distintos avances en los «proyectos de obra», alternada con la resolución de ejercicios que le ofrecen al asistente herramientas para mejorar la escritura teatral.
Mariano Tenconi Blanco, dramaturgo y director de La fiera y Las lágrimas, tiene a cargo un taller junto con Ignacio Bartolone. Consultado sobre el vínculo entre la enseñanza y la producción, Tenconi Blanco observa una relación complementaria: «La instancia de trabajar sobre la escritura, de pensar la escritura, de vincularse con los problemas de los alumnos que recién comienzan y ver cómo crecen y, por otro lado, ver las poéticas de los alumnos más afirmados, o de compartir el diálogo con ellos y con mi compañero de docencia, es algo que me enseña mucho y que me es de gran utilidad para escribir. Y también a la inversa: estar siempre trabajando en nuevas obras y buscando producir nuevos lenguajes creo que es un valor que le ofrecemos a quienes vienen a nuestros talleres».

Intercambio. Tenconi Blanco destaca el ida y vuelta entre alumno y docente.

 

Es relevante señalar que en los últimos 20 años ha cambiado la forma enseñar dramaturgia, en buena medida porque se diversificó el interés frente al aprendizaje. Muchos más autores dirigen sus propios textos, otros llevan a los talleres obras ya finalizadas para corregir, mientras que profesionales del cine y la tv encuentran en el teatro herramientas igualmente útiles. Las modalidades cambiaron, según Kartun, «porque afortunadamente hay más cabezas enseñando y cada una trae su propia subjetividad, su experiencia. Hace 20 años éramos 3 o 4 los maestros de dramaturgia dedicados especialmente a esto. Hoy somos 10 veces más. Este año organicé en dos instituciones sendos ciclos de clases magistrales y hubo en cada una más de 1.500 inscriptos. La población teatral descubrió en la dramaturgia una técnica útil a cualquier disciplina, un dispositivo nuevo de pensamiento sobre el arte y, además, un oficio posible».