Cultura

Onda expansiva

Las traducciones de autores nacidos en Brasil ganan terreno en el país. Inaugurada con el siglo XXI, la tendencia cuenta con apoyo estatal. Opinan los especialistas en la materia.

 

Ilustración: Pablo Blasberg

Durante 2014 se publicaron en Argentina traducciones de al menos 20 libros de literatura brasileña. Desde una recopilación de poemas de Arnaldo Antunes (más reconocido como músico, dueño de una voz hipnótica) hasta las peculiares novelas La obscena señora D y Cartas de un seductor, de Hilda Hilst (poeta que aportó a la cultura de Brasil, dice el historiador del arte Jorge Coli, «un universo de bellezas inquietantes»).
El número no debería ser una sorpresa. Con mínimos altibajos, la cantidad de ediciones de autores brasileños viene creciendo desde el año 2000 en forma sostenida. En lo que va del siglo XXI, se publicaron más de 140 en nuestro país. Mucho, poco –según el cristal con que se mire–, lo cierto es que se trata de un nivel histórico que nunca se había alcanzado.
A la cabeza de este persistente desembarco se ubica, sin duda, Clarice Lispector. Durante la última década se editaron en Argentina más de una veintena de sus libros, incluidos varios títulos infantiles. João Gilberto Noll, por su parte, es quien cuenta con más publicaciones en el país entre los escritores de la actualidad: el sello Adriana Hidalgo publica su obra desde 2006 con saludable constancia. Nacido en 1946, Noll tiene 18 libros (en el mercado local salieron 5) y ganó 6 veces el Premio Jabuti, la más importante distinción literaria de su país.
El Estado brasileño cumple un papel activo en este crecimiento, con valiosas iniciativas (por ejemplo, la revista Machado de Assis, disponible en Internet) y, en particular, con ayuda económica para fomentar las traducciones. De hecho, son pocos los países que apoyan con tanta generosidad las ediciones en otros idiomas, cubriendo muchas veces no solo los honorarios de los traductores, sino también otros costos vinculados con la publicación y divulgación.
En los últimos 14 años, la Embajada de Brasil en Buenos Aires apoyó económicamente 42 proyectos argentinos de edición de libros y la Fundação Biblioteca Nacional, 45. Y esos dos organismos son los más importantes en este aspecto, pero no los únicos.
Al hablar con editores, traductores e incluso funcionarios de organismos estatales, prácticamente todos relacionan el progreso de la literatura brasileña en Argentina y en el mundo con una situación más global: el interés que suscita el desarrollo económico, político y social de esa nación a partir del gobierno de Lula da Silva y su actual posicionamiento en el mapa (como parte del BRICS, por ejemplo).
Junto con lo anterior, no hay que olvidar que en 2014, además de ser sede del Mundial de Fútbol, Brasil fue el país invitado de honor en la Feria de Frankfurt, el evento más importante de la industria editorial (Argentina tuvo este privilegio en 2010).

 

La avanzada actual
El crecimiento de estas traducciones en el país tuvo una editorial pionera. Corregidor se animó, en pleno 2001, a lanzar la colección Vereda Brasil, que ya tiene 28 libros (8 son de Lispector) de distintos géneros, con autores de diversas épocas. Dirigen la colección María Antonieta Pereira, Gonzalo Aguilar y Florencia Garramuño. Los tres se desempeñan, además, como investigadores, traductores y docentes especializados en la materia.
Sobre la interacción de estas distintas tareas, Garramuño comenta que le resultan fundamentales en su trabajo. Y explica: «Muchos textos no estaban disponibles en castellano y no podía enseñarlos si no los traducía. Además, hay modos de mirar una obra que luego se transmiten en la traducción y, en mi caso, muchas veces surgen a raíz del armado de un curso, de preguntas de los alumnos o discusiones que se dan en clase. Por otro lado, la investigación me permite ir descubriendo a autores y libros».
El sello Adriana Hidalgo también tuvo un rol pionero. Empezó a publicar textos brasileños en 2003, con una antología del poeta Manuel Bandeira. Desde entonces realiza un trabajo muy consistente (incluye en su catálogo, por ejemplo, Gran Sertón: veredas, la monumental novela de João Guimarães Rosa). Su director editorial, Fabián Lebenglik, comenta que la idea de publicar en forma sistemática a escritores de Brasil existía desde que se fundó el sello, hace 15 años. Y habla de «una apuesta de largo aliento», con autores consagrados, desconocidos y nuevos.
Es difícil, asegura Lebenglik, «generar» lectores de literatura brasileña en Argentina, pero también señala que algunos títulos se venden muy bien y que los libreros y la prensa apoyan este tipo de publicaciones. Concuerda con la idea de que, si bien se está haciendo mucho, parecería insuficiente en relación con la producción de Brasil y con una deuda que llevaba décadas. Como editor, él tiene dos «ventajas»: está en pareja con una brasileña y lee directamente del portugués.

 

Encuentros y desencuentros
El antropólogo Gustavo Sorá –autor del libro Traducir el Brasil, publicado en 2003– ha señalado el año 1937 como un punto clave para la circulación de textos entre los dos países. Ese año surgieron tres valiosos proyectos editoriales, aunque solo uno estrictamente literario: el sello Claridad inició la Biblioteca de Novelistas Brasileños (en la que publicó a escritores como Jorge Amado o Gastão Cruls). Hasta ese momento, según los datos de Sorá, eran menos de 10 los libros brasileños traducidos en Argentina.
El impulso de aquellas iniciativas decayó al poco tiempo. Desde mediados de los 40, el intercambio se volvió bastante pobre y muy poco sistemático. Claro que hubo traducciones de Machado de Assis o Graciliano Ramos, pero recién en los años 70 la edición de literatura brasileña tuvo un nuevo empuje (por ejemplo, Sudamericana puso en circulación varios libros y De la Flor vivió el éxito de Vinicius de Moraes). También aquello se desdibujó poco después, sin establecer una continuidad comparable a la que se ve hoy.
A partir de 2003, muchas editoriales fueron sumándose a la publicación de escritores brasileños. El sello rosarino Beatriz Viterbo plantea desde 2006 un trabajo sistemático semejante al de Corregidor y Adriana Hidalgo, aunque más modesto, y hace lo propio con autores como Milton Hatoum o Sérgio Sant’Anna. También se unieron a la partida El Cuenco de Plata y Edhasa, además de gran cantidad de sellos que no muestran por ahora la misma constancia en este sentido. Una lista se haría muy extensa e incluiría a editoriales de todo tipo (transnacionales, chicas), si bien las que predominanse podrían considerar medianas.
Desde luego, la colaboración económica del Estado para que se traduzca la literatura de un país juega un rol clave como política cultural. Existe el riesgo (varios editores lo señalan) de que algunos textos se publiquen solo porque reciben ayuda económica, pero eso no llega a pesar frente a los aspectos positivos.
Florencia Garramuño, de Corregidor, valora mucho el trabajo de las entidades oficiales brasileñas, pero también aclara que «no había una política tan fuerte al comienzo de este “boom”». Lo confirma Thiago Machado Ferreira, de la Embajada de Brasil, quien comenta que el apoyo estatal solo se volvió sistemático en el año 2005, mientras que antes se daba en forma esporádica.
El traductor Cristian De Nápoli, quien además estuvo a cargo de la antología de nueva narrativa brasileña Terriblemente felices, cree que los programas de apoyo del Estado «empezaron a repercutir con fuerza en Argentina hacia 2008, cuando se volvió un hábito para un grupo de editoriales solicitar subsidios para traducir y editar». También cuenta que lo han contactado desde Chile y España para encargarle traducciones porque, dice, «el mundo editorial de habla castellana sabe que en Argentina existen lectores y conocedores de la cultura de Brasil».
Aunque parezca mentira, el nexo para muchas de las ediciones argentinas de autores brasileños está a más de un océano de distancia: en Frankfurt. Es la agencia literaria fundada en 1982 por la alemana Ray-Güde Mertin, quien se desempeñó como profesora en Brasil entre 1969 y 1977 y quedó cautivada por la literatura de ese país. Ray-Güde falleció en 2007 y, desde entonces, está a cargo de la agencia (que trabaja con autores de idioma portugués o castellano de todo el mundo y representa a más de 60 brasileños) una mujer de ojos clarísimos: Nicole Witt.
Witt señala que cerca del 70% de los libros traducidos en todo el mundo provienen del idioma inglés y que no resulta sencillo «pelear» contra eso. Por otro lado, remarca –en su perfecto castellano– que Brasil es «un país grande como un continente, con culturas muy diversas».
Entre el Mundial de Fútbol y el protagonismo brasileño en la Feria de Frankfurt, sin duda 2014 resultó un año especial. Hay que añadir que San Pablo fue la ciudad invitada de honor en la Feria del Libro de Buenos Aires. Esto último tuvo alguna influencia, cree Witt, aunque relativa. Julia Saltzmann, de la editorial Alfaguara, comenta que fue la excusa para editar Cuentos en tránsito, antología de autores brasileños publicada en Argentina, y Contos em trânsito, antología de argentinos publicada en Brasil.
Para ampliar la perspectiva, es bueno ver qué dicen los libreros: ellos tienen contacto directo con los lectores. Ornella Saccomanno, de Libros del Pasaje, comenta que le resulta increíble lo mucho que vende Clarice Lispector (sobre todo, entre las mujeres). Suele recomendar a esa autora y a Rubem Fonseca. También vende títulos de Jorge Amado de vez en cuando y el Manual práctico del odio, de Ferréz, porque usualmente está exhibido en las mesas.
Federico Brollo, de la librería Norte, también menciona a Lispector y Fonseca entre los autores más vendidos. Sin embargo, él cree que la proliferación de ediciones de obras brasileñas y el reconocimiento de traductores como Cristian De Nápoli o Claudia Solans «no se ven reflejados en una “masa crítica” de lectores ávidos de esa literatura».
Entre tanto, Nicole Witt calcula que este año saldrán en Argentina 6 o 7 libros de autores brasileños representados por la agencia Mertin. Y Leonora Djament, de Eterna Cadencia, adelanta que el sello publicará en mayo o junio una novela de Ana Paula Maia. Esto nos da indicios de que tendremos, al igual que en 2014, un muy buen número de traducciones.

Salvador Biedma