Cultura

Ortodoxia en foco

Cada vez más series, películas y documentales desmenuzan la vida cotidiana de los grupos más conservadores del judaísmo y despiertan el interés de la audiencia a escala global. Las claves de la tendencia analizadas por realizadores y especialistas.

Crítica. El éxito de Poco ortodoxa en Netflix se escuda en un argumento simplista.

Pelucas y atuendos que cubren el cuerpo de las mujeres desde el cuello hasta los pies. Trajes oscuros, rizos a los costados de la cara y sombreros altos de piel para los varones. Estos códigos de vestimenta que unos meses atrás podían causar extrañeza, hoy ya no lo hacen tanto. Es que en el último tiempo han proliferado las producciones en torno al judaísmo ortodoxo: la taquillera miniserie Poco ortodoxa, pero también el documental One of us, la serie Shtisel, las películas Menashe y El despertar de Motti Wolkenbruch. ¿Por qué esta temática resulta tan popular entre espectadores de todo el mundo?  
«Creo que lo judío en la cultura occidental suele generar reacciones de atracción o de rechazo. Difícilmente pasa desapercibido. Se ha identificado con lo bueno y lo malo de cada momento, incluso en términos contradictorios. Los judíos fueron los “hermanos mayores” de la Iglesia y el pueblo deicida; fueron banqueros explotadores y subversivos marxistas. Es posible que, entonces, las grandes tensiones hacia el interior del mundo judío generen preguntas e incluso sorpresa. Y esa puede ser una de las razones del éxito», reflexiona Enrique Herszkowich, historiador y profesor adjunto de Sociología de Oriente Medio de la UBA.
Iván Cherjovsky, doctor en Antropología y docente universitario, analiza las razones de este auge. «Por un lado, hay mucho interés en las minorías culturales porque estamos en la época del multiculturalismo, en la cual la diversidad es un valor positivo. Por el otro, los teóricos posmodernos hablan de un tiempo en el que se perdió la brújula, donde ya no hay grandes relatos que organicen la existencia», señala. Y agrega que, en el intento por encontrar el rumbo, aparece la curiosidad por otras formas de vida.
Los entrevistados coinciden en que Poco ortodoxa, la ficción que sigue los pasos de Esty, desde su vida en la comunidad Satmar hasta su renacer en Berlín, resulta la más simplista. «Lo central es la regla, sobre todo las opresivas. Posee un relato lineal, con personajes estereotipados: el bueno, el tonto, la noble, el malo; el barrio judío gris, Berlín a colores; los pares ortodoxos todos iguales, los pares berlineses más plurales», describe Herszkowich.

Humor y memoria
Si bien hasta ahora en Argentina no se observa un escenario semejante en torno al judaísmo ortodoxo, sí hay una larga tradición audiovisual que, desde diversos enfoques, con mayor o menor profundidad, refiere a la cultura judía, y que en la actualidad tiene referentes como Daniel Burman, Damián Szifron y Ariel Winograd, entre otros.

Casi feliz. Natalie Pérez y Wainraich. (Prensa)

«En Buenos Aires hay distintas culturas judías: la ortodoxa, la del comerciante del Once, la de la clase media alta de los countries, la clase media de Villa Crespo. Pero todas tienen en común haber venido de los mismos barcos. Es decir, que la cultura judía tiene una idiosincrasia signada por un pasado sufrido, la búsqueda por la supervivencia y una creatividad y destreza para, a pesar de todo, caer bien parados. Eso se ve plasmado en lo artístico: las desgracias y la cercanía a la muerte es, paradójicamente, lo que nos obligó a inventar una nueva realidad», afirma Hernán Guerschuny, director de la exitosa serie Casi feliz, protagonizada por Sebastián Wainraich.
Ela Mertnoff, historiadora y guía de tours de la comunidad judía en Buenos Aires, alude a una inquietud con frecuencia compartida por los artistas judíos, la de analizar su identidad étnica y nacional. «Es un tema importante al interior de la comunidad reconstruir la memoria, la experiencia de haber migrado, la integración posterior». Algo que, en cierto modo, Winograd confirma: «Me parece que el interés por la cultura judía está ligado con las raíces y las preguntas que se hace uno. Cara de queso, mi opera prima, surgió como una necesidad de entender mi pasado».