Cultura

Paisaje sonoro

Referente de la cultura andina, el compositor de la Quebrada de Humahuaca fue redescubierto en los últimos años por una nueva generación de músicos. El documental que repasa su obra y los homenajes que le dedicaron Divididos y Skay Beilinson.

De película. Una imagen de Vilca, la magia del silencio, dirigida por De la Orden y Cantore.

Como mi ser resucitará buscando la luz», cantaba Ricardo Vilca en su oda andina «Guanuqueando», que alcanzó popularidad en 2002, cuando Divididos la incluyó en su disco Vengo del placard de otro. El músico jujeño falleció tan solo cinco años después, en junio de 2007, pero dejó una obra que, a medida que se escucha y estudia, toma una nueva dimensión.  
La figura del oriundo de la Quebrada de Humahuaca va resurgiendo entre los más jóvenes. En 2017 la cantautora Nora Benaglia editó el libro El maestro de la Quebrada, que reúne fotos, entrevistas y las partituras de uno de los mayores compositores que dio Jujuy. «Ricardo transitaba la música y la vida como una sola cosa, y conocerlo me marcó para el resto de la travesía. En lo que respecta a la música aprendí otra manera de tocar en vivo, tanto en la conexión que se genera con el público como en el disfrute. En realidad creo que influyó en mi vida y, desde allí, en mi arte», dice Benaglia.
En septiembre de 2019, en el Festival de Cine de las Alturas de Jujuy, la película de apertura fue Vilca, la magia del silencio, dirigida por Ulises de la Orden y Germán Cantore, que obtuvo el premio del público como Mejor Documental. Con archivos inéditos y testimonios de sus hijos, exesposa y músicos amigos, el film es una muestra más de la sensibilidad de este artista que se expresaba desde la relación con su tierra.
«La motivación fue natural, porque nos encontramos con un artista increíble, sencillo y humilde que nos transportaba con su música. Con Ulises teníamos unas 20 horas de material de Ricardo grabando en su casa de Humahuaca, que quedaron del rodaje de Río arriba. Habíamos pensado hacer un documental en su momento, pero Vilca se nos fue de repente y no supimos qué hacer en ese momento de tristeza, hasta que decidimos retomarlo», dice Cantore a Acción.
La película recorre los paisajes de la quebrada y la puna que Vilca, en su tarea de maestro rural, supo habitar y que inspiraron unos temas en los que sopla el viento andino. «Por la emoción que generó en el público, con el estreno en Jujuy, me fui con la sensación de que el documental logra que Ricardo esté vivo de nuevo», afirma el codirector.

Reconocimiento póstumo
Cantautora, luthier y docente de música en Humahuaca, Micaela Chauque enseña a sus alumnos a tocar y cantar la música de Vilca. «“Sentimientos”, “El canto del tero tero” y “Guanuqueando” son canciones que suenan en clase y que transmiten una pintura de nuestra tierra y su gente, creadas por un artista que luchó desde la música para revalorizar la cultura andina». Para la artista quebradeña, «con Ricardo está sucediendo algo similar a lo que ocurrió con el Cuchi Leguizamón hace 20 años. Se lo está descubriendo de a poco y hoy son los changos los que más lo difunden».
Los músicos ligados al rock son los que más valor imprimieron a la obra de Vilca. Además de interpretar «Guanuqueando», Divididos lo homenajeó recientemente al grabar con los músicos que lo acompañaban el tema «Nada tengo». Anteriormente, con Vilca en vida, León Gieco le había puesto letra a «Rey Mago de las nubes»; el ex-Redonditos de Ricota, Skay Beilinson, lo invitó a compartir escenario en el Cosquín Rock de 2006; el grupo Me darás mil hijos organizó un recital en tributo a Vilca, y Bahiano, excantante de Los Pericos, bautizó a su disco de 2011 con el nombre del tema de Gieco y Vilca.
«Ricardo sigue generando cosas como por debajo de la tierra. Su música es la raíz que nos sostiene a muchos y nosotros somos sus brotes. Él sigue recorriendo esas profundidades aunque no se lo vea y va a seguir brotando mil veces más», concluye Nora Benaglia.