Cultura

Pasiones desatadas

Con historias y personajes más acordes a los tiempos que corren, el género se actualiza para ampliar su base de seguidores. La influencia de Migré en las telenovelas locales. El éxito de La casa de las flores, la ficción mexicana de Netflix.

Ícono. La miniserie protagonizada por Verónica Castro sedujo a nuevas audiencias.

Tras el éxito de La casa de las flores, se hizo evidente que el culebrón debió reinventarse para seducir a nuevas audiencias. La miniserie mexicana disponible en Netflix aborda la relación entre los integrantes de una familia tradicional, luego de que una relevación demostrara que nada era tan ideal como parecía. El hecho de que la principal protagonista sea la matriarca interpretada por Verónica Castro, ícono de la telenovela latinoamericana, señala la intención de parodiar al género que tuvieron los productores y autores.
En nuestro país, la telenovela tuvo una tradición tan rica como popular. El autor Alberto Migré fue quien mejor supo modular el vínculo entre la esfera sentimental y la pantalla chica, en un romance que se extendió durante décadas. Según Liliana Viola, autora del libro Migré, sus principales aportes refieren al quiebre con determinados aspectos nodales del género. «Para empezar, rompe el efecto tan de telenovela de dividir a la población de personajes entre buenos y malos, y a sus devenires, en felicidad y desgracia», dice. «Sobre todo a partir de los 70, los malos tienen sus razones y los buenos suelen tener una neurosis galopante, se ven afectados por el entorno social y casi nunca tienen un final feliz. Rolando Rivas no sería el mismo si la plata que saca en el taxi le alcanzara para poder comprarse un televisor, por ejemplo».
Ese tipo de masividad que convirtió a Migré en el Rey Midas de la telenovela nacional no encuentra punto de comparación en la actualidad. María Victoria Menis, guionista y realizadora que trabajó en los guiones de Cosecharás tu siembra y Más allá del horizonte (dos de los grandes éxitos de los 90), rememora: «Había que llenar 280 capítulos con situaciones de obstáculos que giraban y giraban e impedían el amor, para terminar bien». Menis señala que «las historias de amor son estructuras arquetípicas que te permiten ahondar en problemáticas sociales. Por ejemplo, en mi película María y el araña se habla del abuso, mientras que en  se reflexiona sobre la belleza y la discriminación».

El gran maestro
La escritora Erika Halvorsen (coautora junto con Gonzalo Demaría de Amar después de amar y Morir de amor, dos exponentes actuales) no solo ha trabajado con el melodrama en su variable televisiva, sino que también escribió los libros El hilo rojo y Desearás, relatos de pasiones desatadas que tuvieron sus respectivas adaptaciones cinematográficas. «En el cine y la tele entran variables que exceden al autor. En el primero, la impronta es del director; en la tele hay que amoldarse a un diseño de producción», afirma. «El melodrama es un gran maestro del que se nutren las series. El público se engancha con él y uno puede jugar con sus reglas y combinarlas con otros elementos. Soy bastante des-generada cuando escribo, porque creo que los géneros ya atrasan tanto en la vida como en la ficción. La estrella tiene que ser la historia», sintetiza.
Además de su masificación mediante la plataforma Netflix, uno de los principales motivos para explicar el impacto de La casa de las flores (que ya tiene su segunda parte asegurada) tal vez sea su capacidad de aunar criterios industriales con una mirada más autoral, centrada en una exploración mucho más diversa sobre la sexualidad y los vínculos afectivos.
En medio de este contexto, Argentina ha perdido –crisis del sector audiovisual mediante– parte de un mercado que supo conquistar a nivel internacional. Así lo expuso el actor y productor Pablo Echarri en el reciente Congreso de la Multisectorial Audiovisual: «Esto es un hecho artístico pero con un fin comercial, entonces resulta vital cuánto se invierte. Y nuestro país dejó de estar en el pelotón de los que más invertían. Mi última producción, La leona, tuvo un costo de entre 60.000 y 70.000 dólares por capítulo, mientras que en el resto del mundo se manejan cifras de 300.000, aproximadamente».