Cultura

Patios santiagueños

Son parte de la identidad local, el espacio donde se comparte el vino, se comen empanadas y se aprende a bailar la chacarera. Peteco Carabajal los define como «un estado de ánimo». Un recorrido por los espacios que abrieron en tierras bonaerenses.


Postales. El baile a cielo abierto levanta una polvareda a pura chacarera y una guitarreada en la emblemática peña del Indio Froilán. (Prensa Proyecto Bombo Legüero)

 

Los perros duermen la siesta bajo un sauce, circula otra tanda de empanadas recién salidas del horno de barro, mientras una gallina va picoteando las miguitas que caen. Un changuito se cuelga un bombo y sigue los pasos de su padre, que desenfunda una guitarra con una imagen del Gauchito Gil.
«¡Vamos, che!», grita alguien. Y el hom­bre empieza a tocar la chacarera «Puente carretero». El efecto es inmediato: 2, 4, 7 y más parejas se ponen a bailar y levantan una polvare­da. Giro, media vuelta, segundita, palmas. Esto recién empieza y hay para toda la tarde del domingo y hasta bien entrada la noche.
Entre una chacarera y otra se cuelan zambas, chamamés, gatos y escondidos. «Es como estar en Santiago del Estero, pero a 1.000 kilómetros de distancia. El espíritu es el mismo, la música es la que nos gusta tocar y bailar y, lo más importante, es que compartimos ese sentimiento de unión que nos despierta el folclore», dice a Acción Juan Navarrine, uno de los fundadores de «El patio del Cunyi», en la ciudad bonaerense de Salto.
«Lo del Cunyi», como lo llaman en Salto, es una muestra de cómo han aflorado los patios santiagueños fuera de Santiago del Estero. «Nosotros vamos, desde hace varios años, al cumpleaños de la abuela Carabajal que se hace en agosto en La Banda. En un viaje de regreso se nos ocurrió hacer un patio en Salto, para bailar y tocar folclore al aire libre», cuenta Navarrine de esta idea, que nació en 2013.

 

Costumbre familiar
Otro músico que armó su espacio es el violinista y guitarrista Daniel Cuervo Cañueto. Lo hizo en el enorme patio de su casa, en la localidad bonaerense de Bernal, y funciona los miércoles y algunos domingos. A lo del Cuervo la mayoría de la gente llega por las publicaciones en Facebook o por el boca a boca. «La entrada es gratis, toca el que quiere, hay un horno de barro para las empanadas, un quincho para los días de frío y solo se cobra lo que se consume», explica a Acción el hacedor de este encuentro.
En La Plata también suelen organizarse patios santiagueños: se llevan a cabo en un predio del barrio San Carlos. En Berisso, en tanto, el punto de encuentro es el Centro de Residentes Santiagueños.
Si hay una familia referente en la música santiagueña, son los Carabajal. Desde los tiempos de la abuela Luisa y don Carlos Carabajal, los niños aprendieron a caminar y tocar chacareras en los mismos patios. «Es el lugar donde compartimos con los amigos y la familia. El patio es un estado de ánimo donde las tristezas se transforman en alegría», cuenta Peteco Carabajal a Acción. El autor de la «Chacarera del patio» organizó este verano, en el Centro Cultural Konex, su patio santiagueño. «La idea es consolidarlo y moverlo por todo el país», asegura.
De todos modos, en Santiago del Estero el patio emblema es el del Indio Froilán. El luthier de bombos más solicitado de la provincia organizó un patio abierto en 1993, para todo el que quisiera ir. «Empezaron a venir amigos músicos de toda la provincia y, cuando quisimos darnos cuenta, el patio era un mundo de gente. Y lo repetimos todos los años, hasta que en el año 97 a Tere, mi mujer, se le ocurrió hacerlo los domingos y abierto para todos», cuenta Froilán.
En «De fiesta en fiesta», una de sus composiciones más bailadas, Peteco Carabajal dice que «mientras quede un santiagueño la chacarera no morirá». Con esta revalorización de sus ritmos y sus costumbres, todo indica que va camino a la vida eterna.