Cultura

Perfume de río

Grandes autores como Sarmiento, Lugones, Borges, Walsh y Haroldo Conti cayeron rendidos frente a sus encantos y le dedicaron páginas célebres. Las razones que hacen de las islas un punto de refugio e inspiración para los escritores de ayer y hoy.


Rincón emblemático. Duizeide (en el centro) brinda un taller literario en la casa-museo de Conti. (PRENSA)

Domingo Faustino Sarmiento fue uno de los escritores pioneros en quedar fascinados por los paisajes del Delta del Tigre. Y dejó registro en su libro El Carapachay: «Tantas maravillas no fueron
creadas para dejarlas abandonadas a las alimañas». Con su puntería descriptiva, Roberto Arlt escribió, en una de sus aguafuertes, que «el Delta argentino es uno de los pocos lugares
del mundo donde aún existe un puñado de hombres libres». Más acá en el tiempo, fue el refugio de Haroldo Conti y Rodolfo Walsh, dos escritores que no se callaron frente a las
atrocidades de la última dictadura militar y que compartieron la pasión por ese mundo anfibio que los ocultó y los inspiró.
Ilustres mujeres y hombres de letras como Rubén Darío, Rafael Alberti, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Oliverio Girondo, Marcos Sastre y Olga Orozco encontraron a las musas en sus aguas. Una mínima parte de esos secretos literarios que guarda el río son contados en un paseo guiado organizado por el municipio de Tigre, que parte de la Estación Fluvial para dar a conocer los territorios habitados o descritos por distintos autores.
Con una notebook en lugar de una máquina de escribir y con una conexión a Internet que fluctúa como el nivel del río, escritores con espíritu aventurero siguen llegando al Delta arrastrados por esa pasión que genera el paisaje. Uno de ellos es Juan Bautista Duizeide, que desde la ventana de su casa alcanza a ver el verde de los cipreses calvos y, detrás, algunos claros de follaje por donde
asoma el arroyo Gambado. El escritor, periodista y piloto de buques mercantes ha navegado en mares lejanos, vivido a orillas de la Isla Santiago mientras cursaba el Liceo Naval y recorrido en kayak la Isla Paulino y los recovecos del Delta. Duizeide luego ancló en el Tigre, que hoy lo tiene embelesado. «Hay un antes y un después de estar acá», explica. «Ha influido mi productividad: escribí ocho libros en menos de tres años. También como asunto de la escritura viene asomando en cuentos, ensayos y hasta poesía», diceel autor de las novelas En la orilla y Kanaka.
 


Lectura. La embarcación del paseo guiado. (Prensa)

Durante varias generaciones, el Delta de San Fernando fue el lugar de veraneo de la familia de Marisa Negri. «Aquí aprendí a leer y a nadar, a explorar el monte y a reconocer el mundo por sus sonidos. Luego dejamos de venir», recuerda. «Fue un sueño el que me trajo nuevamente. Una clara señal de que tenía que volver a ver qué había en este recodo del río en el que había sido feliz», le cuenta a Acción la poeta, docente y gestora cultural. Por las mañanas, Negri escribe y nada en el río. El resto del día lo ocupa su proyecto de La Bibliolancha, uno de los servicios de
la Biblioteca Popular Santa Genoveva: una embarcación con la que recorre escuelas, almacenes y casas llevando libros, además de organizar talleres a bordo con escritores, titiriteros
y poetas, para ir al encuentro de los chicos y chicas de la ribera.
«Escribir en el Delta es una mezcla de tranquilidad y peligro», sostiene la periodista y escritora Gabriela Borrelli. «La literatura es como un escondite y en este lugar, además, los
escritores heredan tradiciones que los hacen sentirse parte de este espacio encantado». Haroldo Conti dejó asentado en Sudeste que «no hay uno de estos tipos que resista ese
olor del río». Los isleños lo llaman «mal de sauce », porque quienes visitan el Delta suelen entrar en un estado de ensoñación que los atrapa. Y allí los escritores también encuentran un
mundo de inspiración y creación artística.