Cultura

Punto de inflexión

La actriz y dramaturga encabeza el biodrama Imprenteros, convertido en un hito de la escena independiente porteña. Y también se destaca en Yo, Encarnación Ezcurra. El recuerdo de sus comienzos en el teatro y su admiración por Mauricio Kartun.


En cartel. La artista participa en tres obras y se prepara para estrenar una nueva. (3 Estudio/Juan Quiles)

Nacida en Caballito y criada en Flores, la actriz Lorena Vega tuvo un gran 2019 con su biodrama familiar Imprenteros, que escribió y protagoniza junto con sus dos hermanos. La obra se ganó el reconocimiento de la crítica y agotó las funciones, transformándose en uno de los hitos del teatro independiente porteño. «Una de las cosas más locas que me pasó fue que me reencontré con mi terapeuta de hace unos años», señala la autora, para dar una muestra del alcance de Imprenteros. Considerada por Vega como un punto de inflexión en su carrera como dramaturga, se repuso en febrero en la sala Timbre 4.  
Uno de los componentes de las piezas en las que Vega actúa es la resonancia. A comienzos de año, con la reposición de la obra Yo, Encarnación Ezcurra, de Cristian Escofet, se viralizó la presencia en una función de la exgobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, junto a su nueva pareja, el periodista Enrique Sacco. Alguien del público gritó «¡Viva Encarnación Ezcurra! ¡Viva Cristina Fernández!», lo que derivó en un coro de aplausos y abucheos. La demanda de entradas en la siguiente función fue tan grande que se agotaron e hizo que las funciones se extendieran hasta fines de marzo, cuando el plan original era exhibirla solo en enero.
Desde principios de mes, también en Timbre 4, Vega volvió a escena junto con Valeria Lois con La vida extraordinaria. La pieza fue escrita por Mariano Tenconi Blanco, autor de otro clásico del off como Todo tendría sentido si no existiera la muerte, que, protagonizado por Vega, el año pasado pegó el salto al circuito comercial de la avenida Corrientes.

Referente
Vega cuenta que su acercamiento al teatro se produjo cuando era muy chica. «Tengo dos recuerdos. Una visita a la Feria del Libro con una amiga y su mamá, en la que hubo una obra. Y luego fuimos con el colegio, a un par de obras más. Me fascinó esa suspensión del mundo. Fue como una piña: quedé impactada. Pero la verdad es que no fui mucho al teatro. De adolescente, de pura casualidad, me anoté en un curso gratuito en el colegio Urquiza, por la propuesta de una amiga», dice.
Por muchas razones, considera a Mauricio Kartun como alguien importante en su carrera. «Durante mucho tiempo trabajé con directores de mi edad o con obras de creación propia. Y trabajar con Kartun en Salomé de chacra hizo que se desarmara todo aquello. Es un referente, tanto en dirección como en dramaturgia, con una textualidad más compleja, más barroca de la que manejaba yo. Su construcción literaria es distinta a la que yo desarrollé hasta ese momento. La escritura de Kartun está sobrecargada de distintas raíces de la literatura», afirma. En aquella obra, estrenada en el San Martín en 2011, el mito bíblico de Salomé se traslada a la pampa argentina y se recicla en clave gauchesca. «Fue un festín sangriento. Hubo mucha sangre en escena», describe.
La actriz ya comenzó los ensayos de Precoz, la adaptación que hizo Juan Ignacio Fernández de la novela homónima de Ariana Harwicz. Dirigida por la propia Vega, tendrá en el elenco a Julieta Díaz y Tomy Wicz y se estrenará, según lo previsto, en el mes de abril. Con tantos textos en la cabeza, cualquier mortal se marea. ¿Cómo se mentaliza una actriz para interpretar a esa cantidad de personajes? «Mi marido dice que tengo siete horas mentales de texto vigentes. Si me pedís el texto de una obra que ya no hago, me va a costar mucho, pero por ahí aparece en algún momento. Todo va saliendo», admite, con la misma convicción con la que sube al escenario.