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En los últimos años, las producciones en formato web crecieron a un ritmo sostenido. Similitudes y diferencias con la televisión tradicional. Financiamiento y desafíos.

 

Segunda temporada. El ciclo encabezado por Liniers busca el aporte de sus seguidores.

Las series realizadas exclusivamente para Internet ya no son una rareza. De un modo lento pero sin pausa, las producciones destinadas al universo online han ido creciendo en los últimos años, experimentando con diferentes temáticas, estéticas y duraciones. Las formas de financiamiento se han ido diversificando y, en esa dirección, son varios los premios locales que las han empezado a legitimar. Pese a que la televisión tradicional todavía las mira de reojo, las ficciones para la Web están llegando a su mayoría de edad.
Según un informe publicado este año por el Consejo Latinoamericano de Publicidad en Multicanales, alrededor de 8 de cada 10 hogares posee cable, lo que da idea de la influencia de la vieja y querida televisión. Es decir, darla por muerta no tiene mucho sentido. Pero, simultáneamente, Argentina es uno de los países con mayor acceso a Internet, con alrededor del 60% de su población conectada, contando residenciales y celulares. El video, por su parte, según un reporte de la empresa Cisco, constituiría el 76% del tráfico total de Internet por estas tierras (84% en los Estados Unidos, con lo cual la tendencia es unificada).
La Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) este año lanzó UN3TV, su señal de televisión digital. Su particularidad es la apuesta a que sus contenidos se dispersen por la Web, utilizando las redes sociales para llegar a la mayor cantidad de espectadores posibles, con episodios de entre 7 y 20 minutos. Dentro de las propuestas de la señal se encuentra Eléctrica, una sitcom dirigida por Esteban Menis, que cuenta con la presencia del dibujante Liniers (quien, a su vez, conduce en el mismo canal Momento con Liniers, un programa de entrevistas).
Eléctrica –que actualmente se encuentra realizando una campaña de financiamiento colectivo, a través de la plataforma Idea.me, para su segunda temporada– cuenta los avatares de un productor frívolo, con ínfulas de gran figura, que explota a sus únicos dos colaboradores mientras busca llevar adelante una serie que tenga a Liniers como protagonista. «Para mí, ya están instaladas las series web. Pero es cierto que, de acá a un tiempo, va a ser cada vez más normal», dice Menis, que además de dirigir encarna a uno de los protagonistas.
Para Menis no es extraño apostar a la Web para sus realizaciones y, por esa razón, ha ido construyendo una comunidad de seguidores. Luego de estrenar su filme Incómodos, en 2008, su proyecto online –que ya contaba con la participación de Liniers– Lloro de felicidad vio la luz en 2010 y continuó durante 3 años, alimentándose de la difusión de boca en boca a través de la red, siendo el inmediato antecedente de Eléctrica. Sobre el vínculo entre el mundo virtual y el formato tradicional de las ficciones, Menis opina que «la tele todavía está usando Internet de una manera un poco arcaica: se relaciona más con contar los tuits o cuántas menciones hubo».

Videochat. El universo del speed dating en Internet es retratado con humor e ironía en Círculo de citas.

En Buenos Aires, una de las principales iniciativas oficiales del año pasado en cuanto a apoyo a la producción artística fue la Bienal de Arte Joven. Además de financiar y promocionar los proyectos ganadores, incluyó una sección de audiovisuales que tuvo a las series online como protagonistas. Una de las seleccionadas fue Círculo de citas, que gira alrededor de lo que se conoce como un sistema de speed dating (los usuarios chatean a través de videoconferencia durante un minuto y deben decidir si se gustan como para seguir charlando en una ocasión posterior, hasta llegar o no a una cita).
Muestra de que el mundo virtual tiene sus propios códigos narrativos, Círculo de citas se desarrolla desde la óptica del «usuario habitual de Internet». Para su directora, Valeria Ordoñez, se trata de «pensar y de reflejar, en los 5 minutos que dura el capítulo, cómo es que nos estamos comunicando entre nosotros, en busca de alguien que nos solucione todo en un par de clics». La serie, que se rodó en una semana y con un equipo reducido, lleva alrededor de 15.000 visualizaciones y fue proyectada durante la Bienal en el Centro Cultural Konex.
Ante el debate sobre si lo realizado para Internet requiere de una manera propia de contar historias, probablemente lo que haya marcado un antes y un después es el éxito internacional de House of cards. Hecha especialmente para Internet por el gigante Netflix, es el primer tanque que siguió esquemas de producción tomados de la televisión. Otras empresas grandes del sector como Yahoo, Hulu o Amazon también incursionaron en el rubro. Amazon incluso presentó varios pilotos de proyectos y abrió la votación al público para decidir cuál financiar completamente. Sin embargo, hasta ahora ninguna ha conseguido la repercusión obtenida por Netflix.
No obstante, Julio Bertolotti –productor de cine, televisión y transmedia, creador del Neotvlab de la Untref– plantea que «House of cards sólo se entiende como inversión en promoción de Netflix» y que no se trata, necesariamente, de una vara que sirva para medir la madurez de la distribución de contenidos audiovisuales online. Presupuesto al margen, Bertolotti observa que a escala  local «hay muchos otros productos de ficción producidos con criterio y alta calidad y que se emiten en formato de streaming gratuito, que son financiados con publicidad. Algunos ejemplos son la serie de videos de Ramiro Agujis producida por Luis Rubio y NAH! Contenidos, que ya alcanzó las 5 temporadas». De todas maneras, Bertolotti piensa que por un tiempo seguirán teniendo mayor injerencia los productos televisivos y, por ese motivo, pone la mira más bien en mejorar su distribución digital.

Diego Braude

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