Cultura | 79º FESTIVAL INTERNACIONAL DE VENECIA

Escándalos y películas

El encuentro cinematográfico llegó a su fin entre celebridades, premios y polémicas. La destacada presentación de Argentina, 1985, de Santiago Mitre.

Figuras. Alejandra Flechner, Darín, Mitre y Lanzani fueron distinguidos por 1985; Poitras, Blanchett y la protesta encabezada por Moore.

Que Harry Styles escupió a Chris Pine en la proyección de No te preocupes, cariño y que su directora, Olivia Wilde, ya no se habla con la protagonista, Florence Pugh. Que, criticada por su acento cubano, Ana de Armas se quiebra durante el largo aplauso a la biopic Blonde y asegura que el espíritu de Marilyn Monroe estuvo presente durante todo el rodaje. Un Brendan Fraser, exaventurero musculoso y hoy físicamente sobredimensionado, se deshace en lágrimas tras el estreno del film que marca su «regreso». Julianne Moore y el jurado que encabeza se plantan en la alfombra roja para protestar contra el encarcelamiento del director iraní Jafar Panahi, que presenta en competencia su último film, realizado clandestinamente. Tilda Swinton llega con los colores de la bandera ucraniana en el pelo y en la ropa, en solidaridad con la población del país invadido. Y, mientras presenta su inesperadamente optimista documental sobre los usos de la energía nuclear, ahí está Oliver Stone, que dice: «El odio entre Estados Unidos y Rusia va y viene; ya va a desaparecer. Si somos inteligentes trabajaremos juntos».
Tras diez días de cierta agitación (a los que la muerte de la reina de Inglaterra quitó del foco de atención internacional por al menos una jornada), el fin de semana pasado terminó la 79na edición del Festival de Cine de Venecia, dejando tras de sí algunos pequeños escándalos, las insoslayables elecciones de vestimenta de algunas estrellas y varias declaraciones políticas que ya se verá qué alcance logran. También hubo un montón de películas de distintas partes del mundo, con temas y voces de una diversidad que cada vez llega menos a las pantallas comerciales, y habría que decir que eso es lo que de verdad importa. Aunque lo anterior es parte de lo mismo y, como suele decirse, toda publicidad, incluso la mala, es bienvenida.
Hubo entre las producciones que importan dos argentinas. Algo une a la indefinible aventura detectivesca Trenque Lauquen, estrenada en la sección Orizzonti, con Argentina, 1985, de Santiago Mitre y a la que a esta altura ya todos conocen como «la del juicio a las Juntas», con Ricardo Darín como el fiscal Julio Strassera y Peter Lanzani como Luis Moreno Ocampo: la figura de Mariano Llinás. La primera pertenece a la productora independiente El Pampero, una de las que más hizo por insuflar de nueva vida al audiovisual local contemporáneo: la dirige una de sus figuras principales, Laura Citarella, y la protagoniza otra, Laura Paredes. Por su parte, Argentina, 1985 está coescrita por Llinás, cofundador de El Pampero. Se trata de dos extremos del cine que puede producirse en Argentina hoy: uno hecho con recursos económicos mínimos, una estructura casi «familiar» y el apoyo de algunos fondos extranjeros y la FUC; y otra con un presupuesto mucho más generoso y algunas de las mayores estrellas del medio local. La muy buena repercusión crítica de esta última, expresada en el premio Fipresci que obtuvo en Venecia, la ubica en un prometedor camino internacional, con estreno estadounidense garantizado.

Ventana al mundo
El León de Oro fue para el documental All the Beauty and the Bloodshed, de la directora estadounidense Laura Poitras, una obra «profunda e incendiaria», según Variety, sobre la fotógrafa Nan Goldin. No era sin embargo la favorita de críticos y concurrentes, que parecían apostar por títulos como Tár, primera película como director de Todd Field en más de quince años (tras En la habitación, por la que fue nominado al Oscar, y Little Children), y por la que Cate Blanchett se llevó la Copa Volpi a mejor actriz; o The Banshees of Inisherin, del inglés Martin McDonagh (En Brujas, Tres anuncios por un crimen), que se quedó con los premios a mejor guion y a mejor actor (Colin Farrell). Definida como un «sensual romance caníbal», la nueva de Luca Guadagnino, Bones and All, obtuvo el León de Plata al mejor director y el Premio Marcello Mastroiani a mejor actor joven fue para Taylor Rusell. 
Pero estos fueron, sin restarles mérito a las obras en las que participaron, los nombres destinados a los flashes, mientras que el Gran Premio del Jurado fue para una pequeña y valiosa historia a descubrir, Saint Omer, un drama tribunalicio basado en un caso real sobre una inmigrante que confiesa haber matado a su bebé, de la francosenegalesa Alice Diop. Es en films como este (o en los otros estrenos italianos, o los proyectos árabes y africanos inconclusos que compiten acá por un fondo que les permite completarse, o los de las productora filipina Epicmedia, que halla aquí la plataforma ideal para su particular estrategia destinada a consolidar coproducciones internacionales) donde el festival parece seguir encontrando su esencia: la de convertirse en primera ventana de una variedad de películas que demuestra que se sigue produciendo un cine diverso y estimulante en el mundo, aunque buena parte de este jamás llegue a la cartelera comercial, saturada de súperhéroes, dibujos animados y films sobre exorcismos; ni ocupe los espacios más visibles de las plataformas de streaming, que están redefiniendo en este momento la manera en que se ven y se piensan los contenidos audiovisuales.
Quedará todo eso con un poco de suerte a lo largo del próximo año y sonará inevitablemente, durante unas semanas más, el modesto chusmerío en torno a las posibles desavenencias en el equipo de No te preocupes, cariño. Mucho «él dijo, ella dijo». Escupitajos desmentidos, diferencias irreconciliables; que si a Shia LaBeouf lo echaron por intenso e intratable o se fue por las suyas, descontento con la producción. Escándalos que a veces dañan y a veces impulsan, agitan y estimulan. A esta altura, cualquier pretexto que sirva para que el público apague por un rato su SmartTV y se acerque hasta una sala de cine a ver una película en compañía de otras decenas de personas debería ser bienvenido.


Mariano Kairuz