Cultura

Registros públicos

El mundo de la música, los luthiers, la arquitectura y la educación alternativa son abordados por directores que, sin despegarse de lo real, incorporan herramientas propias de la ficción. La nueva película de Pino Solanas y otros estrenos recientes.

En el estudio. Transformación sigue la grabación del disco homónimo de Palo Pandolfo.

El documental cinematográfico soporta algunos prejuicios: se los suele catalogar de esquemáticos, fáciles de realizar y otras falacias. Sin embargo, la riqueza del formato sostiene su vigencia. Una rápida mirada a la coyuntura revela la existencia de distintos ejes temáticos en las producciones actuales, consumadas por un registro que construye sentido de diversas maneras. Las herramientas utilizadas por los realizadores son innumerables e incluso pueden incluir la ficción, sin que ese peso invalide su abordaje de lo real.
Desde comienzos de año hasta el mes de mayo –según registra el sitio Todas las críticas–, fueron dieciséis exponentes del formato los que tuvieron su estreno comercial en el país, a un promedio de tres por mes. Aunque su difusión (esto no cambia) siempre es magra, la cifra no deja de ser considerable.
Tal vez el de Fernando «Pino» Solanas sea el caso más emblemático. El ciclo cinematográfico inaugurado por el director en 2004 con Memorias del saqueo y continuado por La dignidad de los nadies (2005), La Argentina latente (2007), La última estación (2008), las dos partes de Tierra sublevada (2009/2011) y La guerra del fracking (2013), expresa una fe en el género que se remonta a los tiempos de la célebre La hora de los hornos. Viaje a los pueblos fumigados es su última entrega, fechada en 2018, que lo lleva por la Argentina del siglo XXI, cámara en mano, para indagar qué sucede con los agrotóxicos.
Uno de los últimos en llegar a las salas fue Los corroboradores, ópera prima de Luis Bernárdez, que está construida sobre la idea de que la memoria se alimenta más de los mitos que de la propia historia. El documental registra la influencia que la arquitectura de París tuvo sobre la planificación urbana de la Buenos Aires de finales del siglo XIX. Pero lo hace recurriendo a elementos del thriller, el policial negro y la farsa.

La mano invisible
También estrenado recientemente, Ser luthier (manos argentinas) invita a acercarse a la música, pero desde una profesión que no es tan común, como la del fabricante artesanal de instrumentos. Rocío Gauna y María Victoria Ferrari se embarcaron en el proyecto de gestionar y dirigir un film que muestra cómo es el trabajo del luthier, pero, sobre todo, la razón de ser un obrero del arte.
En abril y mayo se exhibió en el CCC La educación en movimiento, el trabajo conjunto de Malena Noguer y Martín Ferrari, militantes y educadores de Ñanderoga, una organización social de Villa Las Flores. Al cabo de casi un año y medio de viaje a bordo de su camioneta por Sudamérica, reunieron material suficiente para armar esta producción autogestionada.

Taller de música. Una escena de Ser luthier.

«Recorrimos muchas de las luchas de América en un momento histórico del continente», cuenta Noguer. «En Bolivia compartimos quince días en la Universidad Indígena Quechua “Casimiro Huanca”, impulsada por las organizaciones sociales. También, realizamos diversas entrevistas con referentes de la temática, entre ellos, al viceministro de Educación Alternativa y Especial. Y conocimos la experiencia de Wayna Tambo, en El Alto de La Paz, un Centro de Educación Alternativa», enumera.
Transformación, en tanto, registra paso a paso la grabación del disco homónimo de Palo Pandolfo y su grupo La Hermandad. Iván Wolovic, el director de este notable registro, logró lo inesperado: captar un momento sin hacerse notar. «Hay algo en mi forma de filmar que tiende a la invisibilidad y le saqué provecho. Estoy acostumbrado a trabajar con  músicos y a estar en silencio. Acá hubo una convivencia y mi presencia no incomodaba. Cuando los músicos venían, participaba de los encuentros sin intimidar; de hecho yo también hablaba, pero lo invisibilicé en el montaje. Fue una decisión: dejar la cámara casi flotante, captando los mejores ángulos para contar».