Cultura

Ritmo latino

Con pioneros como Los Wawancó, que esparcieron el género en el país desde los 50, la movida encontró un nuevo impulso con la aparición de orquestas como la Delio Valdez. Sintonía con la tradición y con una audiencia que no es habitué de las bailantas.


Banda completa. Los integrantes de la Delio Valdez, referentes del circuito local.

En un boliche de Boulogne, al norte del Conurbano bonaerense, el ritmo suena y cientos de jóvenes sacuden las caderas con frenesí. Es un clásico imbatible de décadas de fiestas y tradición: «La pollera colorá», tocada por los Wawancó, pero podría ser cualquier otro hit de la cumbia colombiana. Y aunque todo parece indicar que esa tradición está de regreso de la mano de estudiantes de otros países, de músicos inquietos que investigaron las raíces del género y de entusiastas que la bailan en ciudades de todo el país, los expertos aseguran que, en realidad, nunca se fue.
«Lo primero que habría que considerar es que la cumbia colombiana derivó en nuestra música tropical», aclara Lucho Rombolá, especialista en el tema y conductor del programa Cumbia de la pura, emitido por Radio Madre. Los Wawancó, de La Plata, son los pioneros de la especie en Argentina y arrancaron en 1955. «Eran mayoría de inmigrantes latinoamericanos –chilenos, costarricences, peruanos y colombianos– que se reunían en festivales donde se tocaban ritmos que no pertenecían a Argentina, pero que circulaban por el fenómeno de la migración», explica Rombolá.  
El estallido del género llegó con la visita del Cuarteto Imperial en 1964, que revolucionó todo, introdujo el acordeón y prendió rápidamente en las provincias. «Ahí se empiezan a armar las primeras bandas de cumbia argentina», dice Rombolá. Una de las más significativas del proceso fueron Los Palmeras, aún vigentes.
Todos los estilos que se bailan en los cumpleaños de 15, casamientos, fiestas populares derivan de aquellos años: la cumbia norteña, la santafesina, la villera y hasta la «cheta». La vertiente colombiana vive un reverdecer desde hace unos diez años, con la aparición de nuevos exponentes destacados como la Delio Valdez, además de otras orquestas como Sonora Marta La Reina, Onda Sabanera, Jimmy y su Combo Negro o La Sonora Master.
El fenómeno no es exclusivo de la ciudad de Buenos Aires ni del Conurbano. Casi todas las grandes urbes tienen su movida. En Rosario, por ejemplo, están Los Alegres, Chiquita Machado y otras, y hay sellos independientes que lanzan discos, informa el periodista Mariano Abrach. En Córdoba, cuenta la agente de prensa Natalia Fernández, se anotan Aguardiente y artistas muy influenciados por la música latinoamericana, como Vivi Pozzebón. El circuito se extiende por Mendoza, Salta, Santiago del Estero, Mar del Plata y La Plata.

Bohemia pachanguera
El corazón de la movida está en los barrios de clase media del norte del Conurbano bonaerense. «También se autodenominan cumbieros, pero realizan los shows en sus propias fiestas. A veces se autogestionan, otras son contratados, pero tienen otra dinámica, otros valores, otros códigos y modos de trabajar. Su público no es el de la bailanta, sino que está relacionado a la bohemia», describe Rombolá.
Su colega Oscar Benítez, del colectivo Cultura Cumbia, de La Plata, coincide con el análisis: la extracción de clase media, el perfil universitario de un público que puede considerar «grasa» o «berreta» a la cumbia local, pero que disfruta de la vertiente colombiana o la mexicana. «En La Plata se armaron muchos grupos de la tradicional, la que se toca en las zonas rurales de Colombia», destaca Benítez. Cultura Cumbia es un proyecto que engloba festivales, talleres y charlas.
«Una de nuestras facetas más importantes es que somos un grupo de investigación de músicos que nos pusimos a aprender cómo tocar un género», cuenta Pablo Broide, integrante de la Delio Valdez, señalada unánimemente como referente de la nueva camada. Entre ellos, explica, había muchos instrumentos de viento, que no son tan frecuentes entre los grupos locales, y buscando arreglos musicales se sumergieron en el sonido colombiano. «Si bien la cumbia está en los oídos de todos, ahora se sumó gente que no venía de ahí y la empezó a tocar desde otro lado, con una cuestión de época también, porque estaba la idea de reconectar con Latinoamérica», plantea Broide. La movida resultante, explica, es ante todo inclusiva. «Se mezcla gente de distintas edades, más concheta, más hippie, más bailantera, más de barrio: llega a todo el mundo muy fácilmente».