Cultura

Ritmo propio

Tiempo de lectura: ...

Como integrante de bandas como Las Taradas o La Cosa Mostra, lo mismo que con su proyecto solista, la cantante y compositora despliega un universo de canciones personales que se nutren del trabajo colectivo, la autogestión y la militancia feminista.

Voz poderosa. De formación autodidacta, admira a Joni Mitchell y Marianne Faithfull. (Jorge Aloy)

Me enamoré de la música de muy joven, pero no sabía si ese podía ser un amor correspondido», dice la cantante y compositora Paula Maffia. Nacida en Buenos Aires, en plena adolescencia y sin pedir permiso, esta insomne perpetua, lectora voraz y dibujante en ciernes se fue a anotar al conservatorio. «Me volqué al piano por necesidad. Y empecé a componer por accidente, porque se me escapaba un dedo y me parecía increíble lo que sonaba». La guitarra apareció después y de la mano de su papá, una criolla que tenía olvidada en el placard: «Un cajón de manzanas imposible de tocar, pero salieron muchas canciones de ahí, algunas que incluso todavía toco. Siempre comencé por la letra, la melodía viene después».
A los 17 pisó por primera vez un escenario. El estudio, entretanto, quedó trunco. «Yo ya componía, militaba el punk y el indie. Así que el conservatorio definitivamente no era mi espacio», explica. Su primer proyecto propio fue Acéfala, pero su nombre comenzó a llamar la atención en la escena porteña a comienzos de 2010 con Las Taradas, una orquesta femenina que rememora canciones populares de mediados del siglo pasado. Y lo mismo ocurrió con La Cosa Mostra, banda con un repertorio que va del swing al jazz, pasando por la música italiana de los 60: «Yo llevé canciones y fueron la excusa para generar una especie de crisol sonoro muy incorrecto pero interesante, con mucho humor», dice.  

Ideología musical
Fascinada por artistas como Joni Mitchell, Françoise Hardy, Marianne Faithfull o Joan Baez, entre sus referentes del rock argentino se cuentan Celeste Carballo, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, Viudas e Hijas de Roque Enroll y las Blacanblus. Su primer y gran flechazo, sin embargo, lo identifica en María Elena Walsh: «Una erudita, una exégeta, una cantora, gran compositora e increíble intérprete».  
«Creo en el trabajo colectivo, en la horizontalidad. Compongo sola, pero ejecutarlo en conjunto es poderosísimo. Cuantas más personas haya arriba de un escenario, mejor», asegura. Fue hace unos pocos años que sumó, sin interrumpir lo demás, la pata solista. Paula Maffia & Sons se completa con Lucy Patané y Nahuel Briones. «Mi nombre daba vueltas, pero muy poca gente sabía quién era yo. Era hora de perder esa timidez que siempre tomé como natural», dice. Ahí apareció su disco debut, Ojos que ladran, antecesor del flamante Polvo.
En todos los proyectos que lleva en paralelo, la variante que se mantiene como distintiva es su poderosa voz. «Canto desde nena. Fue muy intuitivo. Recién a los 27 estudié canto, ya con dos discos grabados. Pasé por un millón de profesores con los que no duré más de una clase, pero caí en el estudio de Lili Rossi y ella me pulió la personalidad. La voz es el instrumento donde yo juego. La letra es mi instrumento neurótico. Y la melodía para mí es más como pintar, es la línea. Tiendo a un barroquismo enorme, pero apunto a la simplicidad».
Aunque desde afuera su prolificidad resulte impactante, Maffia se autopercibe como una creadora lenta. «Paquidérmica», en sus propias palabras. «Voy a mi ritmo. Sé que esta búsqueda me va a tomar mucho más tiempo, pero me interesa trascender como artista más que pegarla», asegura, y esa libertad es conquista de su convicción autogestiva. Un tipo de independencia que no concibe en soledad, tampoco, sino en modo cooperativo. Y eso se alimenta a su vez de su lucha para  que haya más mujeres en los escenarios, de su militancia por la legalización del aborto seguro, gratuito y legal. «Cada vez pisamos más fuerte, nos visibilizamos más. Por ejemplo, no sé cuánto me representa a mí un tema como “Flaca”, de Calamaro. Y es que no se trata solamente de que se escuche nuestra música o de que tengamos más trabajo: cuando pisamos un escenario además se escucha nuestro discurso, nuestra letra, nuestra manera de ver el mundo».  

Estás leyendo:

Cultura

Ritmo propio