Cultura

Sello norteño

Con la inauguración de una escuela universitaria destinada a la formación de profesionales del rubro audiovisual en la provincia, en los últimos años se multiplicaron las películas, series y documentales que indagan en las claves de la identidad local.


Producciones. El motoarrebatador, La hermandad y Zombies en el cañaveral. (Prensa)

La apertura de la Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión de la Universidad Nacional de Tucumán en 2005 aparece como una pieza fundamental del crecimiento del sector audiovisual. La formación de cuadros técnicos específicos para la actividad –guionistas, directores, productores, sonidistas y montajistas– en su propio territorio fue clave para que la provincia haya podido desarrollar y afianzar la profesión, sentando las bases para generar una industria local.
Otra de las patas importantes fue la creación de la asociación Tucumán Audiovisual, que reúne a gran parte de los trabajadores del sector. Desde este colectivo han impulsado la ley de cine para la provincia, que fue aprobada en 2018 pero que aún no fue reglamentada, ocasionando un grave perjuicio para los trabajadores.
Los datos de la asociación indican que tan solo entre 2017 y 2019 se produjeron cuatro series, dos para la web y dos para televisión. En tanto, otras cuatro series están en proceso de desarrollo, con fondos concursados en la región. En materia cinematográfica, en el mismo lapso se rodaron cuatro largometrajes de ficción y cuatro documentales. Y en los meses previos a que se desatara la pandemia había otras cinco películas que se encontraban en etapa de preproducción.
«Este cine tucumano emergente se empieza a gestar hace unos 15 años, con la Escuela de Cine y con el Festival Gerardo Vallejo, que en 2016 se convirtió en una muestra latinoamericana de óperas primas en competición. Esos fueron los puntos de encuentro y exhibición», dice Martín Falci, presidente de la Asociación Tucumán Audiovisual y director de La hermandad, una película que participó en el FIDBA 2019 y ganó el premio a Mejor Montaje, para finalmente llegar a los cines en septiembre pasado.

La mirada interior
El nuevo cine tucumano no solo se caracteriza por estar hecho por realizadores locales, sino que lo más significativo son las historias que aborda. Temas que en la provincia son tabú, como el Operativo Independencia, los desaparecidos, los femicidios, la violencia contra los colectivos LGTBQ, las tradiciones religiosas y el conservadurismo de las clases dominantes.
Entre la buena cosecha reciente se destaca la película El motoarrebatador, del director Agustín Toscano, uno de los films argentinos más premiados en 2018 en festivales de todo el mundo. «Una de las características de nuestro cine es el regionalismo, el humor tucumano, nuestro modo particular de hablar. Tratamos de buscar dentro de los diferentes tipos de tucumanos que somos todos y llevarlo a las películas, para mostrar algo que antes no estaba en escena», explica Toscano. Su nuevo proyecto es un documental filmado en la cárcel de mujeres de la Banda del Río Salí, sobre un caso policial célebre en la provincia.
Pablo Schembri es el director del Zombies en el cañaveral, docu-ficción que participó en la última edición del Festival de Cine de Mar del Plata y ganó como mejor película en el Buenos Aires Rojo Sangre-BARS. «A pesar de ser una provincia con paisajes muy bellos, el cine tucumano actual se centra más en lo urbano, en situaciones que suceden en la ciudad y que buscan revisar nuestra historia más reciente», describe Schembri.
Planta permanente obtuvo cuatro premios en el último Festival de Mar del Plata. Ezequiel Radusky, su director, señala: «Hoy nuestro cine está cosechando lo que venimos sembrando hace un montón de años, pero todavía hay gente que nos gobierna a la que le cuesta entender que somos una industria que genera trabajo. Por eso tuve que filmar mi película fuera de mi provincia, pero soy tucumano y pienso obras que suceden en Tucumán».
Hecho con más garra que dinero, el nuevo cine tucumano es joven e irreverente. Tiene como antecedente la obra de Gerardo Vallejo, pero se mira a sí mismo, se hace preguntas y cuestiona los valores de una sociedad conservadora a la que deja al desnudo.