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El género está en pleno auge en el mundo a partir del éxito de la novela británica «Cincuenta sombras de Grey». Argentina no escapa al fenómeno y también cuenta con sus propios exponentes.

Ícono. Lolita en su último desembarco en el cine, el mismo destino que se anuncia para Cincuenta sombras de Grey durante 2014.

La primera vez que Anastasia Steele y Christian Grey se cruzan, ella está de rodillas en el piso. Ha tropezado con sus propios pies, y el hombre alto y apuesto que le tiende una mano para levantarse tiene sus ojos grises clavados en los suyos. Cuando sus dedos se tocan, Anastasia siente «un extraño y excitante escalofrío por todo el cuerpo». La emoción se multiplica, a medida que avanzan las páginas de Cincuentas sombras de Grey (Random House Mondadori), el best seller internacional que narra las prácticas sadomasoquistas entre una estudiante universitaria y un joven multimillonario, y que ha provocado una revitalización de la literatura erótica.
Del libro de la británica Erika Leonard –una ex productora de TV que firma con el seudónimo E. L. James– se han vendido 50 millones de copias en el mundo (200.000 de ellas en la Argentina). Y no sólo eso, porque se ha convertido en una trilogía –con Cincuenta sombras más oscuras  y Cincuenta sombras liberadas– que encabeza los rankings de libros más leídos en España y Latinoamérica.
Si bien el género no es nuevo –El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence; Trópico de Cáncer, de Henry Miller; Lolita, de Vladimir Nabokov; Delta de Venus, de Anaïs Nin y Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, son algunos referentes–, distintas editoriales inauguraron 2013 con títulos «voluptuosos» y apuestan a lanzamientos del mismo estilo.
Pero, ¿a qué se debe el éxito de un libro como Cincuenta sombras de Grey, calificado como «porno para mamás» por algunos críticos, que echa mano de clichés y, narrativamente, es más bien plano? Para Florencia Cambariere, editora de Random House Mondadori Argentina, obedece a que «desde el primer tomo, entre los personajes se establece una relación amorosa y un juego psicológico intenso, y a que ambos personajes son atractivos  y con una historia de amor de un alto voltaje erótico. Todo esto hizo que se rompa el techo de cristal de la novela romántica, que de por sí cuenta con millones de lectoras en el mundo, y se transforme en un fenómeno editorial sin precedentes».
Otra vuelta le dan en Internet blogueros y hasta psicoanalistas, quienes plantean que el atractivo del libro está en su paradoja, ya que además de recrear la fórmula de los cuentos de hadas (ella es una chica virgen e inocente; él, un «bombón» con avión privado) y experimentar con los límites sexuales, éste reivindica la idea de la pareja. En un mundo en el que la fantasía suele ocurrir puertas afuera (infidelidad), el vínculo entre ellos incluye un contrato sexual, en el cual se establecen «derechos y obligaciones».
A nivel local, aparte de Federico Andahazi, quien en 1996, con El anatomista aportó además de erotismo, buena literatura, se han publicado antologías de relatos como En celo (Sudamericana, 2007) y libros como Nada más que una noche (Vergara-Ediciones B, 2012), de Anabella Franco.
Emecé-Planeta lanzó recientemente Cuarenta grados a la sombra, con 10 cuentos de autoras argentinas, entre las que se cuentan Lola Arias, Gabriela Bejerman, Mariana Chaud y Mercedes Halfon. La editora, Julieta Bliffeld, dice que la idea del libro surgió después de que nació su tercer hijo. «Como una suerte de rebeldía interna, empecé a escribir cuentos calientes para contrarrestar la imagen de madre sin deseo que la sociedad impone. Una conocida me sugirió que armara una antología, y así lo hice. Convoqué a las que yo considero las mejores autoras de mi generación (nacidas entre el 70 y el 83) y les pedí que escribieran un cuento porno. Creo que los cuentos son fuertes, cada uno tiene una impronta diferente, humor, ternura, sensibilidad».
«Cuando Julieta me invitó, acepté porque me interesó escribir sobre sexo a pedido. Casi como si me pagaran por escribir pornografía para un folletín», comenta Arias. La escritora y directora de teatro creó así «El tratamiento», un logrado relato que narra «la relación sexual de un hombre y una mujer de los cuales no se sabe casi nada, donde la escena erótica tiene ese carácter interrumpido y torpe que a veces tiene el sexo». En el caso de Bejerman, su cuento «Esa troncha trenza de carne», incluido en el libro, «ya estaba escrito e inédito, y calzaba justo con el pedido. Es un cuento “sarpado”, que se satisface de transgredir, un cuento que penetra violentamente sin perder el humor», explica la autora sobre una historia que protagonizan unas lesbianas y que apuesta a la intención de este compendio: «calentar a sus lectores».
Para el Día de los Enamorados salió a la venta Amor (Sudamericana), donde la chilena Isabel Allende reúne pasajes eróticos y amorosos de sus libros. Otros títulos aparecidos son Desnuda (Suma de Letras), de Raine Miller, y El centro del mundo, del uruguayo Ercole Lissardi (Planeta). Próximamente, Plaza y Janés publicará Diario de una sumisa, de Sophie Morgan, y The Juliette society, de Sasha Grey. El sello Roca editará la trilogía de Eve Berlin, que comienza con El límite del placer. Y Planeta hará lo propio con S.e.c.r.e.t., de E. M. Adeline; El kamasutra de Grey, de Laura Elías, y El infierno de Gabriel, del canadiense que firma como Sylvain Reynard. Por lo visto, el boom continuará…

Francia Fernández

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