Cultura | De cerca | DAVID LEBÓN

«Soy un guitarrista clásico»

Integrante de bandas fundamentales como Pescado Rabioso, Pappo’s Blues y Serú Girán, recibió el Gardel de Oro por su último disco solista. El descubrimiento de Los Beatles y los orígenes del rock argentino. Las sensaciones de volver a tocar en vivo después del parate obligado por la pandemia.

(Gentileza Sony Music)

Serenidad, entusiasmo y alegría es la combinación de sensaciones que transmite David Lebón. El músico arrancó la temporada con un espectacular recital en el Estadio Obras, que marcó el reencuentro con su público después de un largo tiempo. «Fue como volver a vivir después de un tremendo año, en el que tuvimos que permanecer encerrados por la pandemia», describe en diálogo con Acción. «Yo lo padecí mucho al 2020, porque con mi banda veníamos con un envión enorme, con muchos shows y giras por delante. Y de pronto ese mazazo nos paralizó. No es fácil volver a empezar», afirma el cantante y guitarrista de vasta trayectoria en el rock argentino, que pasó por bandas emblemáticas como Pescado Rabioso, Pappo’s Blues y Serú Girán y que, en la última entrega de los premios Gardel, se quedó con seis estatuillas, incluyendo la de oro, por su disco solista Lebón & Co.
–¿El show que brindaste en febrero en Obras fue una manera de sacudirse todas las pálidas?
–Fue como una linda revancha, porque no todos los días se puede tocar en Obras, un templo del rock, lleno de historia. Y justo se me dio en medio de la pandemia. Fue movilizante todo, empezando por el hecho de volver a tocar para la gente, que estaba separada en pequeños corralitos. Pero percibí que lo disfrutaron mucho, como me pasó a mí.
–¿Qué sentiste durante el recital?
–Estuve muy conectado con mi banda, pero en un momento me pasó que no quería que terminara, estaba todo de mil maravillas, con la gente cantando los clásicos de todos los tiempos. Y en los días posteriores al recital lo fui paladeando más, creo que fue una hazaña haberlo hecho en medio de la pandemia y agradezco haberme animado, porque uno ve que los contagios siguen día a día. Esto no estaba en los planes de absolutamente nadie.
–¿Qué facetas descubriste en este tiempo de parate y de quedarse en casa?
–Nada que no hiciera antes, solamente desarrollé un poco más la paciencia, algo que tenía pendiente. Pero no la pasé nada bien, soy una persona inquieta, que va y viene, por lo que tener que quedarme de brazos cruzados me produjo angustia. Y confieso algo: soy claustrofóbico, por lo que estar sin salir, más que desarrollar otras facetas, me bloqueó bastante.
–¿Qué enseñanza te deja el coronavirus?
–Viendo lo que pasa a mi alrededor, una fundamental es que las cosas pueden desaparecer en un minuto, que todo puede cambiar en un instante. Si hace un año era una persona de planear y programar con tiempo, hoy debo decir que lo mejor para mí es vivir el día a día y, sobre todo, con amor. El amor es lo único que perdura y sana.
–A pesar del encierro, te las ingeniaste para realizar algunas presentaciones en 2020.
–Necesitaba imperiosamente volver a la música presencial y a fines de 2020 nos juntamos con amigos a tocar en la terraza del Teatro Coliseo, pero no fue un streaming, solo fue compartir con gente que adoro y que además son artistas enormes. Fue un evento organizado por el Coliseo, en conmemoración de la primera transmisión de radio que se realizó desde allí y agradezco infinitamente haber sido convocado, fue de mucha ayuda.
–¿Por qué?
–Porque la cabeza, en un momento, no para. Y empezás a maquinar, a mirar el futuro y a pensar: «¿Esto va a ser siempre así?». Es un peligro, no es ninguna novedad decir que una de las grandes secuelas de esta pandemia es la cantidad de gente con depresión.
–También habías hecho en octubre otro show desde el escenario del Movistar Arena.
– Ese show fue un streaming y resultó un aprendizaje, una forma distinta de llegar a la gente. Espero haberlo conseguido, yo lo disfruté mucho, nos divertimos y había muchos internautas conectados. Para mí, que tengo mis añitos, que solo concebía hacer música en vivo con público presente, fue toda una novedad y me permitió abrir la cabeza. En estos tiempos si no sos más amplio, si no aceptás las reglas del juego, si no dejás tus prejuicios de lado, te quedás afuera, chau, fuiste.
–¿Que significó haber recibido el Gardel de Oro 2020 por Lebón & Co?
–Creo que los diferentes premios Gardel a Lebón & Co, que fueron seis en total, fueron a una producción hermosa, a un disco que disfrutamos hacer con mi banda y que tiene una energía especial, que le llegó a la gente.
–¿No sentís que también fue un reconocimiento a tu trayectoria?
–Sería injusto decir que los premios fueron a mi historia, a mi recorrido, porque yo solo no lo hubiera podido hacer. Todos los que trabajaron y pusieron lo mejor, los invitados de lujo y el disco merecían esos galardones.
–¿Esperabas tantas estatuillas?
–Ni en los mejores sueños.
–¿Te estimulan los premios o a esta altura te da lo mismo?
–Los premios siempre son un abrazo fraterno, un reconocimiento, una señal de que vas por el camino correcto. A cualquier edad importan, el que diga lo contrario miente. Porque cuando sos joven necesitás una medalla, que es como un faro que te guía. Y cuando sos mayorcito, también necesitás que te digan «estás vigente, todavía sos importante en el mundillo de la música».

Bajo tu infuencia
Los Beatles fueron fundamentales en la vida de Lebón. Cuando era un pibito que vivía en Estados Unidos, adonde había viajado con su familia para tratar un serio problema de asma, se topó en una estación de tren con la foto de los cuatro de Liverpool que aparece en la tapa de Rubber Soul. Y algo hizo clic en su interior. Eran los tiempos de la beatlemanía y, junto a su madre, pudo verlos en vivo en el Shea Stadium de Nueva York.
–¿Qué significan Los Beatles para vos?
–Uf, me partieron la cabeza. Tuve la suerte de verlos cuando tenía 12 años y desde entonces los seguí hasta que se separaron. Yo estudié guitarra siguiendo los solos de George Harrison, mi referente, mi guía, mi maestro, aunque nunca se enteró. Ponía «Yesterday» en el tocadiscos y sonaba como treinta veces por día, practicaba y mi mamá siempre estaba ahí, al lado, tomándome examen.
–¿La guitarra fue el primer instrumento que tocaste?
–No, como también era fanático de Ringo Starr, el primero fue la batería, que implicaba menos estudio que la guitarra, porque solo era una cuestión de ritmo. Pero finalmente estudié cómo sacar los acordes y, de a poquito, fui entrando en confianza.
–¿Es cierto que le dijiste a tu mamá que no querías estudiar más, que querías ser músico cuando apenas tenías 12 años?
–Le dije eso porque sentía que no aprendía nada en la escuela. Siempre tuve algo adentro que me llevaba a la música de cualquier manera y con cualquier instrumento. Nunca estudié, solo la siento, la percibo: respiro música desde que nací.

(Prensa/Maia Alcire)

–¿Y recordás cuál fue su respuesta?
–Me dijo: «Si dejás de estudiar, tenés que ser famoso». Y le contesté: «Quedate tranquila, lo voy a hacer».
–Cumpliste con tu palabra.
–A mi madre la perdí hace muchos años, pero por suerte pudo ver la salida de mi primer disco y eso me llena de tranquilidad. Y haber hecho el recorrido que hice también, porque le cumplí a la vieja, que confió en mí como nadie.
–Estuviste diez años en Estados Unidos, ¿cómo fue tu regreso a la Argentina?
–Fue difícil el contraste, porque yo venía de un lugar con mucha libertad y me encontré en otro mundo, donde podías ir preso por tener el pelo largo. Tardé un poco en acomodarme, incluso musicalmente, porque yo venía de una Nueva York que no solo vivió el furor de los Beatles, sino también de Eric Clapton, Jimi Hendrix, los Beach Boys.
–¿Con qué música te encontraste?
–Con bandas más bien malas, que mezclaban el rock con el beat y tenían un acento inglés pésimo. Hasta que me crucé con dos agrupaciones que me sorprendieron gratamente, que fueron Manal y Almendra. Tenían talento, personalidad y eran enormes músicos.
–Estuviste en Pappo’s Blues, Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll, Serú Girán, Pescado Rabioso. ¿Qué te pasa cuando mirás para atrás?
–No miro mucho para atrás, siento que tengo más ganas de avanzar, de ir para adelante. Pero no puedo dejar de reconocer que cada banda, cada amigo con el que toqué, cada show chico, mediano o grande, todo eso lo viví a full y lo llevo para siempre en mi corazón.
–¿Pudiste disfrutar de los diferentes momentos de tu trayectoria?
–Tuve momentos de placer y disfruté con ganas. Con Pescado Rabioso la pasé genial, me divertí mucho, aprendí, crecí, porque estaba al lado de un maestro como Luis, que de verdad era un docente: me explicaba cada letra que iba componiendo. Era un fuera de serie el Flaco.
–¿Se lo extraña a Spinetta?
–¡Qué te parece! Era un ser de luz, dueño de una sensibilidad única. Luis era como esos buenos vinos que nunca fallan, que nunca caen mal. Nuestro país, el mundo, necesita de más Spinettas.
–¿Y cómo describirías tu experiencia con Charly García?
–Otro animal Charly, otro maestro, distinto, pero un artista con todas las letras, que tuvo la paciencia para convencerme de ser parte de Serú Girán. Charly es amigo, es familia para siempre.
–Con Pappo también construiste una linda amistad.
–El Carpo era un tipo divino, bien distinto al Flaco y a Charly, porque era de pocas palabras: él actuaba, no hablaba, era más rústico, de gesto duro, que parecía enculado, pero con un corazón inmenso.
–Decías que no mirás para atrás, pero se te escucha movilizado.
–Es que no podés estar todo el tiempo recordando el pasado, lo que hiciste, con quiénes tocaste, porque el presente te pasa por arriba. El tiempo es más veloz que nunca.
–¿Cuál fue la mejor banda que integraste?
–Sin dudas fue Pescado Rabioso, por la edad, por la forma en que combinamos y sintonizamos con Luis, por el momento que atravesábamos, por las canciones, los discos. Fue algo glorioso, irrepetible.
–¿En este momento, quizás por la madurez, disfrutás más de la música?
–Es difícil entrar en comparaciones, siempre se dice que el mejor momento es el actual y yo no me apartaré de ese libreto. Sí es verdad que ahora disfruto de otra manera, pero como dije antes, todo lo que hice lo disfruté, de todo tengo los mejores recuerdos. Lo que más me gusta es tocar, sea en una terraza, en un teatro o en un estadio. Vivo del escenario y hoy tengo una banda con la que conecto de manera especial.
–¿Nunca padeciste la fama?
–No, siempre fui un agradecido de las consecuencias de lo que hacíamos arriba del escenario. Nunca sentí vértigo ni nada que se le parezca.
–¿Con quién te juntarías a grabar un disco?
–Con Charly, sin dudarlo. Siempre nos llevamos bien grabando, no hay un porqué, es algo que me gustaría hacer y él lo sabe. Solo falta que podamos hacer que coincidan nuestros tiempos. Me gustaría poder concretarlo este año, ojalá que Charly tenga las mismas ganas que yo.
–¿Te sentís querido por el ambiente?
–Muy querido y respetado, por los veteranos y también por los más jóvenes. Siento que me reconocen, que quieren que sea parte de sus trabajos, como pasó con La Beriso, Fito Páez, Julieta Venegas o con Andrés Ciro, que me invitaron a sus shows.
–¿Cómo te llevás con la proximidad de la séptima década?
–Toda la vida me sentí como un chico, me resisto al paso del tiempo y, como dicen mis hijos, me siento Peter Pan.
–Cuando se escribe sobre vos y te califican de «leyenda», ¿cómo te cae?
–No me molesta, lo tomo como esos boxeadores veteranos a los que todavía siguen llamando «campeón», pero sé que no es en serio. ¿Cómo podría serlo? ¿Le-yen-da? ¿Sabés el peso que tiene esa palabra? Yo soy un músico bueno, con una larga trayectoria, que supo elegir bien, eso es todo.
–¿Con quién te identificás?
–Con nadie, soy yo, con mi propia pluma. De todas maneras, sin entrar en comparaciones para que no se malinterprete, soy un guitarrista clásico como lo es Eric Clapton.


Javier Firpo