Cultura

Talento internacional

Luego de abrirse paso en el mundo de la música clásica, el joven pianista alterna presentaciones en el país con giras por Europa, mientras incursiona en la composición y la dirección de orquesta. Las raíces familiares de una pasión sin límites.

Trabajo. El pianista le dedica en promedio 14 horas diarias al instrumento. (Juan Quiles)

Mientras los niños de su edad jugaban con autitos o coleccionaban figuritas, él disfrutaba de escuchar un disco de música clásica al tiempo que acomodaba las sillas del comedor como si fuera una orquesta y, con sus manos, recreaba los movimientos del director. Es evidente que tan temprano amor por la música no se da por generación espontánea: su familia lo lleva en la sangre.
Horacio Lavandera tuvo un tatarabuelo en Santiago de Compostela, Manuel Freigido, que dirigía la banda del pueblo. También hubo un tío abuelo, Francisco Freigido, clarinetista destacado, y una tía abuela pianista, Marta Freigido, que se lució en el conservatorio de Vicente Scaramuzza. Pero a quien señala como su principal maestro e influencia es a su padre, José María Lavandera, percusionista y, desde hace más de 20 años, integrante de la Orquesta de Tango Buenos Aires.
En su trayectoria, Horacio Lavandera ha gozado del reconocimiento del público así como de célebres colegas como el italiano Maurizio Pollini o Marta Argerich, quien lo recomendó para uno de los festivales más importantes de Francia cuando tenía apenas 15 años. Por esa misma época, Daniel Barenboim le dijo a su padre que estaba frente a un genio. Había empezado a estudiar a los 12 años con Antonio De Raco, alumno de Scaramuzza, quien le dio una formación sólida.
Una carrera vertiginosa, pero para nada librada a la improvisación. «Si querés dedicarte a la música, esforzate mucho, tratá de adquirir todos los conocimientos posibles y después se verá cuál es el mejor camino», dice. «Me preparé para tener las herramientas necesarias con qué sobrellevar una carrera que, como otras, sufre los vaivenes de nuestro país. Por ejemplo, cuando tenía 16 años, en 2001, estaba tocando en el Teatro de La Scala de Milán, mientras Argentina se estaba cayendo a pedazos. Si yo no me afirmaba internacionalmente y me hacía un nombre, qué podía hacer, cómo vivía con mi ilusión de hacer cosas y generar proyectos».

Aprendizaje constante
Lavandera no solo aspira a sostener y consolidar su carrera como pianista, sino que también incursiona en la composición y la dirección de orquesta, materias que estudia desde 2008 con Jorge Rotter, un catedrático argentino de la Universidad de Salzburgo. En ese rol, hizo giras con la Camerata Bariloche y también fue director e intérprete con la Orquesta Estación. Y el año pasado desarrolló un exitoso ciclo con los cinco conciertos para piano de Beethoven en el CCK. En cuanto a la composición, ha estudiado con el maestro español Alberto Posadas. Muchas de sus obras, de carácter vanguardista, se han estrenado en Alemania y en España, donde cosecharon elogios de la crítica.
Sus giras por el mundo le permitieron a Lavandera tener clara conciencia de que la competencia es muy grande en los países poderosos, y que esa disputa es asimétrica con respecto a la Argentina. Los presupuestos que manejan Alemania, China o Rusia para sus talentos no se pueden ni comparar con lo que sucede en estas latitudes. Por eso, enfatiza, «para afirmarte tenés que trabajar diez veces más que ellos. Yo le dedico 14 horas por día y paso las 24 horas pensando en cómo desarrollarme, porque sé que cuando tenga a un chino o a un ruso al lado, ellos van a tener un soporte mayor».
Con respecto a su presente, viene ofreciendo conciertos en las principales capitales europeas, a la vez que recorre con especial interés el territorio alemán. Ese, afirma, seguirá siendo su plan para los próximos diez años. «Me definiría como una persona que trabaja y vive todo el día para su trabajo», resume. «Estoy muy feliz haciendo lo que elegí: me apasiona. Siento que es lo que quiero para mi vida. Hay una primera instancia donde lo hago para mí y, si encuentro gente que comparte ese gusto, es lo mejor».