Cultura

Teatro filmado

A la par del streaming pero con sus propias características, el registro audiovisual de obras montadas sobre el escenario del Cervantes y el San Martín se estrena por estos días a través de internet. Protocolos, límites y desafíos del nuevo formato.


Rodaje. La directora Vega da indicaciones a los protagonistas de Civilización. (Prensa/Foto de Ailén Garelli)

Un crisol de sensaciones aún sacude a muchos intérpretes y directores teatrales que, ansiosos y urgidos, están volviendo a trabajar después de la pandemia. Algunos concretaron el regreso a través de caminos para nada habituales, mientras que otros aprovecharon la reciente reapertura de algunas salas para que el público, tímidamente y cumpliendo con los rigurosos protocolos sanitarios, se anime a presenciar otra vez un espectáculo en vivo.        
La práctica que llegó para quedarse es la del teatro filmado, que no es el streaming –la función en vivo que se sigue a través de internet–, sino aquel que se ensaya vía plataforma digital o de manera presencial, se graba en un día pautado como si fuese cine o televisión para, finalmente, ser subido a la página web del teatro en cuestión. El Cervantes y el San Martín son, por infraestructura y respaldo, los pioneros en la materia.
«Es un híbrido, un intermedio extraño. Pasar de un escenario humano a otro tecnológico se hace demasiado cuesta arriba», dice el experimentado Jorge Suárez, quien grabó Puzzle junto con Osmar Núñez, bajo la dirección de Santiago Doria. La obra se verá en la plataforma del Cervantes a partir de enero de 2021. «Estás escuchando las indicaciones del director por Zoom y se corta la señal, sumado a que yo tengo que ir al baño o mi compañero no encuentra los anteojos. No fluye, la verdad, a veces resulta desalentador, pero es trabajo y lo agradezco en tiempos de ingreso económico cero», agrega.
De todas maneras, Suárez transmite alegría, porque pudo volver a un escenario como el de la sala María Guerrero. «El teatro es el tet a tet, es mirarse con el otro, tocarse, es el público que está ahí latiendo pegadito a nosotros, pero llegó la pandemia y el teatro fue una de sus principales víctimas. Yo creo que estos formatos, el streaming o el filmado, llegaron para renovar la actividad, para ofrecer una salida ante la emergencia. Pero gracias a dios, de a poco está volviendo el teatro que todos conocemos», destaca.

Volver a empezar
Son tiempos muy delicados para todos los sectores de la cultura, pero el vacío que rodea a una cartelera teatral como la de Buenos Aires es ineludible. «Filmar la función es lo que se puede hacer hoy, no lo que se desea. Desde el Cervantes programamos un ciclo de 21 obras cortas, pensadas para realizarse en el contexto de distanciamiento social, para dar una mano a 200 actores, directores, guionistas e iluminadores que cobrarán todos lo mismo (60.000 pesos) y con la misma pauta para todos: diez ensayos y un día de grabación», hace saber el director artístico Sebastián Blutrach.
Reconocida en el circuito alternativo, la actriz Lorena Vega dirige Civilización en el Cervantes. «El teatro filmado es el puntapié inicial, el desafío de empezar a hacer algo después de sentir que nuestro amado oficio podía desaparecer», dice. «Es la única herramienta viable de la que disponemos y podemos pensar cómo mejorarla, para que el día de mañana, cuando vuelva el presencial, pueda ser una alternativa más de trabajo. Soy optimista y veo todo como una oportunidad», dice.
A Osqui Guzmán, protagonista de El ojo del destino, que dirigirá Mariela Asensio, le gana la ansiedad y el entusiasmo por volver a ensayar. «Primero tuvimos lecturas por Zoom con todo el equipo de trabajo y fue difícil, raro, pero volver siempre es sanador, aunque no deja de preocuparnos el futuro inmediato», explica. «Lo que más nos cuesta a todos los que estamos incursionando en el teatro filmado es aceptar que la cámara es el único público que tenemos. Resulta un poco intimidatorio, porque estábamos acostumbrados a otra cosa. Sin embargo, la cámara nos obliga a buscar creatividad a la hora de exponernos a los nuevos códigos y dinámicas de juego, donde lo visual tiene un papel preponderante».