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La era del podcast

El crecimiento del formato en el país potencia la diversificación de opciones, que se centran en discos, libros, películas y series. ¿El futuro de la radio?

En 1970, el músico estadounidense Gilbert Scott-Heron cantó «La revolución no será televisada». Una manera –hermosa– de decir que los medios masivos siempre llegan tarde a las experiencias populares. La aparición de internet permitió que las personas crearan sus propios canales de comunicación, para dar cuenta de los acontecimientos que atraviesan sus vidas. Pero la cantidad de estímulos y distracciones actual es tan inmensa, que la construcción del mensaje debe ser atractiva y certera para encontrar un receptor, un oyente. Tiene que haber una voz y una arquitectura sonora que sintonice y acompañe las necesidades de la audiencia.
En ese sentido, el podcast se presenta como el formato con más posibilidades de crecimiento por su accesibilidad y sus contenidos específicos. El grueso de su audiencia tiene entre 25 y 35 años. Para Darío Szmulewicz, productor audiovisual y docente del curso de Podcast en la Escuela de Comunicación ETER, «el podcast ya es el futuro, es la forma en que van a consumir radio las próximas generaciones. En otros países ya se monetiza de diferentes maneras, en Argentina en algún momento terminará pasando lo mismo. Es la confirmación de que la radio siempre encuentra nuevas formas de metamorfosearse para vivir, renovarse y seguir».
Una conexión a internet, un par de micrófonos y un tema bien delimitado es todo lo que se necesita para producir un podcast y subirlo a la red. Fácil de decir y complejo de hacer. En este preciso momento, es lo que están haciendo miles de personas para millones de oyentes en todo el mundo. No es una forma de decir. Según la revista estadounidense Fast Company, centrándose en las escuchas de los podcasts en Apple Podcasts/iTunes, la evolución de descargas y reproducciones en los últimos años pasó de 7.000 millones en 2014 a 50.000 millones cuatro años más tarde. Y la cifra no hizo más que crecer hasta el presente.

Segunda vida
En Argentina, según el portal de estadísticas de mercado Statista, un 13% de la población escucha podcasts. El formato se posicionó como el contenido de audio más popular entre habitantes del área metropolitana de Buenos Aires y otras grandes ciudades, así como entre los millennials y centennials. La pandemia también sumó tiempo de escucha: si antes era de 20 minutos diarios, pasó a 40 minutos, en promedio. El futuro ya llegó.
Surgido en 2004 con el auge de los blogs, el podcast se presentaba como una manera barata de producir un programa de radio y ponerlo online. Con la explosión de YouTube y demás plataformas de streaming de videos, el podcast, como el blog, pasó al olvido. En 2014, la compañía noruega Acast creó, al calor de Spotify y Skype, la primera plataforma de podcast que logró un hit mundial: el ciclo Serial, donde se contaba un asesinato ocurrido en 1999 en una escuela en Estados Unidos. Tuvo 68 millones de descargas y reproducciones. Desde el New York Times se habló del «gran renacimiento del podcast».
Algunos años después, los números son contundentes: el 55% de los estadounidenses escuchan, al menos, un podcast diariamente. Y esta realidad, con otros niveles de audiencia, se trasladó a nuestro país. La productora y periodista Bárbara Jack cuenta que «uno de los grandes cambios que muestra la popularidad del formato fue que Spotify creó su propio departamento de podcast en Argentina y son productores de los más consumidos actualmente. Es una apuesta fuerte y la presencia de la marca hace que automáticamente haya una profesionalización y más cantidad de opciones».
Con la radio tradicional en crisis, encontró un territorio para desarrollarse en el país. El consumo es mayor a través de los celulares; de hecho, en Latinoamérica un 89% de los oyentes se conecta vía dispositivos móviles. Así nacieron diversas plataformas: Posta (la pionera en nuestro país), Argentina Podcastera, Lunfa, Parque Podcast, Furor, entre otras. Las emisoras tradicionales también tienen sus propios podcasts. Esto nos habla, en cierta forma, de una convivencia entre dos modos de captar escuchas.
«El formato me parece una gran herramienta on demand y es muy bueno que cualquiera con un micrófono y algo para decir pueda tener uno», dice Florencia Scarpatti, integrante del noticiero de Telefe y radio Metro, que tuvo dos podcasts (Abro hilo y Abro libro) dedicados a entrevistas con escritores. «Parte de la evolución la veo en las plataformas, que te dan todas las herramientas para que con solo subir tu archivo, tu grabación, se difunda en la web. Además, te dan la métrica que te permite ver la reacción del público, quiénes te escuchan, cuándo, dónde. Lo que no tengo muy claro es cómo hacerlo rentable», plantea.

Suban el volumen
Las experiencias también se multiplican en medios ya establecidos. El editor y docente Santiago Llach tuvo en Infobae un reconocido podcast dedicado exclusivamente a Borges. «Borges es una máquina atractiva para pensar la vida humana», explica. «No tenía demasiadas referencias de podcasts, pero investigué y tomé la sugerencia de episodios breves. Opté por los textos leídos, pero cuando los escribí les quise dar una impronta oral. Y a la hora de grabarlos, Santiago Saferstein me ayudó a encontrar un tono que fuera cálido e íntimo. Después me pareció bien complementar los episodios monologuísticos con otros dialogados, y los invitados me la hicieron fácil en ese sentido. Es sencillo ponerse de acuerdo entre amantes de Borges».
Daniela Bisbal es directora de Radio Colmena, en cuya plataforma conviven programas de radio tradicional y podcasts dedicados a la cultura (series, música, etcétera). «El crecimiento en el país se da por el aumento de oyentes que viene teniendo el formato, además de la clara libertad que da para trabajar. Si bien todavía podemos escuchar podcasts de una hora en clave programa de radio tradicional, también están quienes entendieron que lo maravilloso es poder experimentar con los sonidos y hacernos escuchar algo diferente e innovador. Creo que la competencia es alta y cada creador/productor quiere superar lo que ya se hizo y esto me parece espectacular, porque están surgiendo cosas cada vez más interesantes».
Un histórico de Rock and Pop como Gustavo Olmedo ahora conduce Quemar un patrullero, que tiene mucha resonancia por la variedad de temas culturales que trata: desde la música hasta historia de las drogas. «En mis últimos años de radio vi que el podcast era algo que podía crecer, y finalmente sucedió. Descorazonado de mi experiencia radial pensé en la posibilidad de este formato, pero no lo hice hasta un tiempo después. Cuando empecé con Quemar un patrullero no sabía muy bien cómo hacerlo y experimenté sobre la marcha. Ahora para mí representa casi la absoluta libertad: decidir contenidos, cómo y cuándo hacerlo, no tengo ningún tipo de presión ni exigencia, ni de límites salvo el propio. Eso nunca lo había experimentado», afirma.
Para concluir, Bárbara Jack piensa en el futuro. «Una vez Lalo Mir dijo: “Si hay una persona en alguna parte del planeta que quiera escuchar una historia, la radio va a estar ahí”. Y eso me quedó grabado», recuerda. «No creo que sean dos formatos que compiten, sino que entran mediante la escucha. Desde la producción, un programa de radio o un podcast tiene similitudes, pero son diferentes. Entonces creo que hay un largo viaje por delante para ambos, pero la radio tiene el desafío de hablarles a más adolescentes, y el podcast el de alcanzar al público que la radio tiene cautivo. En lo personal, lo que más me gustaría es que no se midan los contenidos por el rating o la cantidad de reproducciones, sino que se valoren las buenas ideas, la innovación, lo contracultural».


Walter Lezcano