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Vínculo musical

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Madre e hija comparten los gustos, la profesión de actriz y ahora también la pasión por el tango con el espectáculo Aire familiar. Historia de dos intérpretes unidas por la vida y el arte que decidieron indagar juntas en la faceta teatral del canto.


Recorte. Prince y Banegas desandan un repertorio que abarca los años 30, 40 y 50.

Es un proyecto en el que intervienen cuatro generaciones de mujeres. La más joven, Sofía Stead, se ocupa del diseño gráfico y de la comunicación en redes sociales. Su madre, Valentina Fernández De Rosa, es la productora: ella es hija de Cristina Banegas, que a su vez es hija de Nelly Prince. Banegas y Prince son actrices, pero se suben al escenario a cantar tangos en Aire familiar, los sábados de junio y julio en El excéntrico de la 18, junto al guitarrista Ariel Argañaráz.
Esa complicidad que respiran juntas excede los lazos sanguíneos. «En principio, compartimos el amor por el tango, por eso hacemos este espectáculo. Además compartimos viajes, días con nuestras familias, paseos, la vida», dice Banegas. Prince completa: «También el amor por este trabajo que seguimos haciendo hace tantos años, que es el teatro, el cine y la televisión. Amor, también, por nuestros compañeros que aman lo mismo que nosotras. Tenemos los mismos gustos, aunque yo soy un poco más loca; ella es muy seria, muy sobria: nos gusta la buena música, la buena lectura, el vino y la cervecita. Nos gusta todo lo bueno: no somos niñas tontas».

Relación artística
Prince se inició a los seis años en Radio Belgrano y, desde entonces, no paró, al punto que su trayectoria parece un compendio de la historia del espectáculo en el país, con títulos y colegas como Los Pérez García, Los cinco grandes del buen humor, Guillermo Brizuela Méndez, Tato Bores, Pinky, Alberto Olmedo y Darío Vittori. «Nelly Prince es fundamentalmente una reina», sintetiza Banegas, sin pudor. «Como pionera de la televisión argentina me enseñó, me hizo mamar el don de la comunicación, todos los secretos de la actuación en sus diferentes trastiendas. Me incluyó en su vida artística tanto en el viejo y querido Canal 7 como en sus giras teatrales. Es una persona tan carismática, con tanta fluidez para comunicarse con los otros, que es una verdadera maestra en eso».
En sentido inverso, vuelan otros piropos. «Yo aprendí de Cristina el amor por el buen teatro, por los clásicos, que empecé a conocer a través de ella», cuenta la madre. «Es muy estudiosa y respetuosa con su profesión. Cristina y su papá, que era productor, me tomaban el pelo y me decían que yo era una enanita armónica. Ella no es ninguna enanita armónica, sino que es una mujer frágil, con toda esa polenta que tiene en el escenario. Ahí se la ve grande, pero es chiquita: es un poquito más grande que yo, pero no mucho», agrega con picardía.
Es cierto que ambas son de contextura física pequeña, pero inundan el escenario con su presencia, como ya lo probaron en ciclos como Canciones bárbaras, junto a Rita Cortese. Algo de aquel exitoso experimento, que verificaba la continuidad que existe entre la actuación y el canto, reaparece ahora también en Aire familiar. «El repertorio que compartimos pertenece a dos poéticas del tango muy diferenciada», explica Banegas. «Yo canto tangos viejos, reos, lunfardos; lo más moderno que hago es de los años 30. Mamá canta tangos más modernos, de los 40 y los 50, de los Espósito y los Manzi. Hacemos un contrapunto de dos momentos de la historia, dos poéticas del género».
Allí hay también zonas en las que la propuesta, aparentemente íntima y específica en su recorte musical, sabe trazar un puente hacia el complejo presente de la Argentina. «Aire familiar dialoga de hecho con la realidad argentina, porque lo hacemos en un teatro independiente, El excéntrico de la 18, que hace 32 años venimos sosteniendo y que dirige Valentina Fernández De Rosa; porque también digo poemas de Juan Gelman, de Francisco Urondo, de Alberto Vaccarezza; y por el humor con el que trabajamos ciertos aspectos machistas del tango».

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