Cultura | ARACELI MATUS

Voz propia

Cantante y pianista, además de musicoterapeuta y docente, la nieta de Mercedes Sosa lanza un tardío disco debut que es tan sofisticado como interesante.

Homenaje. Matuseándose remite a la rama paterna de su familia, la de su abuelo Oscar.

KALA MORENO PARRA

Oscar Matus fue un guitarrista y compositor mendocino que, en los años 60, junto a Armando Tejada Gómez, Tito Francia y otros, fundó el llamado Nuevo Cancionero. Formó pareja con Mercedes Sosa, la voz perfecta para ese movimiento que comulgaba esencialmente con el ideario comunista. Araceli Matus, la nieta, nació en 1976 y es –no podía ser de otra manera– música, pero nunca se había atrevido a incursionar poniendo su nombre y apellido a un proyecto.
Delicada cantante –una voz grave, bien colocada, plana–, pianista, pero también ejecutante de guitarra y violín, integró diversas agrupaciones y se desempeña desde hace años como docente y musicoterapeuta. En diciembre del año pasado debutó como solista con un álbum interesantísimo al que tituló Matuseándose, un homenaje a la estirpe por línea paterna.
«Siempre es mi abuela, mi abuela, mi abuela. Ok, pero mi abuelo también fue alguien muy importante. Tal vez su carácter le jugó en contra, pero muchos de los temas con letra de Tejada Gómez que cantaba mi abuela al comienzo de su carrera eran con música de él. Esto de “matusear” es mi forma de enunciar la identidad», dice.
Su papá, Fabián Matus, también fue músico, pero nunca ejerció. Dedicó parte de su vida a asistir a su madre y murió tempranamente, en 2019. Araceli llegó a hablar con él sobre Matuseándose. «En realidad hablábamos de todo. Se dio que lo tuve que sacar con él ya en otro plano», lamenta. Dice que extraña todo el paisaje familiar perdido, que quedó sola. Como su abuela, es del tipo de mujer que destaca tanto por su fortaleza como por una sensibilidad que a veces se funde en fragilidad. Cuenta que tenía una relación muy estrecha con ella, que le legó un pensamiento marxista que sostiene con convicción. De hecho, milita y exhibe con orgullo una remera con el martillo y la hoz estampados.
Es morocha, carga una mirada profunda, con una tristeza como antigua, y en algunas fotos el parecido con Mercedes Sosa resulta, más que inolcutable, impresionante. «¡No quiero parecerme a ella!», protesta en broma, pero no tanto. «Toda mi vida traté de diferenciarme, de no dejarme abducir por su poderosa energía, de rajar de ahí. Estaba todo el día con ella. La adoraba, pero no quería que pasara lo que ocurrió con mi viejo, que vivía de gira, siempre detrás de ella. Quise tener mi vida. Cuando me invitó a participar en Cantora le dije que no. “¡Todo el mundo quiere cantar conmigo, y vos te negás!”, protestaba. Y claro, ¡yo no quería que dejara de ser mi abuela!».

Buen gusto
El tema que iban a interpretar juntas era «Alguien cantando», de Caetano Veloso. Y es uno de los que Araceli eligió para el disco. Arreglado, producido y dirigido por Norberto Córdoba, Matuseándose se desliza por un repertorio regional poco frecuentado. La selección revela una sabiduría y buen gusto que Araceli minimiza al señalar que eligió las canciones que puede tocar con la guitarra, por si debe salir a actuar sola. La lista la completan «Formas» (Hugo Fattoruso), «Confinado» y «1° de enero» (Junior Carriço-Araceli Matus), «Esa tristeza» (Eduardo Mateo), «Pedacito de cielo» (Francini-Stamponi) y «Mi canto es distancia» (Rafael Paeta-Oscar Matus), entre otras.
La pregunta que surge es por qué demoró tanto en editar un disco. Tiene una sofisticación infrecuente para un debut, detalles camarísticos –el uso del clarón, del xilofón, del bajo acústico– y dos invitados especiales: Nora Sarmoria y León Gieco. «Tengo mis tiempos. No sé si es tardío, lo saqué cuando lo saqué. Ya soy grande, voy a defenderlo, voy a tocarlo, voy a dar notas y, quién dice, voy a utilizarlo como punto de partida para grabar más». Pita su cigarrillo y, haciendo honor a la letra de «Esa tristeza», mira con rostro cansado y dice: «¡Por suerte mi voz no se parece a la de la abuela! Hubiera sido todo más dificil. No es sencillo el tema de la herencia».


Mariano del Mazo