Deportes

Buenos Aires, medallero y después

Más de 800.000 personas presenciaron el certamen en el que Argentina mostró atletas de proyección mundial como Nazareno Sasia. El apoyo y la preparación explican los progresos, aunque el ajuste del gobierno condiciona el futuro del deporte olímpico.

Villa Soldati. Integrantes del plantel albiceleste en una de las sedes principales del certamen que reunió a más de 4000 deportistas. (Pablo Elías/CABA)

Cuando todavía faltaban tres meses para Buenos Aires 2018, Nazareno Sasia batía el récord sudamericano en lanzamiento de bala en menores de 18 años. Había dejado un registro de 21,40 metros en el campeonato sudamericano de Cuenca, Ecuador, con lo que superaba además por casi un metro el récord argentino y quedaba al frente del ranking mundial de su categoría. Esa actuación acaso preanunciaba lo que podría suceder con Sasia, un entrerriano de 17 años, en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Más allá de su talento, esos resultados también mostraban el trabajo que se había hecho en el deporte argentino para llegar al encuentro olímpico. Esa preparación previa explica en gran medida el destacado desempeño a nivel nacional. La delegación argentina se quedó con 32 medallas, once de ellas de oro. Sasia no solo obtuvo uno de esos oros sobre la pista del Parque Olímpico de Villa Soldati, sino que además quebró en dos oportunidades su propio récord. Llegó a lanzar la bala 21,94 metros. Si en Singapur 2010, los primeros Juegos de la Juventud, hizo su aparición Braian Toledo lanzando la jabalina, Buenos Aires puso en rojo el nombre de Sasia para el atletismo argentino.
El chico que nació en Cerrito, a unos 50 kilómetros de Paraná, que tiene como referente en la disciplina a Germán Lauro y que le dedicó su triunfo a Juan Román Riquelme (luego el exjugador le envió un saludo y una camiseta), podría resumir la imagen de la actuación argentina en los Juegos. Aunque hubo otras que tal vez generaron más furor entre el público, como el caso del equipo femenino de beach handball, que ganaron el oro en una disciplina que aún no está incluida dentro del programa olímpico para mayores. O el basquet 3×3, en el que la Argentina ganó tres medallas (oro en equipo masculino y en volcadas, y bronce en triples femenino) y que sí estará en Tokio 2020.
Y se anotan otros nombres: la nadadora Delfina Pignatiello (plata en 400 y 800 metros libres), los ciclistas Iñaki Mazza y Agustina Roth (oro en BMX freestyle), la remera Sol Ordas (oro en single) y el boxeador Brian Arregui (oro en 69 kilos). Y hubo medallas en rugby, yachting y tenis. Aunque el medallero, sobre todo en estas edades, entre los 14 y los 18 años, puede ser engañoso. «Lo he dicho en Juegos anteriores, cuando se ganaban cinco o seis medallas, ni estábamos por detrás de Etiopía o Jamaica, ni por delante de Suiza o Noruega», dice a Acción Osvaldo Arsenio, entrenador de natación y exdirector técnico de la Secretaría de Deporte.
«Acá hay una cuestión importante y es que los países anglos, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, tuvieron actuaciones pobres, no compitieron en algunos deportes, en otros se presentaron con equipos reducidos o sin sus mejores exponentes. Pero no es para desmerecer, porque otros vinieron con sus mejores figuras. Además la Argentina venía entrenando desde hace más de cuatro años», agrega el especialista. En ese sentido, explica que se trató de una preparación inédita. «Los juveniles –desarrolla– han estado casi siempre abandonados a su propia evolución. La ayuda llegaba con la consolidación como figuras importantes del deporte». Lo central ahora, dice Arsenio, es que haya una continuidad de esta ayuda. Tanto a los atletas como a sus técnicos».

Oro. Sasia brilló en lanzamiento de bala. (Néstor J. Beremblum/CABA)

Claro que no hay que pensar que tales logros se trasladen directamente a lo que podría ocurrir, por ejemplo, en Tokio 2020 con los Juegos Olímpicos de mayores. Sin embargo, una lección que dejan estos Juegos es que con preparación y apoyo hay buenos resultados. Lo cual asimismo sirve para atraer a otros muchísimos jóvenes al deporte. Porque los Juegos de la Juventud fueron, además, un fenómeno de público. Más de 800.000 personas fueron a los cuatro parques dispuestos en la ciudad. Esa marea de gente habla de que el deporte amateur y juvenil también puede ser un atractivo.

Otras cuentas
«Las postales de Buenos Aires 2018 será la emoción de cada uno de los adolescentes argentinos al sentirse respaldado en cada actuación y la enorme repercusión que tuvieron los YOG (Youth Olympic Games) marcando agenda en los medios de alta influencia, habida cuenta que cinco semanas antes de la ceremonia inaugural, el sábado 6 de octubre, solo uno de cada cuatro pobladores de CABA y GBA sabía de la existencia de los Juegos», escribió citando una encuesta de la escuela ETER el periodista Ernesto Rodríguez III, uno de los que más puso la lupa sobre los dineros públicos destinados a la organización, lo que le valió incluso haber sido discriminado en su acreditación, algo reparado luego después de insistentes reclamos.
Los detalles sobre los gastos destinados por el gobierno de la Ciudad todavía no están claros, aunque se sabe que fue mucho más que lo presupuestado cuando el Comité Olímpico Internacional otorgó la sede, en 2013. Es cierto que quedará infraestructura (ver aparte), pero también, como detalló una investigación de la legisladora porteña de Nuevo Encuentro, Andrea Conde, que hubo un grupo de empresas ganadoras en esos negocios, como CRIBA, Bricons y Conorvial, cuyos dueños fueron aportantes de las campañas de Mauricio Macri, o SES S.A., de Nicolás Caputo, el amigo presidencial.
Con los Juegos finalizados, además, lo que queda ahora es un recorte presupuestario para el deporte nacional, afectado además por la devaluación. Y con un ENARD que también sufre el ajuste. A eso hay que sumarle que el designado secretario de Deporte, Diógenes de Urquiza, reemplazante de Carlos Mac Allister, ya avisó a través de las páginas de los diarios que revisará las becas. Y que el Estado estará menos presente para el deporte. Todavía no se había apagado la llama olímpica en Buenos Aires, los juveniles argentinos seguían acumulando medallas, pero el futuro ya empezaba a complicarse. Como si de los Juegos no se hubiera aprendido nada.