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Canchas para armar

Con la experiencia del Centro Deportivo y Recreativo Villa Argüello como referencia clave, el fútbol mixto busca abrirse paso desde la infancia en el marco de la lucha por la igualdad de género. Los prejuicios que subsisten y el rol del Estado.

Inclusión. Niñas y niños disputan un partido en el CDR, el club de Berisso que promueve la integración y logró contagiar a otras entidades. (Prensa Villa Argüello)

La trayectoria del Centro Deportivo y Recreativo Villa Argüello habría sido muy diferente sin la historia de Belén García. Cuando ella se acercó en 2003 al club de la localidad de Berisso, en las afueras de La Plata, sembró una inquietud: Villa Argüello no tenía fútbol femenino, y no había niñas jugadoras. Entonces, los vecinos que dirigen el club pidieron permiso para que Belén jugara con los chicos en la Liga de Asociaciones de Fútbol Infantil de la Ribera (LAFIR). La primera respuesta fue rotunda: no. Después de presentaciones en la Justicia, con el apoyo de la Comisión Provincial por la Memoria y el Fuero Penal Juvenil, organizaciones en defensa de los derechos humanos y de la niñez, Belén empezó a jugar. Y se convirtió en una pionera que abrió el camino para que las mujeres sean reconocidas. Nacido a fines de 1970, en un terreno que era un basural, y superando un gerenciamiento en los 90, Villa Argüello instauró el fútbol mixto en las categorías infantiles y contagió a otros clubes de la LAFIR.
«No hay ligas infantiles de fútbol femenino; empiezan a jugar recién a los 14 años, y antes no tienen un lugar», cuenta a Acción Juan Manuel Bruno, dirigente y nieto de los fundadores del Centro Deportivo y Recreativo Villa Argüello. «Si lo comparamos con Chile o Uruguay, Argentina está muy atrasado a nivel cultura deportiva. En esos países las ligas infantiles son mixtas, no hay grieta. Acá no hay regulaciones en las ligas infantiles, que son privadas. El Estado debería intervenir y regularlas, porque no se aplica la Ley de Niñez. Son apreciaciones personales sin regulación del Estado». Belén García, la niña que se presentó en el club porque quería jugar a la pelota, es hoy una mujer. Y como mediocampista central jugó en la Liga de Santiago del Estero y fue tres veces campeona con Ni Una Menos Fútbol Club. El orgullo actual de la institución es Alma Túnez, quien pasó de Villa Argüello a Villa San Carlos, club de la primera división femenina, e integra la selección argentina sub 17.

Para todos y todas
A fines de 2018, en Argentina hubo un caso que sentó precedente y reavivó la necesidad de proyectar el fútbol mixto. Candelaria Cabrera, una niña de 7 años, jugaba en Huracán de Chabás. Era la única en la Liga Casildense. Le avisaron que no podría seguir en el equipo con los compañeros. La madre y el club presentaron un reclamo. Y la Liga Casildense extendió la posibilidad de que a un equipo lo integren niñas y niños hasta los 12 años. A fines de febrero, San Lorenzo fue el primer club en abrir las inscripciones de fútbol recreativo mixto. Antes de que demandara la profesionalización del fútbol femenino y de ser desvinculada de UAI Urquiza, la jugadora Macarena Sánchez abrió el debate en Twitter: «¿El fútbol debería ser mixto en todas las divisiones?». Aclaró, de entrada, que decir que los varones eran más fuertes que las mujeres no era un argumento. «La mujer –explicó– tiene las condiciones para enfrentarse a cualquier hombre. Soy consciente de que hoy eso no se puede hacer porque no está al mismo nivel. Pero en un futuro, cuando las mujeres tengan el mismo entrenamiento desde los niveles iniciales y en escuelitas, sí se va a poder».
Ocurre que de las 230 ligas afiliadas a la AFA, apenas 69 tienen fútbol femenino. El Estado tampoco regula las ligas infantiles en relación con la participación de niños y niñas en un mismo equipo, como sucede en Uruguay con la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), que funciona bajo la órbita de la Secretaría Nacional del Deporte del Uruguay. La ONFI, por ejemplo, baja línea a favor del fútbol mixto y tiene como objetivo que los equipos sean conformados mitad por niños y mitad por niñas. En Estados Unidos, donde el fútbol no está monopolizado por varones, no se separa a niños y niñas hasta los 10 años. «El fútbol es un vehículo extraordinario para hacer una política pública –dice Bruno, el dirigente de Villa Argüello–. Argentina tiene que debatir qué quiere hacer con el fútbol infantil. Nosotros hoy tenemos 16 pibas en el club. ¿Pero qué hacemos con todas aquellas a las que les falta una oportunidad?».

En competencia
La diferencia entre el fútbol profesional de varones y el de mujeres ha sido analizada desde perspectivas diversas. En 2014, en un artículo de la revista Human Movement Science, el médico Paul Bradley comparó diferencias de recorridos, velocidades y pases en partidos de Champions de mujeres y varones. La mayor diferencia no estuvo en la distancia recorrida, sino en la intensidad: entre un 30% y un 200% a favor de los varones. «La diferencia biológica existe. El hombre, por desarrollo hormonal, tiene más fuerza. Por ende es más rápido y resistente. Pero en otras capacidades, como la flexibilidad, es al revés. Entonces, la mujer no tiene ningún impedimento físico», dice a Acción Esteban Pizzi, expreparador físico del equipo femenino de Boca y de las selecciones argentinas de futsal de mujeres y varones. Y explica: «El gran problema, al menos en Argentina, pasa por la formación y la competencia. Los chicos vienen formándose desde el baby fútbol. Las chicas, no, y entonces no entran, o tardan en entrar, en una sistematización de entrenamiento. La mujer se inicia y desarrolla a una edad en la que tendría que competir en el alto rendimiento, a los 18 años, cuando el varón ya es profesional. Pero si se desarrollan y compiten desde chicos, con una cantidad estipulada de varones y mujeres por equipo, se puede. Implica un gran cambio cultural».
San Lorenzo, en términos de igualdad de género en el juego, fue pionero. Lo siguió Vélez, cuyo fútbol inicial, desde los 3 hasta los 12 años, es mixto. En comparación con otros clubes de la Superliga, están un paso adelante. En agosto de 2019, de hecho, niños y niñas jugaron en el José Amalfitani en la previa de un amistoso del equipo femenino de Vélez. El fútbol mixto a niveles iniciales fue una estrategia de desarrollo del femenino en Europa. En Argentina parece ser una batalla no tan ganada. «Muchas de las jugadoras legendarias de América Latina, como Marta Vieira da Silva en Brasil o Maribel Domínguez en México, jugaron en equipos de niños mientras crecían –dicen los historiadores Brenda Elsey y Joshua Nadel, autores de Futbolera. Una historia de la mujer y el deporte en América Latina–. Sin embargo, depende en qué nivel. No hay ninguna razón real por la que el fútbol mixto no pueda ser posible». Lo que sucede con el fútbol mixto en Argentina, al cabo, parece tener que ver más con mandatos culturales difíciles de sortear que con diferencias biológicas concluyentes.