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Carrera de leyendas

Después de 49 años, el mendocino Guillermo Ruggeri quebró el récord nacional en la prueba de 400 metros con vallas y deja su huella en un deporte con figuras históricas. De sus inicios en el fútbol a su evolución y sus próximas metas en la pista.

Hito. El corredor y su marcha triunfal en el Grand Prix Sudamericano de Santiago de Chile. (Oscar Munoz Badilla/ Atlética Chilena)
Juan Carlos Dyrzka dejó un legado y una marca. Ningún otro argentino había completado los 400 metros con vallas en menos de 49,82 segundos. Dyrzka consiguió ese tiempo durante los Juegos Olímpicos de México 68. Ahí quedó el record nacional. Hace cinco años, en junio de 2012, Dyrzka murió imbatido. Nadie lo había superado. Hasta que apareció Guillermo Ruggeri, el atleta mendocino que derribó al mito. Bajó el tiempo. Aunque las marcas como las de Dyrzka también se convierten en leyendas.
Durante el Grand Prix Sudamericano de Santiago de Chile, el 9 de abril pasado, Ruggeri dejó un registro de 49,79 segundos, 3 centésimos por debajo del récord nacional. Fue en ese instante que, después de casi cincuenta años, desplazó a Dirzka de la lista de plusmarquistas. No había borrado a un nombre cualquiera del atletismo. En 1963, Dyrzka fue tapa de la revista El Gráfico: «El deportista del año». Ese año, ganó la medalla de oro en los Panamericanos de San Pablo, un título que lo colocó entre los mejores especialistas del mundo. Una falla en la salida (no reaccionó y partió tarde) le dejó un sabor amargo en Tokio 64. Y si bien no pudo llegar a la final, México 68 le entregó un récord de 49 años.
Una marca en el atletismo –en el deporte– no se rompe todos los días. Es un muro que se derriba golpe por golpe, martillazo tras martillazo. Hay tiempos que actúan como barreras. Hay barreras que parecen impasables. Hay marcas que se arrastran en el tiempo. El equipo argentino de relevos formado por Enrique Kistenmacher, Jaime Itlman, Fernando Mata y Fernando Lapuente todavía mantiene el record nacional en 4 x 200 metros conseguido en 1948, con 1 minuto 28,6 segundos. Mientras que Franco Dallamora, Guillermo Piccioni, Alberto Cavanna y Carlos Mathon, con 7 minutos 50,4 segundos, tienen desde 1972 el de relevo 4 x 800. El equipo femenino no se queda atrás: Belkis Fava, Ángela Godoy, Liliana Cragno y Beatriz Alloco tienen la marca en 4 x 100 desde 1975.
Tito Steiner se está convirtiendo en otro de los imbatibles: lleva 38 años con el récord en decatlón en su poder. En 2015, sin embargo, hubo tres atletas que se quedaron con cuatro plusmarcas nacionales: Braian Toledo (lanzamiento de jabalina), Germán Chiaraviglio (salto con garrocha) y Federico Bruno (1.500 metros y 1 milla). Y el año pasado, Victoria Woodward se quedó con el récord nacional en 100 metros, mientras que Belén Casetta lo consiguió en 3.000 metros con obstáculos.
Dyrzka había conseguido el récord en la altura. «Puede que les ayudara el delgado aire de México y sus 2.600 metros de altura», escribió el periodista español Santiago Segurola sobre algunas marcas conseguidas en esos Juegos Olímpicos. Pero no quita méritos. Se trataba, hasta este año, del récord nacional más longevo.

Cuestión de espíritu
Que Ruggeri –nacido en Maipú, Mendoza, hace 25 años– haya escrito su nombre entre los plusmarquistas nacionales no es menor. Aunque, se sabe, el récord es la parte de un todo. Lo que se encuentra en el camino cuando se busca crecer como atleta. Tal vez Ruggeri haya entendido que había que apelar a algo del espíritu de Dyrzka para crecer en los 400 con vallas, su especialidad. Esa parte, además de los conocimientos técnicos, se la podía dar su entrenador Carlos Yoyo López Jubany, entrenador de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), que conocía a Dyrzka al haber competido contra él. Lo trabajaron de a poco, con paciencia. El objetivo de 2017 era bajar, al menos, los cincuenta segundos.
Ruggeri había quedado a las puertas de esa meta el año pasado, cuando en noviembre consiguió un registro de 50,85 segundos en uno de los Grand Prix organizados en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard). «Para correr los 400 metros con vallas debajo de los 50 segundos, necesitaremos que aparezca un atleta con las condiciones físicas justas –más de 1,80 de estatura, por ejemplo– y que sea veloz, capaz de correr los 400 llanos sobre 46 segundos», dijo alguna vez Dyrzka, según lo recordó el diario mendocino Los Andes. Ruggeri no solo los corrió por debajo de los 50, también rompió el récord imposible.
Ese ya lo coloca en la historia del atletismo argentino, el lugar al que llegó después de jugar al fútbol. Es una historia común a la de tantos atletas: primero estuvo la pelota, pero alguien descubrió que lo suyo era la velocidad. Ruggeri se fascinó apenas entró a ese mundo, cuando todavía vivía en Maipú y lo entrenaba Manuel Aidar. Escaló desde los Juegos Evita hasta los campeonatos de menores. En 2011, se instaló en Buenos Aires. Había que dar un salto en la preparación.
Y no solo se entrenaba, sino que también estudiaba. Comenzó a cursar el profesorado de Educación Física en el Instituto de Obras Sanitarias. Y Yoyo López también fue vital para corregir la técnica y tener una planificación.
Ruggeri ya avisó que esto es solo el tránsito para seguir creciendo. Su meta es el Campeonato Sudamericano de Mayores que se realizará en Paraguay a fines de junio. Pero, sobre todo, la meta es alcanzar el Mundial de Londres que se disputará en agosto. Para eso, necesita bajar su tiempo. La IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) fija como marca mínima los 49,35 segundos para ingresar al Mundial. Ruggeri va por eso. Tiene claro que nada es inalcanzable. Que después de haber superado el récord de Dyrzka puede correr con una bandera y una frase: «Seamos realistas, soñemos lo imposible».