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Carrera puma

Con su mística intacta, el seleccionado consiguió un triunfo histórico sobre Sudáfrica y enfrenta el desafío de afirmarse en el alto nivel en base a un trabajo a largo plazo.  
Hazaña. Por el Rugby Championship, el equipo nacional venció por 37-25 a los míticos Springboks en condición de visitante. (Télam)

Un estigma persiguió a Los Pumas en los últimos tiempos: el de la derrota digna. Los Pumas acumulaban grandes actuaciones mezcladas con estrepitosas derrotas, pero los elogios les llovían. El periodista Marcelo Gantman le preguntó sobre esta cuestión a Agustín Pichot durante una conversación que publicó en su libro Héroes igual: por qué el deporte argentino vive de sueños y desaprovecha a los que ganan (Ediciones B, 2012). «Esa fue mi principal lucha –respondió el excapitán puma–. El no tomar eso como una verdad. Eso es complacencia. Para mí lo más importante del Mundial 2007 fue sacarnos el estigma de un equipo digno, de que éramos todos amateurs, los románticos del rugby». Y es tajante: «A mí me importaban tres carajos los que decían eso. ¿Qué carajo me importa lo que digan los diarios?». Pichot ahora es dirigente. Actúa como representante de la Unión Argentina de Rugby ante la Sanzar, la entidad que organiza el Rugby Championship. Fue Pichot uno de los impulsores para que los jugadores que en 1965 les ganaron a los Junior Springboks estuvieran  en Sudáfrica –como homenaje– en el partido en el que Los Pumas enfrentaron a la selección local. Esa presencia mitológica en la platea –pero también en el vestuario– generó, de algún modo, una mística para una jornada extraordinaria, la que derivó en un triunfo argentino histórico, acaso uno de los más importantes en la vida del rugby criollo. Los Pumas no solo le ganaron por primera vez a los Springboks, un duelo que acumulaba 18 victorias sudafricanas y apenas un empate. Sobre el césped del Kings Park, en Durban, los jugadores argentinos afirmaron un poco más las bases para el futuro, un horizonte que más que mirar hacia el Mundial de Inglaterra que comenzará el próximo 18 de setiembre, observa con mucha más paciencia hacia Japón 2019. Lo que no significa que no se buscará el mejor resultado para cuando los hombres que conduce el head-coach Daniel Hourcade debuten con los All Blacks el 20 de setiembre en Wembley. El triunfo por 37-25 ante los Springboks sirvió, además, para que Los Pumas terminaran por primera vez en la tercera posición del Rugby Championship después de que en las anteriores ediciones finalizaran cuartos, en la última colocación. Fue también la primera victoria en condición de visitante en el torneo. Los Pumas ya habían conseguido un triunfo importante el año pasado, ante los Wallabies australianos, en Mendoza. Pero ni una ni otra conquista, más allá de la dimensión histórica que tienen, desenfoca el camino del equipo de Hourcade, el paso a paso para la construcción de una selección poderosa. «Nuestra perspectiva no cambia. Sí es cierto que este tipo de victorias te ayudan en lo anímico porque reflejan que estamos trabajando bien. Pero nuestra humildad debe seguir siendo igual, entrenando al máximo y aprovechando lo que nos dicen los entrenadores para que luego sea natural poder aplicarlo en la cancha», dijo después del partido uno de los jugadores más grandes del equipo, Juan Martín Hernández. La mala actuación en la cancha de Vélez, una semana después, demuestra que tampoco conviene creerse la aceleración. Otra vez ante los Springboks, en un test match, Los Pumas mostraron su contracara. Ese vaivén impone la alerta, el paño frío. En Liniers, el equipo argentino fue superado ampliamente, con muchos errores en la primera parte que después fueron imposibles de remontar. El triunfo en Durban no se deslució por eso, siguió teniendo la misma dimensión, pero la derrota en el último partido en el país, previo al Mundial, acaso hizo poner los pies sobre la tierra.   Peldaño a peldaño Hourcade, que tiene contrato hasta 2019, tuvo que aclarar en varias ocasiones que el Mundial de Inglaterra está entre sus objetivos y que no solo mira el certamen que organizará Japón. Pero está claro que la idea es ir subiendo peldaño a peldaño la escalera hacia el primer nivel, sobre todo por el proceso de profesionalización –mediante el Plan de Alto Rendimiento– que lleva adelante la UAR, que tendrá una franquicia en el Super Rugby de 2016. Para la conformación de ese plantel avanzó en la contratación de jugadores, entre ellos Agustín Creevy, capitán de Los Pumas, y varios más de los 31 que conforman el plantel que viajará a Inglaterra, como Martín Landajo, Tomás Cubelli, Pablo Matera, Matías Alemanno y Jerónimo de la Fuente. Serán 19 los debutantes mundialistas y 21 los que integraron los Pampas XV –el segundo seleccionado argentino– y se convirtieron en Pumas. Lo lógico sería que para el Mundial 2019 ese camino se afiance. El triunfo frente a los Springboks quedará en la memoria. No es producto de una casualidad, sin dudas, pero la mística jugó su parte. La presencia de los jugadores del 65, los que iniciaron la tradición, los que fueron bautizados como Pumas, empujó a los actuales, incluso en la repetición de los nombres, como los Imhoff, José Luis y Juan, padre e hijo, uno presente hace 50 años y otro protagonista de una actualidad profesionalizada. La victoria en Durban pareció cerrar un círculo, aunque ese círculo sigue abierto por todo lo que viene y –como quedó demostrado en Vélez– por todo lo que falta. Ahora sin el estigma del que hablaba Pichot, que en esa misma entrevista con Gantman se preguntaba como una forma de imponer el desafío: «Si podemos hacerlo mejor para representar al país, ¿por qué voy a ir así nomás? Esa es la gran pelea filosófica hoy». ---Alejandro Wall