Deportes | A 62 años de su nacimiento

Diego, el amor y la guerra

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Alejandro Wall

En medio de las disputas por los derechos sobre su imagen y los reclamos de sus herederos, la pasión popular por Maradona está más viva que nunca.

Imponente. Uno de los últimos murales dedicado al Diez se ubica en la avenida San Juan, al costado de la autopista 25 de Mayo, en el barrio porteño de Constitución. 

Foto: AFP/Dachary

En el aeropuerto de Doha un holograma de Diego Maradona recibirá a los visitantes durante Qatar 2022. La idea es potente porque a la vez marca una ausencia: será el primer Mundial después de la muerte de quien parecía inmortal. Habrá también un bar temático de Diego en la capital qatarí, será bajo techo para que los hinchas puedan beber alcohol, según las reglas locales. Por el marketing, por la cultura pop, por los murales, las camisetas, sus videos virales, el homenaje permanente, Maradona, que hoy cumpliría 62 años, es un muerto que no para de nacer.
El fotógrafo Jorge Boido (boidofotos.ph en Instagram) registra cada imagen con su cámara. Su proyecto es Un D10S plebeyo, Diego Maradona en la cultura popular y su gente. Va por cada pared donde aparezca el tótem, su mirada penetrante e inmortal en rincones de la Argentina y el mundo. El último mural que consigna está en Constitución, en la Ciudad de Buenos Aires, avenida San Juan al costado de la autopista 25 de Mayo. Es el Maradona de la final con Alemania en Italia 90, un Maradona que arenga, gigante, con la camiseta azul. Está enmarcado en un cielo con estrellas que dibujan el segundo gol contra Inglaterra en México 86.
El autor es Martín Ron, que ha realizado murales en distintas partes del mundo y que desplegó a Diego en una pared de 45 metros de alto y 40 metros de largo gracias a 800 litros de pintura. Es posible que sea el mural de Maradona más grande del mundo. Ron lo sostiene y también sostiene que no hay pared que contenga la verdadera medida de Diego.
Los retratos maradonianos ya eran un ícono antes de la muerte; pero la muerte lo agigantó. Lo puso en cada lugar. Hay un Diego para todo, para el llanto y la sonrisa, para el fútbol y la reivindicación social, el Diego hijo, el padre y el dios pagano. La pertenencia a ese sentido popular es lo que se pone en juego cuando una medida cautelar frena homenajes por asuntos de derechos.
Pasó con la camiseta del Napoli que llevaba su cara desde marzo de este año. Un juez italiano le hizo lugar al planteo de los herederos, hijas e hijos, quienes a través de un abogado pidieron que no hicieran uso de la imagen de Diego. Puede entenderse como una marca de identidad del equipo que fue el hogar de Diego en Italia. Nada más maradoniano que lo napolitano. Nápoles es Diego y Diego es Nápoles. La camiseta se comercializaba gracias a un acuerdo entre el club y la empresa Diez Fze, con sede en Dubai, cuyo representante legal es Stefano Ceci, amigo y socio italiano de Diego.

Negocios con su nombre
Todo se envuelve en una maraña de familiares, abogados, socios de ayer que reclaman ser de hoy, y un entramado de contratos y empresas que todavía siguen en pie. Lo nuclear es el juicio por la sucesión, un expediente complejo como la vida de Diego. La cartografía de herederos es bastante conocida. Están Dalma y Gianinna, con Claudia a sus espaldas, están Diego Jr, Jana y Diego Fernando con su mamá, Verónica Ojeda. No es un grupo homogéneo, tienen posiciones contrapuestas que incluso se hicieron públicas.
Están también las hermanas de Diego, patrocinadas por el abogado Matías Morla, enfrentadas a las hijas mayores. Está Lalo Maradona, que habla con todos, y la viuda de Hugo, Paola Morra. Morla y Ceci, además, se adjudican contratos firmados por Diego para hacer negocios con su nombre. Morla tiene la empresa Sattvica, mientras que Ceci sostiene que antes de morir Maradona le firmó un contrato para que comercialice su imagen durante 15 años cediéndole el 50% de las ganancias. Los herederos argumentan que ese acuerdo ya fue rescindido. La pelea se da en todos los terrenos. La Justicia rechazó este año un pedido de los abogados de hijas e hijos para que la plataforma Mercado Libre saque de la venta todos los productos que lleven la imagen de Diego.
Todo ese tejido no solo demuestra el conflicto sucesorio, donde cada parte del universo maradoniano intenta hacer pie sobre la herencia, la que dejó y la que está por venir, sino también que expone la dificultad de la figura de Diego al convertirse en estampita. Es un negocio que vende camisetas y también es una bandera de la rebeldía. Comercio y revolución, como alguna vez definieron lo que sucedía con Ernesto Che Guevara. Diego está en las paredes pero también lo disputan las grandes marcas, así también era su vida.  
Hay un tramo del documental Maradonapoli, de Alessio Maria Federici, donde se exhiben los objetos maradonianos. «Tenemos tazas, bufandas, ¿ves? Almohadón, banderas. Nos trajo la alegría del dinero, la felicidad, todo», dice un vendedor callejero. «Lo que les dije a los napolitanos fue: quiero que la clase obrera sobreviva, si lo hacen no me importa. Pero no quiero a un multimillonario enriqueciéndose con Maradona. No voy a tolerar eso, así que mejor que venga a ver a Maradona», dice Diego en una vieja entrevista que recupera el documental. 
–Pero la gente promedio en Nápoles que… –continúa Maradona y no encuentra las palabras en italiano.
–Que se gana la vida –le acota el periodista. 
–Sí, ese es el término correcto, que se gana la vida, que hacen esto para sobrevivir, me gusta. Me enorgullece que Maradona esté ayudando.
«Llegará el día en que no podamos ver a Maradona en ninguna imagen sin derechos», escribió en Twitter el periodista Rashid Alí García, autor del libro Alhamdulillah, sobre los días de Diego en Dubai. «Acaso –continuó– ya ni queden murales de barrio, banderas de hinchadas o fotos en altares sin ser reclamadas por titulares que no llegan ni a suplentes. Todo lo contrario a lo que quería el propio Diego».

Lo imborrable
En Instagram, el 1º de septiembre de 2020, Diego apoyó el impuesto a las grandes fortunas. «En este momento de crisis, se necesita de la ayuda de los que más tenemos», escribió . Sin embargo, una vez que se aprobó el proyecto, después de la muerte de Diego, sus herederos se presentaron ante la Justicia para reclamar una «acción declarativa de inconstitucionalidad», lo que fue rechazado. 
Aquel apoyo al aporte solidario fue eliminado de su cuenta de Instagram, como fueron borrados otros posteos políticos. Un apoyo a Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Martín Guzmán, Axel Kicillof y Ginés González García el 17 de octubre de 2020, Día de la Lealtad. Una publicación contra Mauricio Macri de cuando el expresidente dijo que lo había echado de Boca. «Tus decisiones –escribió– le cagaron la vida a dos generaciones de argentinos. Hacete cargo, querido, ya lo dijo tu padre…». También un mensaje por el cumpleaños de Cristina en 2020. Si bien en el perfil dice que la cuenta es «administrada por sus hijos», Dalma negó que fuera ella quien define qué se publica. «¡Yo no decido NADA! –dijo en Twitter– El día que pedí publicar un video donde se promocionaba el partido de La Paz, ¡ME LO BORRARON AL RATO DE SER PUBLICADO!». Y agregó en una respuesta: «Hay una persona que hace las publicaciones y un abogado que no es el mío el que las aprueba».
El señalamiento es para Ojeda y Mario Baudry, su pareja y abogado. Aunque todos los herederos tienen acceso a la cuenta, según distintas fuentes son ellos quienes toman las decisiones. Lo cierto es que se borraron las huellas del compromiso maradoniano en Instagram, una despolitización que no le hace justicia a lo que fue su vida. Antes de la muerte, además, se habían realizado bloqueos –algunos subsanados– sin que esa decisión pasara por Diego.
Por fuera de las batallas legales y de las decisiones judiciales, de los negocios que se cierren, un avión, un holograma, un bar, y más allá de los posteos que se eliminen, Diego Maradona está guardado en una memoria que es una memoria colectiva. Y de ahí nadie lo puede borrar.

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