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Diploma de conductor

Con experiencia en la labor formativa por herencia familiar, Daniel Orsanic, capitán argentino de Copa Davis, viene consiguiendo buenos resultados con el equipo nacional, en base a una gestión que respeta los tiempos de trabajo y cultiva la unidad grupal.


En juego. Orsanic dando indicaciones a Delbonis, en una serie de la Davis en 2015. (Thys/AFP/Dachary)

 

Algunas veces, Daniel Orsanic fue Daniel Orlovich. No se trataba de un simple malentendido sino, en todo caso, de un asunto de historia familiar. Orlovich fue el apellido que utilizó el abuelo diplomático para escapar de Croacia después de la Segunda Guerra Mundial. Y junto con el abuelo también tuvo que escapar Branko, el padre del capitán argentino de la Copa Davis. Pasaron unos meses en un campo de refugiados de Austria, llegaron a Italia, y tres años después, desembarcaron en Buenos Aires. Branko siguió llamándose Orlovich. Pero Daniel, que nació el 11 de junio de 1966, es Orsanic. Aunque en algunos torneos, por herencia de la historia paterna y sin que importara lo que dijera el documento, haya sido Orlovich.
Cuando Orsanic todavía era un chico que jugaba al tenis en el club Arquitectura, lo conocían por ser el hijo de Branko Orlovich, un reconocido formador de la época que trabajó, entre otros, con José Luis Clerc. Branko practicó la docencia en el tenis. Y ayudó a la formación de su hijo Daniel. «Cuando me acompañaba a los torneos –contó Orsanic en una nota con la revista El Gráfico–, me daba vuelta y les daba indicaciones a otros chicos, de corazón, porque le gustaba corregir. “Vos lo ayudás a ese o al otro y mañana pueden ser mis rivales y me ganan”, le reclamaba, enojado».
Esa historia familiar también permite entender quién es y cómo trabaja el capitán del equipo argentino de Copa Davis. En 2014, cuando Orsanic fue designado como director de Desarrollo de la Asociación Argentina de Tenis en reemplazo de Modesto Tito Vázquez, ya se podía prever que más temprano que tarde iba a terminar ocupando el cargo actual. Se trataba de completar un escalón. Y de unir ambas tareas para un entrenador que arrastraba nivel internacional. Orsanic había tenido bajo su ala a jugadores como José Acasuso.

 

Consenso y armonía
Llegar a ser capitán de Copa Davis era el paso siguiente, sobre todo teniendo en cuenta el contexto en el que se produjo. Lo que tomó valor con la tarea de Orsanic en el tenis de base era, sobre todo, su perfil. «Además de tener una gran capacidad como formador y entrenador, Daniel es un diplomático, un tipo que escucha, atiende y habla con todos. Desde el padre de un chico hasta un tenista de élite. Eso es esencial para ser capitán de la Davis», dice un exjugador que conoció de cerca el trabajo de Orsanic. Era un hombre de consenso, el que generaba en el mundo del tenis y el que él mismo podía generar como capitán.
La llegada de Orsanic estuvo atravesada por las críticas de Juan Martín Del Potro a la dirigencia del tenis, en paralelo con su alejamiento de la Copa Davis. Si bien se adjudicó al jugador de Tandil la única intención de cambiar al capitán por la mala relación que mantenía tanto con Martín Jaite como con su lugarteniente, Mariano Zabaleta, Del Potro sostuvo en varias ocasiones que no se trataba solo de un cambio en esa silla, sino que el giro también tenía que darse a nivel dirigencial. «Se necesitan modificaciones profundas para corregir los errores que se han repetido durante tantos años», escribió Del Potro en una carta en 2014. Esa crisis con el tandilense derivó en la salida de Héctor Bicho Romani, vicepresidente de la AAT, que pidió una licencia (hasta que finalmente renunció) después de que se definiera el nombramiento de Orsanic. Romani no solo no estaba de acuerdo con esa designación, sino que era uno de los hombres con los que confrontaba el tandilense.
A partir de ahí, Orsanic inició un trabajo silencioso con el fin de establecer las condiciones necesarias para un regreso de Del Potro, casi cuatro años después de su última vez, contra República Checa, en setiembre de 2012. Orsanic no se apuró, respetó los tiempos de la lesión que sufría el jugador, no entró en falsas polémicas y encontró el momento exacto para sumarlo. La vuelta de Del Potro frente a Italia en Roma, donde el equipo argentino obtuvo el pasaje a las semifinales de la Copa Davis, tuvo, incluso, una gran significancia por la convivencia que el tandilense mantuvo con un coterráneo, Juan Mónaco, con el que mantenía cierta distancia.
En esos avances, sostienen quienes lo conocen, se pudo ver la mano de Orsanic como un gran administrador de egos. Hasta capaz de poner a Del Potro a pelotear con Mónaco en modo de sparring. Dio trato igualitario a cada jugador. No hubo distinciones. No se trataba de bajar a tierra a la estrella, sino de darle la mejor utilidad: era el único diestro con el que podía practicar Pico. Del Potro, además, solo jugó el dobles junto con Guido Pella. Fue su aporte para la victoria en la serie. Así funcionan los equipos.
Y Orsanic lo sabe mejor que nadie. Aunque el actual capitán de la Copa Davis inició su carrera en singles, lo más destacado lo consiguió en dobles, donde ganó ocho títulos ATP. Pero más allá de su trayectoria como jugador, lo que importa para la nueva tarea es su capacidad para encarar una gestión de equilibrista. Se trata de encontrar el punto exacto para su trabajo como director de Desarrollo –en la etapa de formación, aplicar acaso mucho de lo que aprendió de su papá Branko–, y su rol en la Copa Davis, en una faceta más política, la conducción de un grupo. Quizá eso lo haya aprendido de su abuelo diplomático. Porque, al margen de los buenos resultados, el mayor éxito de Orsanic hasta ahora fue haber encontrado armonía. No es poco.