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Embajadora nacional

La bonaerense, de 30 años, acumula logros que la erigen como la mejor ajedrecista argentina. Su compromiso social con la disciplina y el presente de la actividad.  
Ganadora. Maestra Internacional Absoluta, Luján recientemente se coronó campeona argentina por quinta vez. (Télam)

En la casa de Carolina Luján todos jugaban al ajedrez. Vivía con su familia en Caseros, partido de Tres de Febrero, y sus padres le daban clases los martes y jueves de cada semana. Todo iba muy tranquilo, todo corría con cierta facilidad para su vida infantil, incluso cuando siguió su camino en la Federación del Oeste del Gran Buenos Aires, hasta que le tocó competir en el campeonato argentino mixto. Carolina terminó en tan mala ubicación que no paraba de llorar. Sus padres le dijeron que podía dejar, pero ella insistió: quiso ser mejor. A los 30 años, puede decir que todo valió la pena. Carolina es Maestra Internacional Absoluta –la primera argentina con ese título– y Gran Maestra Internacional Femenina. Además, se encarga de divulgar lo que sabe de este deporte como coordinadora del Programa de Ajedrez de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. «El ajedrez femenino ha crecido en los últimos años. Argentina cuenta con dos Grandes Maestras (GM), más de 10 Maestras Internacionales, torneos femeninos de buen nivel y cada vez son más las mujeres que participan de torneos absolutos (mixtos), pero aún la diferencia es abrumadora. De 300 participantes en un torneo abierto solo 10 son mujeres», le dice Carolina a Acción. «La evolución cultural sobre la cuestión de género también influyó en esos progresos. La mujer se anima a hacer cosas que antes eran impensadas, hoy tiene igualdad de oportunidades. Aunque todavía falta», reflexiona Carolina, que viene de ganar por quinta vez el campeonato nacional femenino, una marca que ya habían conseguido Claudia Amura y Liliana Burijovich. La GM Amura es una de las referentes de Carolina en el ajedrez, igual que Pablo Ricardi, Gran Maestro Internacional. Cuando va más allá de las fronteras, Carolina mira a la húngara Judit Polgár, a quien muchos consideran la mejor ajedrecista de la historia, la única mujer que estuvo en el top 10 mixto. Para Carolina es un buen momento del ajedrez en la Argentina, que se ubica entre los 20 mejores equipos del mundo y cuenta con jugadores fuertes en Sudamérica, como el GM Sandro Mareco, campeón continental, y la propia Carolina, actual campeona continental y zonal. A ellos hay que agregar el presente –y el futuro– de Alan Pichot, un joven de 22 años, campeón del mundo en la categoría cadetes. Desde el Programa de Ajedrez de la UNTREF, Carolina coordina a un grupo de docentes que realizan diversas actividades con jóvenes jugadores que participan de torneos y talleres, y una diplomatura que forma instructores. «El ajedrez tiene un rol muy importante en la Universidad, es transversal a todas las áreas», dice Carolina y explica que las características para ser una buena ajedrecista son las mismas que para cualquier deporte: «Talento, entrenamiento, dedicación, esfuerzo, perseverancia, concentración, enfoque, temple y planificación. Si hablamos de lo técnico, es fundamental calcular jugadas de forma precisa y profunda, mantener un alto nivel de concentración durante el torneo y tener buena resistencia física». Porque la preparación del ajedrecista no es solo mental; no queda en un ejercicio intelectual, sino que se trata también de cuidar el cuerpo y que esté listo para afrontar varias horas de tensión, de sentarse frente a un tablero y un rival, sin hablar. Jugar al ajedrez es estar ahí, concentrado o concentrada, sin que lo que pase por adentro se exprese hacia afuera, salvo las decisiones del juego. «Eso hace que el cansancio mental sea terrible y es necesario estar bien físicamente», explica Carolina, que durante muchos años jugó al handball y desde hace tiempo práctica fútbol de salón.   Detrás del tablero «El entrenamiento del ajedrecista es principalmente estar sentado frente a una computadora con un tablero y libros. Requiere de mucho estudio», dice. Cuando tiene torneo, Carolina realiza una rutina que podría resumirse en comer, dormir, preparar los rivales, jugar, hacer algo de actividad física, comer y dormir. «No suena divertido», bromea Carolina, que tiene un fuerte compromiso con la disciplina. Después del Mundial de Sochi, en marzo pasado, reclamó en una carta más apoyo de la Federación Argentina de Ajedrez (fada). «Mi caso no es el único. Y tuvimos tiempos peores, por eso también conté las cosas buenas que se hicieron. Después de eso algunos dirigentes de FADA entendieron mi situación y se comprometieron a gestionar y propiciar apoyos para cubrir nuestras necesidades deportivas», dice Carolina, primer tablero del equipo olímpico, y cuenta que lo que se necesita es una escuela deportiva que realice un trabajo de base y sea contención de los ajedrecistas de alto rendimiento, además de un diálogo abierto de la dirigencia con los deportistas. «La actualización de la Ley del Deporte (con media sanción en Diputados) es una deuda con la comunidad deportiva. Estoy feliz con los avances que se hicieron y espero que pronto tengamos una ley moderna, amplia, inclusiva, democrática y federal. Hay algunos puntos importantes, como la igualdad de oportunidades para todos los deportistas o la limitación de los mandatos en las federaciones. En ajedrez todavía tenemos dirigentes que estuvieron con la dictadura», asegura la mejor ajedrecista del país, que tiene algunos objetivos próximos este año, como el torneo Zonal en Buenos Aires, el Festival de Ajedrecear en el Centro Cultural Kirchner, el Continental en Mexico, y los Juegos Abiertos de San Pablo. Pero la mira está puesta en las Olimpíadas de Baku, en Azerbaiyán. Hacia ahí va Carolina. ---Alejandro Wall