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El Fútbol para Todos generó en estos años mayor democratización aunque persisten cuestionamientos: su enfoque periodístico y la situación financiera de los clubes.  
Debate. A más de cuatro años del debut, Fútbol para Todos sigue generando polémicas. (Martin Acosta)

En 2009 el Estado argentino desembarcó en el fútbol. Luego de una negociación con la AFA, que rescindió el contrato que unía al ente rector del fútbol argentino con Televisión Satelital Codificada –una sociedad entre la empresa Torneos y Competencia y el Grupo Clarín–, el gobierno de Cristina Fernández se hizo cargo de la televisación de los partidos de primera división, aportando una suma de dinero mayor a la que aportaba la empresa privada. La idea era democratizar el fútbol, que fuera de libre acceso para toda la población. El elegido para coordinar el llamado Fútbol Para Todos (FPT) fue Marcelo Araujo, un periodista cuestionado por sus cambiantes posiciones políticas pero con una probada capacidad y trayectoria en el medio. Araujo armó su equipo periodístico y estuvo al mando del FPT durante cuatro años y medio, hasta este verano, en que el Gobierno decidió dar un golpe de timón. El que apareció en escena fue Marcelo Tinelli, el popular conductor y empresario televisivo que además es vicepresidente de San Lorenzo. La llegada de Tinelli iba a estar acompañada por varios relatores de renombre como Mariano Closs y Sebastián Vignolo, y por periodistas de relieve como Juan Pablo Varsky y Diego Latorre. La idea del Gobierno era que Tinelli mejorara la cobertura del fútbol, muy politizada y de baja calidad según la opinión de un sector del público. En un principio, el Gobierno estaba dispuesto a despolitizar un poco las transmisiones y a abrir sus puertas a la publicidad privada para recuperar algo del dinero invertido. El conductor de Showmatch quiso ir más a fondo en los cambios y ahí se produjeron los choques que terminaron en la ruptura de un acuerdo que nunca se llegó a concretar, aunque también hubo diferencias en cuanto al manejo de los recursos para la transmisión del Mundial de Brasil, que se verá por la pantalla de la TV Pública. Para buena parte del público, las críticas se focalizaron en la desprolijidad con que se manejaron no sólo las negociaciones sino también su comunicación. Se llegó a convocar una conferencia de prensa para dar a conocer el nuevo formato del FPT, con Marcelo Tinelli a la cabeza. El anuncio fue finalmente cancelado debido al duelo nacional por el incendio en Barracas que provocó la muerte de 10 personas, si bien hubo fuertes rumores que indican que las negociaciones ya habían quedado truncas esa misma mañana del 5 de febrero. Lo cierto es que Tinelli finalmente no acordó con el Gobierno y el Fútbol Para Todos quedó a la deriva, sin un coordinador general. De todas maneras, dos días después, el Torneo Final se puso en marcha y las transmisiones siguieron igual a como se venían realizando el semestre anterior, sin ningún cambio de fondo, sólo con la ausencia de Marcelo Araujo y Julio Ricardo.   Logros y deudas El fracaso en el intento de renovar la imagen de FPT es un capítulo más de una historia en la que conviven críticas y elogios a las transmisiones deportivas por televisión abierta. Por un lado, están aquellos que objetan la calidad periodística, sus altos costos en perjuicio de otras áreas como salud y educación y la inclusión de publicidad oficial en las transmisiones y los relatos. Por otro, muchos reconocen que el programa garantiza el derecho del público a ver gratuitamente el deporte más popular. Además, ha logrado democratizar el reparto de dinero para los clubes, que antes beneficiaba a los dos grandes del fútbol argentino: Boca y River. Hoy, el reparto es más equitativo y hasta se expandió a la segunda categoría, la B Nacional. Gracias a esta división más equitativa de los recursos, varios clubes de los considerados chicos han logrado consagrarse campeones por primera vez, como es el caso de Banfield, Lanús y Arsenal. La plata que el Estado destina al fútbol es mucha. En 2009, el año del debut del FPT, el Gobierno le dio a la AFA 325 millones de pesos, aunque en ese caso fue por media temporada, ya que el acuerdo entre el Poder Ejecutivo y la entidad presidida por Julio Grondona se constituyó en agosto de ese año. En 2010, la cantidad subió a 693,5 millones de pesos, pero por todo el año. En 2011, el Estado aportó 753 millones de pesos, mientras que en 2012 el monto aumentó a 1.287 millones. Para 2013, el presupuesto fue de 1.201 millones de pesos, mientras que el dinero a invertir en 2014 se pautó en 1.410 millones. Semejante aporte de dinero no evitó que los clubes siguieran teniendo graves problemas económicos, y es en este punto dónde más falló el Estado, que debería haber sido el responsable de controlar los gastos de los clubes. Independiente y River, por caso, tienen deudas que rondan los 400 millones de pesos. En estos últimos meses, los que estuvieron en boca de todos por los problemas financieros fueron All Boys y Colón. Ambos equipos debieron darle la libertad de acción a varios de sus futbolistas por falta de pago, lo que les impidió incorporar jugadores para este nuevo campeonato. Al menos por ahora, el Fútbol Para Todos seguirá sin cambios. En el debe del Gobierno quedan dos factores importantes: el control de los gastos de los clubes y la violencia dentro y fuera de los estadios, que se ha incrementado en los últimos años. ---Germán Esmerado