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Entrenadores de exportación

Siete selecciones sudamericanas son dirigidas por argentinos. Radiografía de un boom que tiene las influencias de Pastoriza, Bielsa, Martino y Pekerman.

Experiencia. Al frente de Venezuela, Pekerman junto a su ayudante, Fernando Batista, en el partido de eliminatorias ante el equipo de Lionel Scaloni, en La Bombonera.

AFP/DACHARY

Uno de los adelantados fue Filpo Núñez. El 7 de septiembre de 1965, el equipo que dirigía, Palmeiras, se convirtió por un partido en la selección brasileña. Fue en la inauguración del estadio Minerão, en Belo Horizonte. Palmeiras, como selección del país, le ganó 3-0 a Uruguay. Filpo Núñez, argentino, era el técnico: el primer extranjero en dirigir solo a Brasil. Antes lo había hecho el portugués Joreca en dupla con el brasileño Flavio Costa.
Núñez nació en Buenos Aires en 1920. Tuvo una carrera gris como jugador. Se hizo entrenador joven, a los 28 años, en equipos de la Argentina, México, Venezuela y Portugal. Dirigió a la selección de Ecuador. Se fue a Bolivia y de ahí a Brasil, donde siguió su historia. Murió en San Pablo a los 78 años. 
El registro puede ser una casualidad, una anomalía de la época, pero Filpo dejó esa marca. Ningún otro extranjero volvió a dirigir a Brasil. Y sin embargo, otros técnicos argentinos se exportaron hacia otras selecciones de Sudamérica. Hoy, siete de los diez equipos nacionales que compiten dentro de las fronteras de la Conmebol tienen entrenadores nacidos en la Argentina. Es un camino que marcaron otros. Casi una tradición.
Colombia, afuera de Qatar 2022, acaba de contratar a Néstor Lorenzo, el séptimo entrenador argentino de su historia. La cuenta empezó con Fernando Paternoster en 1938 y siguió con Lino Taioli (1947), Rodolfo Orlandini (1957), Adolfo Pedernera (la dirigió en Chile 62), Carlos Bilardo (1980/1981) y José Pekerman, que estuvo seis años desde 2012. Por eso, cuando Lorenzo llegó a Colombia para ser presentado, la prensa se entusiasmó con la comparación que hizo un jugador de Melgar, el último club del entrenador. «Tiene cosas de Bilardo», dijo el peruano Alec Deneumostier. Lorenzo fue jugador de Bilardo en la selección y en Boca. Pero el antecedente que lo acercó a Colombia fue haber sido colaborador de Pekerman en la selección de ese país. 

Eduardo Berizzo. Presentación del flamante conductor de Chile, en mayo. «La Roja» busca recuperar protagonismo tras quedar afuera del mundial de Qatar.

AFP/DACHARY

Caminos y reconstrucciones
Pekerman, que ahora dirige Venezuela, es otro de los argentinos en selecciones de Sudamérica. Fue bajo su mando que Colombia volvió a un Mundial después de 16 años y tuvo su mejor actuación (Brasil 2014). La nostalgia por los tiempos de Pekerman es inevitable, lo que, más allá de los méritos propios, puede explicar la contratación de Lorenzo, su antiguo colaborador.
Ahora para Pekerman la misión está en Venezuela. Es el quinto entrenador argentino en esa selección. Se puede mencionar a Miguel Ángel Gleria (1951), Rafael Reyes (1961-1967), Gregorio Gómez (1969-1973) y Carlos Horacio Moreno (1989), pero nadie fue tan influyente como José Pastoriza, emblema de Independiente, de Argentina, que cambió las condiciones de los futbolistas de esa selección. No se trató de resultados, Venezuela terminó última en la Copa América de 1999 y no se clasificó a Corea-Japón 2002, aunque clasificarse al Mundial no era un objetivo concreto. Pero Pastoriza sentó las bases de las juveniles y prácticamente profesionalizó a la selección venezolana. Le entregó una organización que le permitió en el futuro tener mayores expectativas de competitividad.
En otra dimensión, por su tradición y su nivel, esa influencia la tuvo Marcelo Bielsa sobre la selección chilena. Si bien el equipo había tenido entrenadores argentinos muchos años antes, Bielsa modificó futbolísticamente a Chile. No es que bajo su conducción, en Sudáfrica 2010, la selección de ese país haya ganado por primera vez un partido de Mundial después de 48 años. Es como la estructura, y hasta la idiosincracia de sus jugadores, cambió con su trabajo. Lo que vino después (Copa América 2015 y 2016, ambas en finales por penales contra la Argentina) se entiende por Bielsa, aunque los técnicos hayan sido Jorge Sampaoli y Juan Antonio Pizzi, dos argentinos. Como puente, también pasó Claudio Borghi, otro DT albiceleste.
Para reconstruir ese trabajo, llegó ahora Eduardo Berizzo, colaborador de Bielsa en los tiempos chilenos. Sin Qatar 2022, el norte es el Mundial de 2026. Lo mismo para otro argentino, Guillermo Barros Schelotto, a cargo de la selección paraguaya, donde precisamente reemplazó a Berizzo. Paraguay también tiene una historia con entrenadores argentinos. Desde José Laguna en la década del 20 hasta Eduardo Manera a fines de los ochenta. Antes de Berizzo y Barros Schelotto estuvo Ramón Díaz. Y antes, con una muy buena campaña, la dirigió Gerardo Martino, que en Sudafrica 2010 llevó a la selección paraguaya por primera vez a cuartos de final de un Mundial.
Experiencias como la de Bielsa y Martino explican el fenómeno de los entrenadores argentinos en las selecciones sudamericanas. A ellos hay que sumarles a Ricardo Gareca, que por estas horas estudia si continúa al frente de Perú. Su experiencia, iniciada en 2015, tuvo el regreso a un Mundial (Rusia 2018) después de 36 años y grandes actuaciones en la Copa América (final en 2019). Es casi un prócer del fútbol peruano. Afuera de Qatar en el repechaje con Australia, Gareca revisa su futuro.
Claro que también impactan los trabajos que los entrenadores argentinos realizan en los clubes de esos países para que luego lleguen a las selecciones. Aunque sea de manera indirecta. Gustavo Alfaro dirigirá a Ecuador en Qatar 2022, aunque no había tenido ningún paso por el fútbol ecuatoriano: su nombre lo sugirió a la dirigencia Gustavo Lescovich, representante de Edgardo Bauza, quien sí marcó una época en la Liga de Quito como campeón de la Copa Libertadores. Y dio resultados, se metió tercera en unas eliminatorias dominadas por Brasil y Argentina.
Si bien se barajó la chance de Sergio Batista, Bolivia es una de las tres selecciones que no tiene técnico argentino. Los tuvo antes: Carlos «Chamaco» Rodríguez, Nito Veiga, Jorge Habbeger, Héctor Veira, Carlos Trucco, Gustavo Quinteros, Angel Hoyos, Dalcio Giovagnoli y Néstor Clausen. Algunos eran nacionalizados bolivianos. 
Uruguay solo pasó por una gestión argentina. En abril de 1999 vio desembarcar en la selección a Daniel Passarella, apalancado por el poderoso empresario Paco Casal. Fue la única vez de un argentino con la Celeste. Duró poco, aunque dirigió muchos partidos más que los que comandó Filpo Núñez con Brasil. Uruguay y Brasil son las otras excepciones en la región. Tienen su propia tradición. Con la Argentina, son las tres selecciones sudamericanas campeonas del mundo. Difícil que se acepte a los de afuera. Tan difícil que el fútbol argentino, que tanto exporta entrenadores, nunca tuvo a ningún vecino sudamericano sentado en el banco.


Alejandro Wall