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Herederos del gol

Con estilos diferentes a los de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, el noruego Erling Haaland y el francés Kylian Mbappé encarnan un cambio de ciclo en la élite. Historias e impactos de dos cracks que acaparan elogios y jerarquizan el espectáculo.

Borussia Dortmund y PSG. Los delanteros ante el Schalke 04 y Barcelona, en febrero.
Foto 1 (Ina Fassbender/various sources/AFP)
Foto 2 (Luis Gene/AFP)

Mezcla de orden natural y exigencia de la industria, el fútbol necesita de la renovación de estrellas. Nuevos héroes que repongan otros juegos, como la comparación y la rivalidad. La era de Lionel Messi (33 años) y Cristiano Ronaldo (36), ganadores del Balón de Oro entre 2008 y 2017 (seis para el argentino, cinco para el portugués), se acerca poco a poco a su cierre. Con el francés Kylian Mbappé (22) y el noruego Erling Haaland (20), el futuro está en el presente. El delantero de París Saint-Germain y el de Borussia Dortmund son los exponentes de una generación que reclama la herencia de Messi-Cristiano. En un primer vistazo, Mbappé y Haaland parecen representar a jugadores más físicos y atléticos –menos totales– que Messi y Cristiano. Hijos de su tiempo, Mbappé –diestro, elegante y desequilibrante en los mano a mano– y Haaland –zurdo, más potente y astuto en el área– encarnan ese cambio de ciclo en la élite del fútbol.
Messi, se sabe, está en la línea de Alfredo Di Stéfano, Pelé, Diego Maradona y Johan Cruyff. Cristiano Ronaldo tuvo la mala suerte de coincidir en tiempo con Messi, aunque sus números y sus desempeños lo ubican entre los grandes. Mbappé y Haaland son futbolistas más comparables por los goles. Quizá la disputa entre el francés y el noruego sea un emparejamiento más próximo al poder de gol de los años del brasileño Ronaldo y Gabriel Batistuta. Entre el 16 y el 17 de febrero, se midieron a distancia: Mbappé primero convirtió tres goles en el 4-1 de la ida de octavos de Champions League de PSG ante Barcelona, en el Camp Nou. Al día siguiente, Haaland marcó dos goles en el 3-2 de Borussia Dortmund ante Sevilla, en el Sánchez Pizjuán. «Me inspiré en los goles de Mbappé. Gracias a él por el incentivo», apuntó Haaland. Todo duelo también necesita de palabras. «Son fuertes pero diferentes. Haaland es más goleador que Mbappé, pero Mbapeé será el mejor del mundo en dos o tres años. Es más que un goleador», le dijo Carlos Bianchi, goleador histórico de PSG, al diario Le Parisien. El año pasado, PSG se cruzó en los octavos de Champions ante el Dortmund. En la ida en Alemania, Haaland anotó dos goles y festejó con el gesto de meditación. PSG dio vuelta la serie en Francia. Y los jugadores, Mbappé incluido, festejaron imitando la meditación de Haaland, una broma innecesaria. Era el escenario ideal para la confrontación entre dos figuras de orígenes y culturas opuestas.
Padre camerunés y madre argelina, Mbappé se crió en Bondy, suburbio de París, pero a los 14 años se incorporó a las inferiores de Mónaco, donde debutó en Primera. En la temporada 2017/18, sin embargo, volvió a su ciudad, repatriado por el PSG. En París se siente cómodo. Al año, con la selección de Francia, ganó el Mundial de Rusia 2018 y fue elegido el mejor jugador joven. Mbappé es un producto del fútbol callejero de las afueras de París. De canchas públicas, de cemento o pasto sintético, en medio de complejos de edificios. Con formadores que obligan a hacer gambetas. Donde no solo hay caños y sombreritos: donde se aprende el dribbling, a improvisar, y se perfecciona la destreza y la agilidad. Mbappé, que a los 22 años gana cuatro veces más que cuando Messi tenía esa edad, es la estrella de acaso la gran época en relación con la producción de jugadores franceses, en cantidad y calidad. Nacido en 1998, el año del Mundial que ganó Francia en casa, Mbappé tiene otra virtud: es protagonista en los títulos. Argentina lo recuerda: dos goles y una asistencia en los octavos de final de Rusia 2018 ante la Selección.

La bestia y la máquina
Haaland, en cambio, nació en Inglaterra, en 2000, cuando su padre, Alfie, jugaba en Leeds United. Debutó en la segunda división de Noruega, en el Bryne. Pasó al Molde, luego al Salzburgo de Austria y en 2019 recaló en el Borussia Dortmund alemán. Movimientos cortos y seguros para crecer como futbolista. En cuanto a goles, Haaland es todopoderoso. En el Mundial Sub20 de Polonia 2019, convirtió nueve goles en el 12-0 de Noruega a Honduras, máxima goleada en la historia del torneo. En el debut en la Bundesliga, el Dortmund perdía 3-1 ante Augsburg de visitante. Entró al minuto 55: anotó tres en 20 minutos. Su nuevo equipo ganó 5-3. Nunca nadie había hecho tres goles ingresando desde el banco de suplentes en la Bundesliga. Haaland suele responder corto y sencillo, pero «con un aire deliberado de misterio, acompañado de un brillo travieso en sus ojos», escribió el periodista Chris Flanagan en la revista FourFourTwo. No es timidez: es confianza, y un poco de ironía, juegos de palabras que saca del rap. «Soy adicto a los goles –dijo una vez el centrodelantero de 1,94 metros–. Y creo que es una buena adicción».
Que dos jugadores dominaran el fútbol durante más de una década fue totalmente atípico. No hay que esperar el impacto de Messi-Cristiano, los que redefinieron la grandeza. Sí, quizá, una posible explosión del brasileño Neymar, que no termina de llegar. Porque Neymar (29 años), dentro de los jugadores «distintos», es el eslabón perdido, a tal punto que compartió equipo con Messi en el Barcelona y comparte ahora el PSG con Mbappé. «Las presencias imponentes de Mbappé y Haaland fortalecerán una confusión que viene de lejos: creer que el talento se mide y se pesa –avisó Jorge Valdano en El País–. Limitarlo a una expresión física no solo es una estupidez, sino que es una falta de respeto al talento descomunal de estos jóvenes brillantes que, porque llegan arrollando, traen consigo una confusión muy peligrosa». Mbappé y Haaland, la bestia y la máquina, el encanto y el miedo, van a garantizar el espectáculo. Con su fútbol. Ya lo hacen.


Roberto Parrottino