Deportes | SERGIO «OVEJA» HERNÁNDEZ

Marca de básquet

El exentrenador del seleccionado argentino habla de las claves del exitoso ciclo de la Generación Dorada. Sus nuevos proyectos y la vida más allá del deporte.

Experiencia. El entrenador de 58 años condujo al equipo albiceleste a la final del último mundial realizado en China, en 2019.

KALA MORENO PARRA

Sergio «Oveja» Hernández respira básquetbol, pero no pierde su punto de equilibrio. Si trabaja como entrenador, puede que viva su estado de nirvana. Si está en piloto automático -como ahora, mientras recibe a Acción para una entrevista-, sigue la actividad aunque no a tiempo completo. Si descansa, descansa en Necochea, la playa donde pasó buena parte de su infancia en familia. Este verano volvió con su pareja, la jugadora de hockey Noel Barrionuevo. El 1° de febrero comenzará un Campus en Rosario para chicos y chicas de 8 a 19 años. Algo que hace con placer, pero no para tapar períodos de abstinencia con el deporte que ama. Prefiere disfrutar de la vida a los 58 años, sin que se lo devore la vorágine. Una definición de 2018 lo delata: «No soy un obsesivo, lo considero un defecto». Su último club fue el Casademont Zaragoza de la liga española. La eliminación del seleccionado argentino el 8 de agosto pasado en los Juegos Olímpicos de Tokio marcó el cierre de otra etapa. «Oveja», como es conocido, tuvo dos ciclos como entrenador (2005-2010, 2015-2021, y uno como asistente 2012).
–Cuando te retiraste del seleccionado dijiste que siempre ibas a estar a su disposición. ¿A qué te referías? ¿Podrías volver mañana?
–Todos formamos parte de la selección que al final es el último eslabón de la cadena. Desde el chiquito que juega al minibasquet en Tierra del Fuego hasta Ginóbili, Scola o Campazzo. Es tremendo lo que se juega al básquetbol en el país. Porque se trata de un deporte súper bien organizado. Pero más allá de eso, es un deporte federal que se juega desde la escuelita hasta la Liga Nacional. Entonces, todos los que hacemos algo en el básquetbol argentino formamos parte y somos de algún modo responsables del seleccionado o colaboramos con él.
–El equipo tuvo procesos largos con solo tres entrenadores desde 1997 a 2021: Julio Lamas, Rubén Magnano y vos que se alternaron entre sí. ¿A qué se debió esa continuidad?
–Hay etapas en que un loco que dirige la Confederación me elige a mí o a Lamas o a Magnano, pero la selección no es nuestra. Cuando estamos somos gente elegida por alguien, elegida por quien considera que uno puede ser el mejor en ese momento. Hay muchos entrenadores habilitados y capacitados para dirigir a la selección, pero yo creo siempre que uno no se va nunca de ella. Muchos hablan del amor a la camiseta, del compromiso… pero el primer amor es por el básquet.
–Digamos, ¿primero el juego y después la divisa?
–En el básquet hay que hacer todo lo que esté en tus manos por honrar ese deporte como los médicos lo hacen con la medicina, como los abogados con la abogacía o con las leyes. Para mí es mucho más que un juego, un trabajo, un pasatiempo, una competencia.
–Siempre se le atribuyó un valor supremo a la Liga Nacional, como si fuera la piedra filosofal de nuestro básquetbol, ¿por qué?
–Claro, porque el ideólogo de todo eso fue León Najnudel hace ya más de 40 años. Después hay gente que dice: «No fue solamente León». Había más, seguramente, pero el ideólogo fue León. Él llevó esa bandera por todo el país, lo recorrió y no era como ahora que te subís a una cuatro por cuatro. No, él iba como podía con su mapa y justamente lo que decía era: «Vamos muchachos, tenemos buena madera». Si queremos que el básquet explote y que la selección pase a ser fuerte, en los torneos argentinos se tiene que jugar todo el tiempo durante diez meses. Eso es la Liga Nacional, que para mí es la mayor revolución. Aunque ahora está baja, porque en algún momento se la llevó de 16 a 20 equipos y fue un daño al nivel del juego. Nosotros no tenemos tanta cantidad de jugadores.
–¿Percibís que sucede algo parecido en la organización de otros deportes con tanta nitidez?
–Tan organizado, no, porque así como está por ciudades, por provincias, también está por clubes. Tenemos Liga Nacional, categorías U13, U15, U17, U19, Torneo Pre Federal, torneo Federal que ya son profesionales, semiprofesionales…
–¿En qué andás hoy? ¿Qué vas a hacer? ¿Hay algún proyecto de trabajo que te seduzca?
–Primero y principal, yo sigo siendo entrenador de básquetbol inactivo, sin equipo, porque estuve en Zaragoza y me fui, me vine un mes antes de terminar el torneo por la pandemia. Después dejé la selección. Voy a continuar un largo tiempo como entrenador, así que pronto me verán dirigiendo algún equipo. Y después, mientras tanto, haré un montón de cosas que tienen que ver con la tarea. Por ejemplo, cuando te convocan a una clínica para una empresa, para una charla de coaching o ahora que estoy en ESPN haciendo con Leo Montero algunos partidos de la NBA como comentarista, ya no como invitado, sino bajo contrato.
–Con más tiempo libre, como ahora, ¿te dedicás a alguna otra actividad no vinculada al básquetbol?
–Yo entro y salgo de un montón de cosas. En España se me dio por incursionar un poco en el mindfulness. Estaba solo y medio rayado con todo el tema de la pandemia y me encantó. Es el tema este de la meditación para buscar el aquí y ahora, esa es la ley del mindfulness. Yo creo que todos vivimos muy acelerados, con muchos proyectos y eso hace que no podamos disfrutar, vivir lo que estás viviendo.
–¿Y alguna otra cosa te atrae?
–Me di cuenta de que de viejo tengo que hacer cosas para decirme: «Ok, está bien que uno proyecte, está bien que uno avance en la vida, pero el para qué estoy haciendo las cosas, es clave». Me dio resultado contactar a una mujer y lamentablemente fue todo virtual, pero descubrí una maestra que me ayuda muchísimo. Hago terapia y descubrir la terapia en los últimos años fue buenísimo. Con la pandemia me volqué a la caminata como actividad. Más allá de ir a trotar, porque cuando se autorizó salir a caminar, me parecía que era Forest Gump.
–Y en el plano afectivo, ¿cómo atravesaste la pandemia?
–No la pasé bien. Digamos, estoy en pareja con Noel Barrionuevo (exjugadora de las Leonas) hace unos cuantos años, desde el 2017, con la que me llevo súper bien. Cuando yo la conocí jugaba en el club Ciudad. Noel era la goleadora histórica de las Leonas. Es una grosa. Estaba en un momento que entrenaba todos los días doble turno hacía 15 años.
–¿Qué te queda de la Generación dorada, de la experiencia con el mejor equipo argentino de la historia?
–La generación dorada como tal terminó hace mucho tiempo. El último vestigio que quedaba fue el 2016 en Río, cuando jugaron Manu (Ginóbili), Chapu (Nocioni), Carlitos (Delfino) y Luis (Scola). A partir de ahí quedó Scola solo y lo demás fue absolutamente nuevo. Así y todo, se llegó a la final del mundo. Después tuvimos un Juego Olímpico malo en resultados y creo que en juego también. Hicimos los deberes con Japón, jugamos bien, aunque en realidad no debería ser medida. Pero los demás partidos estuvimos muy por debajo del nivel esperado con el mismo equipo que había jugado la final del Mundial. Parecía que cuando se retiraran Ginóbili, Nocioni… habría un agujero negro y no solo no pasó, sino que se jugó la final del Mundial meritoriamente, y no fue casualidad.
–¿Te interesa la política deportiva? ¿Aceptarías un cargo en el Estado para volcar tu experiencia?
–Me lo ofrecieron y ya dije que no. Pero no porque crea que no estoy a la altura. Me falta la parte de gestión. Yo puedo contarte la problemática, porque la vivo de adentro, porque veo lo que pasa, pero me parece que llegamos muchos por una cuestión volitiva, aunque sin preparación y no se puede. Yo tengo mucho respeto por la gestión.


Gustavo Veiga